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Vinicius: el ‘vini’ y el ‘vidi’, pero no el ‘vici’

Maria Artigues Ribas

Desde que Vinicius diera el salto a Europa, se ganara la confianza de Zidane y se convirtiera en uno de los planes a corto y largo plazo del club, su carta de presentación ha sido clara: Tengo mucho para dar, pero no puedo entregarlo todo ahora. 20 años. El brasileño tiene 20 años. Infantiles nosotros si pensábamos que a esa edad ya iba a dar la vuelta a un Real Madrid lejos de su mejor versión.

Vini llegó a Madrid convirtiéndose en la esperanza de muchos y, inevitablemente en un club como éste, en la decepción de otros. Cuestión de expectativas, supongo. Uno ve a un joven con poca experiencia haciendo maravillas dónde otro ve a un chaval con ganas, pero con poca aportación en cuanto a lo que más escasea.

Tampoco hay que culpar a nadie. Las primeras pistas que dio el brasileño en el terreno de juego eran lo suficientemente motivadoras como para esperar todo de él. Se le veía, sencillamente, como un diamante por pulir. Un puzzle sin enmarcar. Un delantero apunto de soplar las velas.

El principal problema es que, desde su llegada, se le asignó una tarea que probablemente todavía no le correspondía. Como quién aterriza en sexto de primaria sin haber pasado por quinto. Algunos incluso le asignaron el rol del mismísimo Julio César: llegar, ver y vencer. Hasta tres cosas se le llegaron a exigir a un recién aterrizado en la plantilla.

Seguro que en la época de Cristiano no se le habría mirado tanto con lupa. Estaría en el banquillo, supongo, charlando con Rodrygo y saliendo en el minuto 70 de partido para seguir aprendiendo de los mejores. Pero las cosas hoy no son así. Vinicius no puede aprender de los mejores. Vinicius tiene que ser uno de ellos. En este club no se andan con tonterías, o Julio César o nada. No hay ’emperaduchos’ que valgan.

El ‘vini’ ya lo tiene

Lo que más fastidia es que el 20 del Madrid tiene cualidades de sobra para llegar a ser lo que aspiran de él. Esta temporada ha demostrado tener el descaro y la personalidad suficientes como para romper los esquemas defensivos del rival; para meterse hasta la cocina del campo contrario. Porque si algo bueno tiene Vinicius es que, para la edad que tiene, no tiene ni una pizca de vergüenza. Todo lo contrario. Es tan sinvergüenza que muchas veces se cuela en área contraria sin ningún tipo de previo aviso. Sin siquiera mirar el timbre. Los defensores no lo ven venir y eso es lo que le ha permitido desestabilizar a la mayoría de contrincantes.

Además, si algo no se le debe reprochar al delantero es que no lo intente. Busca balones, los espera y va a por ellos. Siempre presiona con ganas. Y si no que se lo digan al Shakhtar, equipo contra el que a los 14 segundos de salir ya insistía. Estuvo atento al error del rival, le birló el balón y marcó un gol que lo acabó convirtiendo en el suplente más rápido en anotar en Champions. Por eso el ‘vini’ lo tiene más que dominado. Porque siempre va, viene y lo intenta.

El ‘vidi’, también superado

Otra de las cualidades de un buen delantero es la visión de juego. Vinicius, en ese aspecto, tiene la teoría más que aprendida. A veces lo más complicado es ser capaz de ver ocasiones y encontrar espacios. El brasileño, esto, lo hace fácilSabe perfectamente dónde hacer daño y tiene calculadas las medidas exactas para que su regate o desmarque sirva para adentrarse en tierra del otro y ver de cerca la potería. Luego acaba funcionando o no. Pero para creer primero hay que ver y Vinicius, ver, ve de sobra.

No hay victoria sin goles

Una verdad como un puño. Vinicius no puede ser el Júlio César del Madrid si lo que hace en el campo no sirve para vencer. Esto es lo que pasa cuando a uno le sale rico el pastel pero a éste le falta el ingrediente principal. El Madrid quiso que el ex del Flamengo llegara para llenar los vacíos del club, para encajar las piezas que le faltaban al puzzle madridista. En pocas palabras, para acabar con la sequía goleadora que tantas veces se lo ha hecho pagar caro al equipo.

Por eso Vinicius viene y ve pero nunca llega a vencer, porque todo lo que le sobra de desborde le falta de definición. Los números hablan por sí solos: 3 goles en 7 partidos esta temporada; 5 goles en 38 partidos la pasada. Según un cálculo del año pasado, un tanto cada 29 rematesEl brasileño parecía haber afinado la puntería durante el verano, así se reflejó en los primeros encuentros, pero ser pichichi del Real Madrid a estas alturas no es, ni mucho menos, algo de lo que estar orgulloso, teniendo en cuenta la baja media goleadora del equipo.

Quizás, con un poco de paciencia, todo acabe llegando. No hace falta decir que lo más difícil ya está hecho, pero lo que está claro es que el madridismo necesita con urgencia un delantero determinante y que Vinicius, de momento, no ha conseguido llenar ese vacío. Solo queda confiar en que el aprendiz, batalla a batalla, se irá convirtiendo en un emperador completo y entero. Y rapidito, eso sí. Porque el reloj del Madrid no es muy tolerante con las esperas.

El tiempo corre, Vinicius. Alea iacta est.

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