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Bale, en la grada del Di Stéfano no hay calefacción

Gareth Bale, en la grada del Di Stéfano MARCA

Santiago Siguero

No hace falta ser un lince de la criptografía para descifrar el último mensaje de Gareth Bale. Al galés solo le ha faltado decir eso de “show me the money” que le repetía machacón Cuba Gooding Jr. a Tom Cruise en Jerry Maguire.

Bale se quiere ir de La Finca (del Madrid hace tiempo que se despidió, para decepción de sus fieles, que pese a todo siguen siendo legión) cobrando hasta el último penique de sus dos años de contrato (en euros contantes y sonantes, 34 millonazos) y sin que el Madrid vea un duro por su venta. Se trata de un jugador evidentemente amortizado Gracias una colección de ‘highlights’ incomparable en los grandes escenarios del fútbol mundial entre 2013 y 2018. El Madrid le puso en el foco y el respondió… siempre que su quebradiza salud se lo permitió, que tampoco fue mucho, qué les voy a contar.

Ahora el problema no son sus sóleos de cristal. Ocurre que, desde la traca de Kiev, Bale apenas juega, y cuando lo hace es absolutamente irrelevante, lo que tiene más que ver con su implicación y compromiso, dos factores que marcan las neuronas, que con su musculatura. Dotado de unas condiciones naturales excepcionales, parece que Gareth se ha ‘desenamorado’ del Madrid, por así decirlo, y quizá hasta del fútbol. Incluso pidió no ser convocado ante el City por falta de motivación. Lo que en cualquier otro trabajo sería considerado motivo de despido, pasa casi inadvertido en la burbuja en la que los futbolistas llevan viviendo demasiado tiempo. Siempre, no lo olvidemos, con la complicidad y la connivencia de los clubes.

Bale lleva dos años perdido para la causa madridista. Aliviaremos aquí las referencias al golf y a Gales, por no incurrir en argumentos muy manidos a estas alturas de la película. Casualmente, son los dos mismos años que ahora, además de la carta de libertad (costó 101 millones, recordemos) reclama en modo Calimero desde el calorcito de su selección, el único equipo que puede presumir de contar con él regularmente. Como broma ya está bien, por más que el Madrid pueda acabar pasando por el aro (son casi 70 millones de ahorro en tiempos de pandemia). En cualquier caso, antes que embarrar al club que paga tan generosamente, más le valdría considerarse ya indemnizado según el sentido común, que es el menos común de los sentidos. Si no, le esperan dos bonitos inviernos en la grada del Di Stéfano. Que ahí no ha puesto Florentino todavía calefacción.

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