Portada » El famoso caso del muerto resucitado de Plasencia
Cultura

El famoso caso del muerto resucitado de Plasencia

Francos Rodríguez recordó en sus «Memorias de un gacetillero» esta célebre causa que fue seguida con enorme interés en la época

Los hechos habían ocurrido en 1886, unos años antes de que naciera «Blanco y Negro» y más aún de que viera la luz ABC, pero el caso del muerto resucitado de Plasencia fue tan sonado que el exalcalde de Madrid José Francos Rodríguez lo recordó en las famosas «Memorias de un gacetillero» que publicó en este periódico. Aquel asunto fue, según sus palabras, lo que «más traía revueltos a todos los españoles» por aquel entonces.

«Sucedió que en la bella e histórica ciudad extremeña presentóse un hombre que, llamándose Eugenio Santa Olalla, se dijo que era Eustaquio Campo Barrado, perteneciente a una acaudalada familia y difunto, según papeles, desde hacía más de un cuarto de siglo», comenzó a contar el

reputado periodista, que apenas unos años después se convertiría en ministro de Gracia y Justicia.

Nacido en Alcántara en 1839, Eustaquio Campo Barrado era hijo único de Rafael Eusebio García Campo y de María Clotilde Barrado. En Plasencia, donde la familia se había trasladado a vivir, se les creía felices, pero la madre se suicidó años después y el hijo fue perdiendo la razón y acabó ingresado en un manicomio.

El padre, que se había vuelto a casar con una joven de 23 años llamada Francisca Belloso, falleció en 1874 dejando su gran fortuna a la viuda, mientras el hijo no recobrara la razón. Parte de la familia Ayala, descontenta con dicha decisión, quiso sacar a Eustaquio del manicomio, asegurando que no estaba loco y el asunto llegó a los tribunales, que fallaron que el joven continuara ingresado. En 1882 llegó la noticia de que el joven heredero había muerto en su clausura de una fiebre maligna, pero su tutor legal no llegó a ver su cadáver pues cuando llegó ya le habían enterrado. Tres años después falleció su madrastra y el reparto de la herencia se realizó sin incidentes.

Todo hubiera quedado ahí, pero en agosto de 1886, una joven de Plasencia llamada Concha Somera, que había sufrido episodios de enajenación mental, afirmó haber visto a Eustaquio en el manicomio. La familia, una vez se hubo repuesto del soponcio, decidió investigar el asunto y envió a un representante para que acompañara a Somera al sanatorio mental. Éste regresó a Plasencia junto a un hombre, prematuramente viejo, que decía llamarse Eugenio Santa Olalla, que guardaba ciertas similitudes físicas con Eustaquio.

Si en efecto Santa Olalla era Campo, éste podría reclamar sus bienes «y ¿para qué añadir la que armó con tal motivo?», continuó contando Francos Rodríguez. Los vecinos de Plasencia se dividieron entre los que creían en la resurrección de Eustaquio y los incrédulos.

El exalcalde explicó que su amigo Evaristo Pinto Sánchez, ya fallecido cuando escribió estas líneas, tenía un periódico que se llamaba «El Cantón Extremeño» y que se popularizó en España gracias a esta historia «porque la locura de los de Plasencia fue contagiosa y en todas las provincias -de Madrid, ¿para qué hablar?- decíase lo mismo. ¡Que si es el muerto! ¡Que no es el muerto! Y hasta hubo desafíos por las querellas producidas a cuenta de la desaparición del que fue cadáver durante seis lustros».

«Nada tan fecundo para la Prensa como un suceso de folletín, con misterios, audacias e incidentes sobrenaturales», constataba Francos Rodríguez. El caso del muerto resucitado de Plasencia llenó columnas enteras en los diarios. «Si en 1886 tenemos cinematógrafo, la cinta de Campo Barrado habría valido millones», aseguraba el periodista que se preguntaba sin embargo: «De aquello, ¿quién se acuerda ya?»

La vista en la Audiencia atrajo «interés mundial», pues además de corresponsales de Madrid, Barcelona, Valencia o Sevilla, acudieron reporteros franceses e ingleses. «Al fin se convino en que el muerto lo estaba, o, si mejor se quiere, que el vivo no era el muerto, y el melodrama pasó sin dejar rastro», concluyó Francos Rodríguez. El «muerto resucitado» falleció en Cáceres en 1896.

Etiquetas
----