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Cultura

El retrato de Churchill que su viuda condenó a la hoguera

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Mónica ArrizabalagaABC

La noticia de la destrucción de la obra del pintor Graham Sutherland causó indignación en 1978

«De los autos de fe practicados en tiempos del III Reich contra los libros heterodoxos no se había registrado otro caso tan espectacular de destrucción de una obra cultural como la ordenada por la viuda de Churchill», escribió en 1978 el corresponsal de ABC en Londres Alfonso Barra, dando cuenta del descubrimiento del día en la capital británica. Lady Churchill había ordenado destruir un retrato al óleo del estadista que había sido pintado por el admirado artista británico Graham Sutherland.

La pintura le fue regalada en vida a Churchill por el Parlamento británico por su ochenta aniversario y no era ningún secreto que a sir Winston no le agradó, aunque en la solemne ceremonia de su entrega el

30 de noviembre de 1954, en el hall de Westminster, dijera: «El retrato es un ejemplo del arte moderno y combina el vigor con la ingenuidad».

Winston Churchill, acompañado de su esposa, a su llegada a un hotel de Barcelona+ info
Winston Churchill, acompañado de su esposa, a su llegada a un hotel de Barcelona – Josep Brangulí

Al parecer, Winston manifestó desde el primer momento su «más profundo pesar» por la imagen. Unos contaban que al ver la obra finalizada estrechó la mano al artista y le dijo: «No estamos de acuerdo en cuestiones de arte, pero seguiremos siendo buenos amigos». Otros aseguraban que el lienzo rompió la profunda y entrañable relación entre la familia del político y la del artista.

En el momento en que Sutherland le retrató, Churchill atravesaba por problemas en su partido y el pintor quiso reflejar la realidad. Le presentó «sentado, con traje de ceremonia -chaqueta negra y pantalón a rayas- con aire fondón y gesto de “bulldog” desconfiado y envejecido», señaló Barba en su crónica.

El cuadro estuvo expuesto en Hyde Park Gate en los primeros días de diciembre y a mediados de ese mismo mes, en Buckingham Palace. Después fue llevado al domicilio del político en Chartwell. Al año siguiente fue estudiado por especialistas en Londres y en esa primavera estuvo en casa de la señora Elsbeth Juda para que le hiciera unas fotografías antes de ser embalado y arrojado al sótano de Chartwell.

La esposa e hija de Churchill, doña Clementina Hozier y la señora de Cristopher Sonmes a su llegada al aeropuerto de Barajas en 1950+ info
La esposa e hija de Churchill, doña Clementina Hozier y la señora de Cristopher Sonmes a su llegada al aeropuerto de Barajas en 1950 – Manuel Sanz Bermejo

Según contó ABC, en octubre de 1955, a los once meses de vida del cuadro, lady Churchill tomó la decisión de acabar con él y con sus propias manos lo destrozó ante la complacencia de un miembro de la familia y del fiel empleado de la casa Ted Hiles, que es quien reveló estos hechos en 1978 al “Sunday Telegraph” y quien posteriomente quemó los restos siguiendo las órdenes de Clementina Churchill.

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La destrucción del retrato se había producido 23 años antes, pero no se descubrió hasta la muerte de la viuda de Churchill. Por entonces circularon muchas fotografías en blanco y negro, hasta que “The Sunday Times” publicó una en color realizada por el famoso fotógrafo norteamericano Larry Burrows para la revista “Life”.

Sutherland, que por entonces tenía 74 años y vivía en Francia, calificó la decisión de lady Churchill de «vandalismo artístico sin precedentes en la Historia». Había cobrado por él mil libras con carácter simbólico aunque se estimaba que su valor en 1978 se elevaba a unos quince millones de pesetas.

«El problema planteado -subrayaba el corresponsal de ABC- es importante: ¿Debe el retratado soportar toda la vida y legar a la posteridad una obra que le provoca lumbago mental?».

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