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Un capitán del Ejército de EE UU en el balonmano español

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LEON 26/02/20 Tom Donlin , jugador estadounidense de Abanca Ademar

Andrew Donlin, de 28 años, es capitán de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos tras graduarse en 2015 en la academia militar de Colorado. Sin embargo, el pasado verano inició en León una nueva mili a las órdenes del sargento Manolo Cadenas. Esta, de balonmano. El Ademar, uno de los clásicos de este deporte en España, lo fichó en una rocambolesca operación y con unas condiciones inéditas en la Liga Asobal por iniciativa de su entrenador, un viejo zorro de los banquillos, de 65 años, que nunca para quieto.

Cadenas acababa de estrenar su tercera etapa en el club cuando viajó a Perú a los Juegos Panamericanos en calidad de seleccionador argentino. Allí, en los pasillos del hotel de Lima, se cruzó con Donlin, “un armario”, como él lo define, de 2,02 metros y 115 kilos. Lo había visto en la pista y no le había llamado la atención, pero sí su presencia. “Aquí no tenemos gente tan grande, nos falta talento físico. Así que yo, como conozco a todo el mundo, fui a su entrenador, Robert Hedin, un sueco que fue jugador en los noventa, y le pregunté por qué no lo utilizaba más”, relataba el técnico en un local de León hace dos semanas, antes de que el coronavirus congelara la vida y el deporte. “Me respondió que le faltaba mucho por progresar, pero que me lo podía llevar gratis a España. Viendo nuestros presupuestos tan bajos, aproveché la oportunidad y cuatro días después ya estaba aquí”.

Al oficial Drew, como es conocido en el vestuario, le paga todo su país: el sueldo, el alojamiento y demás gastos. Un estatus muy particular para un jugador que se desempeña en la posición de pivote; que empezó en el balonmano a una edad muy tardía, a los 19 años en la academia militar; y que presenta una nacionalidad tan exótica para este deporte como la estadounidense. Es el primero de esta latitud en una Liga Asobal cuyos clubes deben buscar soluciones imaginativas para aliviar sus estrecheces económicas.

Donlin forma parte de un programa del Comité Olímpico de Estados Unidos para colocar a jugadores en campeonatos importantes con el objetivo a largo plazo de elevar el bajo nivel de la selección, a galaxias de la élite. A cambio, se hace cargo de todos los costes y el equipo de destino no pone un euro. Desde Atlanta 96 no disputa unos Juegos, y entonces solo pudo hacerlo como anfitrión. En 2028 volverá a hacerlo en Los Ángeles y, al menos para tratar de competir, ha fichado como director deportivo a una leyenda sueca, Staffan Olsson, y se ha agarrado a este curioso sistema de becas.

De la decena de jugadores que se encuentran en Europa bajo este paraguas, Drew es el mejor situado. La temporada pasada compitió en el filial del Bayern Dormagen, de la Segunda alemana, y esta campaña dio el triple salto al segundo clasificado de la competición española. A él le gustaría continuar, pero el Ejército, donde aspira a ascender a major a medio plazo, puede comprometer su futuro en este plan de desarrollo. “Es mi segundo año y hay una posibilidad de alargar, aunque deben decidir los jefes. Yo me quedaría”, dice entusiasta en un castellano ortopédico. “Es un sueño estar aquí. Estoy aprendiendo mucho con Manolo. Es muy duro, pero me gusta entrenar duro”.

Cadenas confirma la mentalidad castrense y el sentido de la obediencia de este corpachón. “Él se ilusionó mucho y, para mí, que siempre me ha gustado formar, es un reto averiguar si se puede enseñar a jugar a balonmano a edades tan tardías. Si un tío tiene ganas, quiero saber si con eso y un entrenamiento adecuado soy capaz de mejorarlo”, explica el preparador del Ademar León. “Por sus características, nos puede ayudar como pivote y en el centro de la defensa. Y es más fácil adiestrar a alguien en esas posiciones que en otras más específicas. De momento”, admite, “los resultados son bajos, pero hay que darse más tiempo”. En lo que llevamos de curso, acumula dos goles en 17 partidos de Liga.

Donlin, nacido en Minnesota, nunca se había movido en una cancha del 40×20 hasta que entró en la Academia de las Fuerzas Aéreas con 18 años. “El balonmano me gustó porque es una combinación de otros deportes que ya había practicado. Es rápido como el baloncesto, y tiene muchos pases y tiros como el béisbol y el fútbol americano”, señala. Ese fue su estreno, ya mayor de edad, y a partir de ahí fue compitiendo en las ligas nacionales durante su formación militar y, tras graduarse, en su destino de Los Ángeles, donde trabajó “con programas sobre satélites”. En 2016 debutó en la selección y hace dos años se marchó a Alemania en este singular Erasmus que ahora le tiene encantando de la vida en León, de soldado raso, haciendo la instrucción del balonmano. Desde hace unos días, confinado como todos y entrenando en solitario en casa. Ningún drama para un capitán del Ejército de Estados Unidos.

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