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El regreso de Miguel Baeza, el mirlo que Raúl no quería perder

Miguel Baeza regresa este sábado al Di Stéfano, el estadio en el que se dio a conocer defendiendo la camiseta del Castilla y de donde se fue hace apenas cuatro meses y medio para firmar por el Celta a cambio de tres millones de euros por el 50% del jugador. Otro mirlo que vuelve al nido como amenaza, otro talento que voló de Valdebebas para hacerse mayor en el fútbol profesional.

La temporada pasada iba como un avión cuando llegó la pandemia. Su crecimiento, Miguelito ya es Baeza, anunciaba movimientos en verano. Hasta marzo sumó nueve goles en el primer proyecto de Raúl en el Castilla, siendo su primera campaña en el filial, pichichi del equipo. Para Raúl era imprescindible, también de cara a la Youth League que se iba a disputar en agosto. Pero el Celta se movió rápido y lo hizo suyo.

La baja de Baeza era un roto para Raúl, no sólo ya para el torneo europeo, sino también de cara a esta temporada. El técnico imaginaba un filial con la zurda, la inteligencia, la clase y el gol de Miguel. Sin embargo, cuando un Primera viene con dinero a por un mirlo, y más en pandemia, había poco que hacer. Así que Raúl, cuando Baeza le comunicó que tenía una oferta del Celta y quería aceptarla, lo acató resignado… y elegante.

Vino a decir a su pupilo que aprovechara la oportunidad, que el salto era muy importante, de un Castilla en Segunda B a todo un histórico como el Celta, y que confiara en sus posibilidades, que no fuera a ser uno más, sino de los mejores. Palabras que calaron en Baeza, aunque por dentro el técnico estuviera mascullando que perdía a uno de esos jugadores que daban un salto de calidad al equipo y al que quería seguir puliendo. Eso sí, el Juvenil no le echó en falta y pudo ser campeón de la Youth, de lo que Miguel se alegró como si hubiera jugado él, especialmente por su amigo Antonio Blanco, cordobeses e inseparables ambos desde empezaron a jugar juntos en 2013.

Intachable en toda su carrera en el Real Madrid (llegó con 12 años desde Córdoba separándose de su familia) y sorprendentemente ausente en las inferiores de la selección, Baeza aterrizó en Vigo sin hacer ruido, mirado de reojo en el vestuario por su perfil de jugador del Castilla, aunque poco tardó en acoplarse, porque Miguel es lo que se ve. Un chaval de 20 años que se ha pasado prácticamente la mitad de su vida lejos de los suyos, centrado en el fútbol, sin lujos ni farándula, todo lo profesional que lo puede (y debe) ser un jugador de Primera.

En su primer año en la elite va entrando sin prisa pero sin pausa en el equipo olívico, ahora enrachado, una titularidad en las últimas siete jornadas, todas con Coudet en el banquillo. Su gol al Granada, el 2-1, fue el punto de partida del invicto celeste (seis encuentros, cinco victorias, un empate). Ha participado en todos los duelos, pero solo contra el Getafe de inicio. En el club están muy satisfechos con su incorporación, seguros de que irá ganando en peso en el equipo con el paso del tiempo. Por lo pronto, apunta a banquillo en el Di Stéfano, pero tendrá minutos y quién sabe si el gol en sus botas, como contra el Barça, cuyo zurdazo se estrelló en el larguero.

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