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Cultura

Un siglo de cabalgatas en Madrid: Del reparto en Vespa a los dromedarios de «Lawrence de Arabia»

Marta R. Domingo

La tradición nació en el XIX para alegrar las fiestas a niños pobres, huérfanos y enfermos, de manera benéfica

Al primer lugar al que llegaron los Reyes Magos en Madrid fue a las barriadas más pobres, orfanatos y hospitales donde permanecían ingresados niños enfermos. Montados a caballo, sin carrozas y con un escueto séquito, Sus Majestades regalaban sonrisas a los más humildes obsequiándoles con juguetes de trapo hechos a mano o un puñado de turrón. De estas acciones esporádicas y benéficas de principios del siglo XIX nació una tradición que desde 1953, cuando ya la asumió como propia el Ayuntamiento, ha servido para embarcar a los magos de Oriente en las cabalgatas más inimaginables: sobre el techo de una furgoneta, subidos a una carroza pilotada por varias motos Vespa camufladas de ovejas, en una máquina excavadora o incluso

sobre los dromedarios de «Lawrence de Arabia».

La cabalgata que concluía en el Hospital de San Rafael es una de las primeras de las que las hemerotecas han dejado constancia. También recogen las crónicas de 1910 que una pequeña comitiva partió de la Puerta del Sol para visitar varios asilos. «Desde finales del siglo XIX aparecen registradas en los periódicos las primeras cabalgatas. Había repartos de juguetes en el Palacio de la Prensa, para los hijos de los periodistas, que no debían de ganar mucho dinero. El auge continúa en los años posteriores a la Guerra Civil, aunque durante la Guerra también asociaciones benéficas como la Cruz Roja realizaron repartos a chabolas, cárceles u hospitales», cuenta a ABC el escritor especializado en Madrid, Carlos Osorio. De aquellos primeros años destaca la comitiva que impulsó el literato Ramón Gómez de la Serna, que repartió cuentos infantiles en vez de juguetes en 1935.

No fue hasta 1953 cuando el Ayuntamiento comenzó a hacerse cargo de la cabalgata. Aquella primera edición partió de las Escuelas Pías y concluyó en el Belén expuesto en la plaza de la Villa. El Consistorio no quiso escatimar en nada. Sus Majestades fueron acompañados por un nutrido grupo de pajes, pastores con sus burros y ovejas y la tuna puso la banda sonora junto otras corales y agrupaciones musicales. Escoltando a los Reyes Magos, que iban a caballo, desfilaron también varias cuadrigas romanas y los cuerpos policiales en uniforme de gala.

«El gran auge se produjo a partir de la década de 1960», indica el autor del blog «Caminando por Madrid», que considera que la cabalgata tal y como las conocemos ahora comenzó en 1967, cuando Madrid se inspiró en la que hacía el Ateneo de Sevilla. «La fórmula era pedir el apoyo de los grandes almacenes. Cada uno financiaba una carroza y pedían ayuda a los artistas falleros que sabían transformar un camión en un paisaje o una creación muy diferente», explica Osorio.

Con ese afán por sorprender al público y engalanar las calles, el Ayuntamiento propició que los dromedarios que transportaron a Peter O’Toole por el desierto a llevaran también a los Reyes Magos hasta la cabalgata de Madrid. Tras finalizar el rodaje de «Lawrence de Arabia», en 1962, los productores de la película donaron a Madrid los camellos que aparecieron en la cinta. Algunos de estos animales se ubicaron de La Casa de Fieras, en El Retiro, pero tres de ellos acabaron desfilando por las calles de Madrid con los Magos de Oriente. «El primer y el segundo año, Melchor salió por los aires; después del tercer intento con los dromedarios indomables, decidieron subirlos en carrozas», cuenta Osorio.

Desde Barajas

Las innovaciones tecnologías y artísticas han llevado a introducir trucos circenses en las comitivas, lo que ha dejado a un lado la exhibición de animales. A pesar de la tradición que ha supuesto durante décadas, en 2015, bajo el mandado de Manuela Carmena, fue el primer año que solo desfilaron los caballos de la Policía Municipal. Hasta entonces hubo un tiempo en el que el circo que plantaba su carpa en Madrid en las Navidades ofrecía sus animales para que desfilaran y por la ciudad. Así, los madrileños vieron los elefantes y las cebras del Circo Mundial, rebaños de ovejas junto a pastores, grupos de cetreros portando sus halcones y las ya famosas ocas de «Miguelín», que durante unos años fueron las estrellas de la comitiva.

El viaje de Sus Majestades fue adaptándose a los tiempos, hasta el punto de fotografiarse en todos los medios de transporte posibles como el globo o el helicóptero. También comenzaron a posar en Barajas, tras su llegada a la capital en avión.

Desde sus inicios en los años 50, apenas se mantienen algunas comitivas, como la de la Banda de la Policía Municipal y la presencia de los Bomberos. Con los años, el interés por participar creció y las marcas comerciales llenaron el cortejo hasta convertirlo en un evento casi suyo, sin apenas sentido navideño. Por ello, en 2004 el Ayuntamiento decidió reordenarlo y crear temáticas acordes, para dejar en un segundo plano a los patrocinadores. «El momento más espectacular se da en la época de Ruiz-Gallardón, cuando se destinó mucho dinero a las cabalgatas y se implicó gente del teatro y el cine», valora Osorio. De aquellos años destaca la de 2005, cuando se celebró el bicentenario de Hans Christian Andersen y se tematizó la comitiva con algunos de sus cuentos.

El Covid-19 marcará hoy otro hito para recordar en las hemerotecas. El coronavirus obliga a suspender los desfiles, pero con la magia de Sus Majestades como aliado, los Reyes llegarán a Madrid con todo su esplendor.

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