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Zinedine Zidane se juega algo más que un título en la Supercopa

José Félix Díaz@jfelixdiaz

Un título siempre suma por secundario que pueda llegar a ser. Si no se logra, resta. Una muesca mas en el historial da tranquilidad, pero sobre todo traslada a la papelera fallos recientes, esos que han complicado la pelea por LaLiga como bien sabe Zidane tras los empates cosechados ante Elche y Osasuna.

La Supercopa puede parecer una competición intrascendente. Ernesto Valverde, igual, no piensa lo mismo. Hace un año fue destituido tras caer derrotado por el Atlético de Madrid en la semifinal disputada en Yedah. El formato de la competición creado por los dirigentes de la Federación ha elevado el listón de la exigencia, especialmente para los dos grandes equipos de España.

Real Madrid y Barcelona llegan a la cita andaluza de este año con la necesidad de ganar y, de paso, alejar fantasmas de todo tipo. Athletic y Real Sociedad piensan más en la eterna final copera, pero no desprecian adelantarse un par de meses en eso de levantar una Copa en La Cartuja sevillana.

Ni Ronald Koeman, ni Zinedine Zidane llegan con la urgencia vivida por Valverde doce meses atrás cuando fue cesado al bajarse del avión de regreso a Barcelona, pero lo que si que es cierto es que la exigencia de ambos clubes solo entiende de ganar y esta semana tienen la obligación de conquistar el primer título de la temporada, ese que por lo menos servirá para vivir unos días tranquilos y sin sobresaltos.

Situaciones límite

Zidane ya sabe lo que es vivir situaciones límites durante esta misma temporada. El francés respiró tranquilo tras superar la fase de grupos y lograr el pase a los octavos de final de la Champions League. Momento límite. La positiva respuesta del equipo tanto en Europa como en LaLiga, elevó la moral y la autoestima del grupo, pero como ya es conocido, en el Real Madrid no valen las dudas, las mismas que han despertado los dos últimos partidos disputados lejos de Valdebebas y que han sido un jarro de agua fría para los intereses de todo el madridismo.

El entrenador francés es el primero en conocer la exigencia de su cargo, esa que el Real Madrid lleva pegada a su escudo. Un título, por Supercopa que sea, siempre es una muesca más en el historial y en esta ocasión el interés se ha multiplicado. Lo de ganar todos y cada uno de los partidos en los que el equipo blanco participa, sigue vigente y más cuando se llega tras ver como el título de Liga se ha complicado con los empates ante Elche y Osasuna, dos rivales que parecían al alcance de los madridistas tras los buenos partidos anteriores.

La presencia del Real Madrid en el partido definitivo del domingo en La Cartuja se ha convertido en algo con carácter de obligación. La burbuja creada por Zidane y los suyos parece haberse roto con los empate mencionados y con asuntos alejados del césped y que están pasando factura de una u otra manera sobre el verde.

Desde que se inició 2021, el Real Madrid no logra que lo meramente deportivo sea el eje de su actualidad. Primero las renovaciones no resueltas de Lucas Vázquez y Sergio Ramos y la ya definida de Luka Modric, centraron la atención en los primeros días del año, para después ocupar el primer plano todo lo sucedido con el viaje a Pamplona y el posterior a Málaga, con el enfrentamiento con LaLiga de fondo.

Zidane no quería que nada perturbara el orden que el equipo había logrado y han llegado dos golpes en todo el mentón, que añadidos a los puntos perdidos, han logrado que las dudas vuelvan a aparecer. Al técnico no le gustó lo que pasó alrededor del partido ante Osasuna y lo dijo. Lo pensaba antes del empate y por eso lo dijo. Fue una queja más que una disculpa.

El técnico sabe que no es una Supercopa más, que la cita andaluza debe servir para despejar dudas, crecer en la seguridad perdida y volver a la senda conseguida en el mes de diciembre y que, ahora parece tambalearse un tanto.

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