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Un Real Madrid-Inter sin gol de Santillana

José Luis Hurtado

Se juega en Valdebebas y sin gente, pero un Real Madrid-Inter es un clásico. El que piense que es un partido sin empaque está en un error. Sería ensuciar la historia. Las rivalidades nacen, crecen y se reproducen. El Inter, los ‘neroazzurri’ -sonaba guay, aunque no supiéramos bien lo que significaba- y el Madrid la sostienen desde hace décadas. No hay una placa que fije el día de su inicio.

Se puede suponer el origen en la final de la Copa de Europa de 1964 jugada en Viena. El Inter dirigido por Helenio Herrera (H.H.) y su lengua venenosa retaba al Madrid con síntomas de decadencia por la edad de Di Stéfano, Puskas y Gento. En la guerrilla psicológica el equipo blanco reservó los mejores hoteles en Viena para que el Inter tuviera problemas de alojamiento. El equipo italiano tiró de chequera y regalaba relojes de oro a la prensa local.

De infierno a infierno

El Inter ganó 3-1, el célebre Helenio se mofaba de los veteranos blancos y el Madrid aguardó a la revancha en la semifinal europea dos años después, todo un aperitivo de los salvajes años 80, el tiempo en el que un Real Madrid-Inter era la definición de la felicidad para la afición madridista. Se escribió un primer capítulo en la semifinal de Copa de Europa de 1981. 2-0 en el Bernabéu y 1-0 en San Siro, denominado Giuseppe Meazza cuando el Inter ejerce de local. Los madridistas tuvieron que salir del césped de uno en uno ante una tormenta perfecta de objetos.

Faltaban las palomitas, el torbellino de hazañas iniciado con aquel inesperado 6-1 al Anderlecht en la UEFA 84-85. Desde ese manicomio, en un deseo oculto, algo macabro e inconfesable, en la periferia madridista se prefería perder en los partidos de ida para que hubiera una remontada. Una derrota por 2-0 se consideraba un buen resultado. El fútbol es un estado de ánimo.

Y ahí reapareció el Inter. Había un sorteo, salían las bolas y se cantaba Inter-Real Madrid ‘con gol de Santillana’, aunque esto se susurraba. Eso se convirtió en una tradición, como el puente de la Constitución o el de mayo. En Milán, en su guarida, era imposible vencer a los dueños de esas camisetas de rayitas. Mejor esperar al Inter en casa a la espera de que se alineasen los santos o Santillana.

El italiano de Juanito

El Bernabéu era una fogata cuando había que recibir al Inter. En el túnel de vestuarios de uno de esos partidos se originó el ’90 minuti son molto longos’ de Juanito en un perfecto italiano de Fuengirola lanzado de rosca como sus faltas.

En los alrededores del estadio la gente chapurreaba nombres de rivales. Daba igual que fueran Bergomi, Brady, Rummenigge, Altobelli, Collovati o Fanna. Los menos puritanos entraban en la grada con el cartel de ‘No pisar el jardín’, que en una salvajada cualquiera habían arrancado unos minutos antes de un parque colindante al Bernabéu.

El que sí pisaba el jardín era Santillana. La afición se agolpaba en El Cachirulo y otros templos de la barra. El aficionado pedía una caña y de tapa servían un gol de Santillana. Lo de menos eran el minuto y el año. Lo hizo en el 81, en el 83, y en las UEFAS del 85 y el 86. Todos sabían que sucedería antes o después. Hay alguna foto histórica en la que el delantero centro aparece colgado del teleférico para ejecutar un melenazo majestuoso.

En una de esas remontadas de UEFA, San José mandó un centro al punto de penalti y Santillana saltó, se suspendió en el aire como si alguien le estuviera sujetando en un saque lateral de rugby y su cabezazo tenso se fue hasta la patilla del poste, imposible de detener para Zenga. Eso era un Real Madrid-Inter, un testarazo de Santillana ante Zenga y un estadio enloquecido.

El reglamento de las remontadas era un puñetazo a la diplomacia. En uno de esos partidos el Inter sacó de centro, a los cinco segundos le llegó el balón a Rummenigge y Chendo, con los pies en plancha, le ‘trancó’ el balón abajo como decían los uruguayos. El alemán quedó bloqueado el resto del partido ante semejante muestra de romanticismo.

Por supuesto había más puntos en el protocolo. Uno de ellos era el de las melés en el área pequeña. En toda remontada es imprescindible meter un gol horrible, feo, de bosque de tibias, en los que el balón vaya despacio hacia la red mientras el contrario levanta los brazos en señal de protesta. Si un rival no hace eso el gol carece de legitimidad de remontada.

Las tanganas

En otro apartado hay que señalar las tanganas, memorables espacios para la confraternización. El futbolista tiene mala memoria para algunas cuestiones, pero para otras es un archivo, como sucede con las patadas.

En los Madrid-Inter quedaba claro muy pronto que Ricardo Gallego y Mandorlini no eran grandes amigos y quedaban para verse en distintas ciudades sin redes sociales por medio. También combatían en materia lingüistica, aunque que el profesor en ese campo era Juanito. Todos tienen suerte de que por entonces no hubiera un lector de labios para revisar las imágenes. El Madrid ganó aquellas dos Copas de la UEFA.

Luego, el Madrid abandonó el torneo de la UEFA porque empezó a ganar Ligas, Rummenigge perdió de vista a Chendo, el Bernabéu olvidó el guión de las remontadas y las rayas de la camiseta del Inter cambiaban cada temporada. El partido se jugará con eco en Valdebebas. Será un clásico de frigorífico que se irá calentando. Y esta vez no marcará Santillana.

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