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Deporte

Un accidente… otra vez

Rubén Jiménez

Hay parejas que a base de accidentes se han sacado el carnet de familia numerosa. Y el Madrid va por ese camino. Lo del Cádiz fue un accidente. Lo del Shakhtar otro. Lo de Mestalla, muy mala suerte. Pero todos conocemos a ese compañero de trabajo que, se siente donde se siente, trabaja lento por culpa del ordenador. A ese estudiante que, sea la asignatura que sea, suspende porque le ha caído en el examen justo el tema que peor llevaba preparado. A ese equipo que ya no es el mismo de antes y tiene ‘accidentes’ cada vez con más frecuencia.

No se pueden jugar todos los partidos como si fueran la final de la Champions, pero el rival se tiene que creer que sí. Y hay alineaciones que le hacen pensar al otro equipo que estás en modo ‘Copa de Primavera’. Al Real Madrid le faltaban en Mestalla tres jugadores que serían titulares si mañana se jugase un título, Carvajal, Casemiro y Hazard, y Zidane dejó a otros dos fuera, Kroos y Mendy. Un mensaje inequívoco de que el entrenador no veía lo de Valencia como un compromiso que fuese a exigir lo mejor de su equipo. Y eso los rivales lo saben leer.

Y el Valencia, que ahora mismo es un equipo sediento, que va por la calle mirando en el cajetín de todas las cabinas de teléfono buscando unos céntimos, se encontró billetes a puñados. La primera media hora del Madrid fue impecable, con Marcelo atacando, Isco dando buenos pases, Modric y Valverde asfixiando a los de Javi Gracia elevando la línea de presión y robando muy arriba, Asensio probando el disparo de lejos, Vinícius tomando buenas decisiones… Más que un partido parecía una confesión, esperando la absolución a todos los pecados pasados.

Pero llegó el 0-1 y al santo Madrid le salieron otra vez cuernos y rabo. Cuando Lucas saltó con el brazo despegado del cuerpo, cometiendo una infracción grave en el código de los laterales y perdiendo puntos del carnet, cuando Courtois paró el penalti y no sirvió de nada, cuando Varane despejó hacia su propia portería y el radar del VAR le cazó, el equipo tiró el mando contra la tele y dijo aquello de “es que esto no funciona, está trucado, el juego lo hacen así para que no ganes”.

La cifras de goles encajados y de goles anotados ya no son accidentes. Son síntomas claros de que algo no funciona. Zidane ya no tiene el equipo que tenía. En el fondo le entiendo, porque cuesta hacerse a la idea. Yo era de los que usaba un lápiz en el colegio hasta que sólo podía manejarlo con dos dedos. Mi madre me compraba lápices nuevos, pero yo seguía con el mismo, aunque fuese imposible escribir así al ritmo que la clase exigía. Y cuando me cambié al boli y dejaba de escribir era capaz de echarle el aliento a la punta durante minutos y de destrozar la tapa del cuaderno intentando revivirlo. Hay que hacerse a la idea, Zizou. La mina del lápiz, la tinta del boli, el fútbol de los jugadores. Todo se agota.

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