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Cultura

José María Pou: «Tengo la sensación de que ya está, ya he cumplido»

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Julio BravoABC

El actor protagoniza en el Teatro de La Latina «Viejo amigo Cicerón», un texto de Ernesto Caballero dirigido por Mario Gas

Con los años, se ha ido apoderando de José María Pou una calma cardenalicia que se trasluce en la nobleza de su gesto, en las vetas amargas de su voz o en sus andares reposados. También en sus palabras. «Tengo la sensación -confiesa-… ¡Uf! ¿Cómo se lo diría?… De que ya está, de que ya he cumplido. De que hay otra gente que debe hacer otras cosas, y que a lo mejor puedo estar impidiendo que lo hagan. No quiero decir que sea un estorbo. Pero tengo esa sensación; me doy por satisfecho con lo que he hecho, no quiero más. Y siento que hay unas generaciones nuevas de actores, nuevos estilos, nuevos textos y nuevos directores que necesitan

que les dejemos espacio libre… Hay compañeros míos que me regañan cuando lo digo, pero yo puedo estar a las seis de la tarde en mi casa y no sentir la necesidad de ir al teatro. Tengo montones de viajes que hacer, de libros que leer, y hasta algunos que escribir. Tengo muchas cosas que hacer que me llenarían tanto o más que lo que ya ha hecho».

Por suerte para los muchos seguidores del actor, esa necesidad de descanso que proclama José María Pou es todavía un horizonte futuro. Su presente, hoy, es una función de teatro estrenada en el Festival de Mérida de 2019 y que, tras una gira, se acomoda ahora en el Teatro de La Latina: «Viejo amigo Cicerón». Ernesto Caballero es el autor del texto, y Mario Gas dirige a Pou, a Alejandro Bordanove y a Maria Cirici. «Pretérita mutare non possumus, sed futura providere debemus: No podemos cambiar el pasado, pero debemos prever el futuro», es la idea que empapa esta obra, en la que, a través de la figura del histórico orador romano Marco Tulio Cicerón, se quiere mirar al pasado para entender el presente.

Y el presente de José María Pou -como el de todos- se llama pandemia. Afortunadamente, no ha impedido que la obra haya girado por España antes de recalar en Madrid con una magnífica respuesta. «Como nos ocurrió con «Sócrates» hace unos años, confiábamos en el espectáculo pero pensábamos que quizás, por el momento en el que estábamos, el público estuviera más por un teatro de humor o de evasión. pero no… Yo creí que el público se asustaría de estos grandes nombres, casi esculpidos en piedra, pero me equivoqué. Y me reafirmo en que muchas veces estamos minusvalorando a los espectadores desde el propio teatro. El público está deseoso de reflexionar al mismo tiempo que se entretiene, y de salir transformado en otra persona; el público quiere espectáculos con enjundia».

Ahora más que nunca, a Pou le brota una palabra: agradecimiento. «Llevo muchos años en el escenario, más de cincuenta -tiene 77 años-, y ahora más que nunca se va al teatro, y no es literatura barata, para no sentirse solo. Para saber que uno forma parte de una comunidad. Para emocionarse con otra gente, aunque se esté a dos metros de distancia. En el escenario lo notamos una barbaridad. Se produce con el público una empatía especial y distinta a la de antes de la pandemia. Ahora hay una especie de doble agradecimiento, y se materializa sobre todo en los saludos; los aplausos son más agradecidos, pero es que nosotros también les damos las gracias por seguir confiando en nosotros y seguir viniendo al teatro. Y eso produce una emoción especial».

La pandemia ha hecho, cree el actor, que mucha gente, incluso gente que no lo había hecho nunca, «haya puesto en marcha la máquina de pensar, más allá de las máquinas de sentir y de sufrir; y hay quien ha descubierto que tiene sensibilidad hacia determinados temas y determinadas ideas, y ha descubierto que le preocupan cosas que antes no le preocupaban; en la muerte, por ejemplo. Y viene al teatro en busca de materiales para pensar, para reflexionar. En «Viejo amigo Cicerón» reflexionan sobre los valores de la democracia y su vigencia, sobre las leyes, sobre nuestra clase política… Y lo agradecen muchísimo porque se sienten mejorados. Eso es lo que me gusta del teatro: que el público salga transformado, lleno de algo que no tenía al entrar. Y eso ahora se nota, está a flor de piel».

Devorador de la vida, hay pocas cosas que más le gusten a José María Pou que tomar un avión y viajar a Londres o a Nueva York a ver teatro. La pandemia le ha cortado las alas. «Eso es una de las cosas que echo de menos: mi viaje anual -como mínimo- a Broadway. Yo suelo pasar el mes de agosto entero en Nueva York, y no he podido. Y aunque pudiera viajar, los teatros están cerrados. Eso me tiene muy desesperanzado, y es signo del nivel de gravedad que ha alcanzado lo que estamos viviendo. En Nueva York, con lo que significa la industria, todos los teatros están cerrados desde el 12 de marzo; algo que no pasó ni siquiera durante las dos guerras mundiales».

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