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Fernando Gago, el Redondo con el que soñaba todo el madridismo y que él nunca quiso ser

Pablo Polo

Fernando Gago ha dicho basta. El chaval que con solo 20 años fichó por el Madrid acaba de anunciar su retirada a los 34 años y una exitosa carrera marcada por las lesiones. En aquel mercado de invierno, el Real Madrid que entonces presidía Ramón Calderón, angustiado por las dudas en el juego y los resultados, apostó por aire fresco con tres chavales jóvenes que venían de Sudamérica para ponerse de golpe y porrazo a las órdenes de Fabio Capello. Marcelo, del Fluminense, Higuaín, de River, y Fernando Gago, de Boca.

De los tres, el más conocido y el que más ilusionaba era el último, por su irresistible comparación con Fernando Redondo. No solo por el físico con ese inconfundible corte de pelo, sino porque Pedja Mijatovic, entonces director deportivo y que había jugado con Redondo, estaba convencido que era el sucesor. Al final, de los tres, el único que saldrá por la puerta grande era el menos esperado por aquel entonces, Marcelo, a la sombra entonces del eterno Roberto Carlos.

Gago no pudo demostrar en el Madrid todo lo que se esperaba. Pese a que las lesiones, el calvario insufrible que ha terminado con su carrera, no se cebaron con él en el Madrid hasta su última campaña, el propio jugador desveló que ya entonces jugaba infiltrado, como en aquella eliminatoria ante el Liverpool. Operado de los dos tendones de aquiles, vestido de blanco ya vio lo que se le venía encima: “Hace 15 años que tengo el dolor ese en los Aquiles. Es por un sobrehueso. Yo jugaba siempre porque me infiltraba. Todo arrancó en un partido de Champions, entre Real Madrid y Liverpool. Me agarró un dolor fortísimo de un sobrehueso que me salía atrás. Al doctor le decía que me infiltrara porque quería jugar. Así estuve un año y entrenaba con un botín dos números más grande. El roce de la sábana me dolía, por eso dormía con el pie fuera de la cama”, confesaba en una entrevista en 2019.

En el Real Madrid Gago estuvo hasta 2011. Se queda sin suda con sus dos primeros años. De los tres refuerzos el que más convenció a Capello fue Higuaín, pero Gago también se hizo sitio. El italiano había apostado por ese doble pivote tan cuestionado Diarra-Emerson, pero el argentino acabó siendo protagonista en la histórica remontada al Barcelona para ganar la Liga formando pareja con el jugador de Mali.

Al año siguiente, Gago se pone a las órdenes de Schuster. También tiene un papel protagonista en la Liga que el alemán gana con solvencia aunque tampoco logra ser el cinco indiscutible del Madrid. Pero suma su segunda Liga y aparece en la histórica foto del pasillo del Barcelona al Real Madrid en el Santiago Bernabéu. Como Capello, el argentino juega con Diarra en el medio. En Boca, el Pintita era el clásico 5 argentino, pero en el Madrid tuvo que amoldarse a los nuevos tiempos y al fútbol europeo donde esa figura ya estaba en vías de extinción.

Al año siguiente, Gago pierde protagonismo, devorado también por el clima convulso deportivo e institucional que vive la Casa Blanca. Calderón echa a Schuster en diciembre y entra Juande Ramos. El Madrid se somete a la dictadura azulgrana y en Champions cae ante el Liverpool con el famoso chorreo de Boluda (4-0), donde Gago recuerda que jugaba aquel año casi siempre infiltrado.

Con la vuelta de Florentino Pérez, la situación de Gago como la de muchos jugadores de la anterior junta no tiene mucho futuro. Han llegado Xabi Alonso y Kaká para la medular y no entra en los planes de Pellegrini éste frena su salida en enero y acaba jugando el último tercio del campeonato para disputarse la Liga con el Barça hasta la última jornada.

Con Mourinho empieza su final en el Real Madrid. Por un lado, porque le llega su primera lesión importante de rodilla que le deja K.O. hasta enero y segundo porque no encaja en los planes del portugués. Sin embargo, el argentino reconoció años después en una entrevista en MARCA que Mou fue el entrenador que más le marcó por su forma de trabajar y llevar los grupos. Apenas aparece, entre lesiones y descartes de Mou, pero sin ser Redondo, él nunca se cansó de decir que siendo su ídolo no se parecían en el juego, se lleva su tercer título con el Madrid con la Copa del Rey y el haber jugado más de cien partidos de blanco pese a llegar con tan solo 20 años al Bernabéu.

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