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Cultura

Un misterioso ataque causa daños irreparables en obras de arte milenarias en los museos de Berlín

Al menos 70 piezas de arte y antigüedades insustituibles resultaron perjudicadas. La identidad de los perpetradores sigue siendo una incógnita

A la Isla de los Museos de Berlín solo se accede a través de la venta anticipada de entradas. Los visitantes que tenían una entrada para el 3 de octubre recibieron a primera hora de ese mismo día una notificación en la que eran informados de la cancelación de las visitas por «motivos de seguridad», contrariedad que a nadie extrañó demasiado en estos tiempos de coronavirus. Pero el problema de seguridad era otro. «Uno o más perpetradores desconocidos habían rociado al menos 70 objetos en el Museo de Pérgamo, el Neues Museo, la Alte Nationalgalerie y otros lugares con un líquido aceitoso que ha dejado marcas en sarcófagos egipcios, esculturas de piedra y pinturas del siglo XIX», según confirma ahora la policía. Los daños están todavía en proceso de evaluación pero se puede decir que se trata del «mayor atentado contra obras de arte y antigüedades en la historia de Alemania desde la II Guerra Mundial».

La policía no ha podido aclarar cómo los perpetradores pudieron atacar simultáneamente varios museos ni cómo burlaron los sistemas de seguridad. Dado que los visitantes han de registrarse previamente con su nombre, dirección, número de teléfono y correo electrónico, se está llevando a cabo un rastreo de estos datos e interrogando a todos ellos, en busca de incongruencias o de testimonios de alguna irregularidad o detalle que llamase la atención en los días previos al ataque. Aunque todavía de forma muy preliminar, la policía sigue dos líneas de investigación de acuerdo a la posible motivación: una de ellas vinculada a los movimientos ciudadanos que reprochan el origen colonial de muchas de las obras y otra basada en las teorías difundidas en Alemania por Attila Hildmann, un chef vegano con 100.000 seguidores en las redes sociales y que asegura que el Museo de Pérgamo alberga el «trono de Satanás» y que es el centro de la «escena satánica mundial y criminal del coronavirus».

La noche de los hechos, Alemania celebraba los 30 años de la reunificación, una fiesta nacional. Ese fin de semana Berlín suele estar lleno de turistas, tanto nacionales como internacionales, pero la pandemia mantenía los museos de Berlín prácticamente vacíos.

El líquido aceitoso «ha dejado manchas en los objetos y en algunos de ellos ha causado un efecto corrosivo», dice Markus Farr, portavoz de los museos, que comenta además que «el ataque debió ser perpetrado por varias personas a la vez y durante más de una hora».

Farr justifica que los museos hayan guardado silencio durante dos semanas alegando «motivos tácticos de la investigación». Ni Ministerio de Cultura ni su autoridad supervisoraSPK advirtieron del peligro a otros museos, a pesar de que fueron informados desde el primer momento, lo que ha despertado ya las primeras quejas. La Fundación del Patrimonio Cultural Prusiano y la Oficina de Policía Criminal del Estado de Berlín se limitan a confirmar el ataque a las exposiciones. La Fundación, cuyas estructuras de toma de decisiones acaban de ser duramente criticadas por el Consejo Científico, independiente, y cuyo futuro tendrá que decidirse tan pronto la pandemia lo permita, queda bajo una fuerte presión, mientras que los museos de Berlín han de encajar un duro golpe a su prestigio después de haber estado argumentando, ante las demandas de devolución de bienes culturales de contextos coloniales, supuestos problemas de seguridad en los países africanos a los que no consideraban capaces de garantizar la integridad de las obras.

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