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Cultura

El gran dilema de Venecia: salvar su patrimonio artístico o sacrificarlo por intereses económicos

Cuando se cumple un año de su histórica inundación, el plan del proyecto Moisés tiende a salvar el puerto industrial de Marghera sacrificando el centro histórico, con la plaza de San Marcos y la Basílica

Ha pasado justo un año desde que Venecia fuera inundada por el agua alta que alcanzó 1,87 metros, un nivel superado solo en 1966. Fue en la noche del 12 al 13 de noviembre cuando la ciudad de los canales sufrió la segunda marea más alta de su historia. Parece que hubiera pasado un siglo, porque en los meses siguientes se ha vivido el drama de la Covid-19el confinamiento, la crisis económica y la emergencia sanitaria que aún continúa.

Hace un año se produjo una tormenta perfecta en Venecia, porque se dieron algunas coincidencias: el nivel medio del Adriático fue insólitamente elevado; el fuerte viento del Siroco, con rachas que superaron los 100 kilómetros por hora y

el pico de la marea astronómica sizigia. Todo el centro histórico acabó bajo el agua, con muchas casas y hoteles afectados, con graves daños, incluso en un lugar tan simbólico para la ciudad como es la Basílica de San Marcos, considerada la joya y el corazón de Venecia y declarada patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.

Ante el desastre, todos los venecianos se preguntaron por qué no fue posible activar el Moisés (en italiano MOSE, Módulo Experimental Electromecánico), nombre que se dio al gran proyecto para tutelar a Venecia del agua alta, evocando al profeta que separó las aguas del Mar Rojo para salvar a su pueblo. Hace un año, esa obra faraónica volvió a ser motivo de indignación por parte de los venecianos, porque después de 16 años, con más de 6.000 millones de euros gastados, seguía aún paralizada.

La extraordinaria obra de ingeniería se eternizó en gran medida porque generó una notable corrupción, hasta el punto de suscitar un gran escándalo en el año 2014 por los sobornos que se hicieron a políticos y empresarios. Hubo 35 personas detenidas por corrupción y 100 indagados.

El «milagro» de Moisés

Por fin, después del calvario que han pasado los venecianos (cuando el agua llega a los 105 centímetros, cosa que ocurrió diez veces en el 2019, se inundan las casas del centro histórico), el pasado 3 de octubre Moisés hizo el «milagro». El llamado proyecto MOSE salvó a Venecia por primera vez del agua alta. La plaza de San Marcos y la Basílica, uno de los puntos más bajos de la ciudad, permanecieron secas. Las 78 gigantescas compuertas móviles del Moisés fueron elevadas en una hora y 17 minutos en la desembocadura del Puerto de la Laguna de Venecia. La marea se quedó fuera de la laguna y el agua no llegó a la plaza de San Marcos.

Los venecianos se emocionaron hasta las lágrimas, porque era la primera vez que veían en su vida cómo el agua alta se detenía. Los meteorólogos habían pronosticado que el agua alta llegaría a los 130 centímetros. El 3 de octubre las compuertas se elevaron cuando el agua alcanzó los 70 centímetros.

Pero el sueño de los venecianos de verse libres del agua alta debe esperar, porque desde ahora hasta finales de 2021, fecha en que está prevista la conclusión de todos los trabajos del Moisés, esas 78 compuertas solo se elevarán cuando el agua alcance los 130 centímetros. Esto quiere decir que el 69% de Venecia se verá afectado si el agua no se aproxima a ese umbral, porque las compuertas no se elevarán. En definitiva, los turistas y venecianos tendrán que volver a usar las botas altas cuando el nivel del agua esté bajo los 130 centímetros. Así lo confirma la comisaria del proyecto, la arquitecta Elisabetta Spitz, al diario «Il Gazzettino»: «Sí, todavía habrá que ponerse las botas altas. No podemos intervenir continuamente en una obra que aún está en construcción. Tenemos también que gestionar el Covid, con lo cual no puedo hacer previsiones para 12 meses con tantas incógnitas».

Intereses económicos

De todas formas, no son sencillas las decisiones relacionadas con Venecia, porque en juego está, por una parte, la salvación de un patrimonio histórico artístico único en el mundo; por otra, grandes intereses económicos, como se ha visto con el caso de los grandes cruceros, que son como rascacielos en el mar, que han seguido acercándose hasta Venecia, pasando a pocos metros de la plaza de San Marcos, como monstruos amenazantes.

Estos enormes intereses económicos son bien descritos por «Il Giornale dell’ Arte»: «Los enormes cruceros han tenido toda la publicidad, pero la seria presión económica en realidad proviene de la parte del puerto de Venecia en Marghera en la orilla de la laguna. Tiene una gran influencia política porque, con el puerto de cruceros en Venecia y un puerto más pequeño en Chioggia, es el octavo más grande de Italia, conectado estratégicamente por ferrocarril y carretera, emplea a 21.175 personas e involucra a 1.260 empresas, según estadísticas de la autoridad portuaria. Representa el 27% de la economía del municipio de Venecia, y tiene cuatro veces más votantes que el centro histórico veneciano».

No en vano, Luigi Brugnaro, el alcalde de «los negocios primero», fue reelegido en las elecciones de septiembre. El problema para los barcos que se dirigen al puerto se producirá cuando con agua alta se levanten las compuertas del Moisés. En ese caso, los barcos deben estar detenidos durante horas fuera de la laguna por las barreras. Esto no es del agrado de la autoridad portuaria, porque alguien tiene que pagar si una nave se demora en desembarcar su carga, generalmente el fletador o, en el caso de los graneleros –los que transportan carga a granel–, el propietario del cargamento.

«De cualquier manera, es probable que un puerto que cause retrasos pierda negocios, de ahí la oposición a las barreras del Moisés por parte de la autoridad portuaria», afirma «Il Giornale dell’Arte».

De ahí que el plan a largo plazo sea el de finalmente elevar las barreras cuando el agua alta llegue a 110 centímetros. La razón oficial de ese umbral es que reduce la cantidad de tiempo que la laguna estará aislada del mar y, por lo tanto, la acumulación de contaminación, pero las barreras deberán cerrarse cada vez con mayor frecuencia en cualquier caso, debido a que el nivel del mar está subiendo a causa del calentamiento global.

Las consecuencias, según la misma fuente, serían el sacrificar, frente a los intereses comerciales, la parte más baja de la ciudad incluyendo San Marcos y la Basílica, ya que para protegerlas las barreras del Moisés deberían elevarse cuando el agua alta llega de 80 a 85 centímetros. En 2018, esta zona se vio afectada 121 veces por el agua alta que llegó hasta los 110 centímetros, por lo que los administradores de la basílica de San Marcos están considerando qué medidas especiales pueden idear para proteger este patrimonio universal.

En definitiva, la utilización de las 78 compuertas planteará de inmediato problemas económicos y políticos. De ahí que Alberto Scotti, el ingeniero que diseñó las barreras del Moisés y ha seguido su construcción desde el principio, considera que es hora de que se acaben los intereses particulares y que los políticos tengan una visión de futuro: «Las autoridades deben reconocer que los días del puerto comercial dentro de la laguna están contados y debe trasladarse a Monfalcone, un puerto del noreste de Venecia cerca de Trieste, y en el futuro solo pequeños barcos entrarán en la laguna».

Un estatuto especial

Cada día son más las voces que se alzan pidiendo un estatuto administrativo especial para la ciudad. Por ejemplo, Tom Spencer, especialista en costas y profesor en la Universidad de Cambridge y estudioso de la laguna de Venecia, asegura que con el fin de prepararse para el aumento del nivel del mar, Venecia y el Gobierno italiano podrían considerar mirar el enfoque de la Agencia de Medio Ambiente del Reino Unido, que gestiona la barrera del Támesis que protege Londres, y está planificando para 2100. La Agencia ya está colaborando con las principales ciudades con barrera, como San Petersburgo y Rotterdam.

En definitiva, los venecianos asistieron con gran emoción en el mes de octubre al milagro de ver seca la plaza de San Marcos, a pesar del agua alta. Fue solo el comienzo, el camino del Moisés y sus secuencias será un proceso largo. Lo difícil aún está por llegar.

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