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Economia

El coronavirus se ceba con las regiones más contaminadas del mundo

  • La letalidad del SARS se duplicó en las regiones más contaminadas de China

  • La polución del aire está ligada a un mayor riesgo de contagio de gripe

  • El italiano Valle del Po es la región más contaminada de Europa

Madrid, Cataluña, Norte de Italia, California, París… Todos estos territorios comparten dos características: el coronavirus se ha expandido entre sus poblaciones ocasionando los mayores brotes mundiales desde su origen en la ciudad china de Wuhan… y la polución domina sus cielos. Más allá del azar, los científicos estudian ahora los factores por los que el virus SARS-CoV-2 parece moverse más rápido y hacer más daño en unos lugares que en otros. Un organismo internacional dio la alarma que a ningún gobierno le interesaba considerar hace dos semanas: el aire contaminado favorece la acción letal del coronavirus. Estos estudios científicos lo apoyan.

La mala calidad del aire perjudica la salud humana. De hecho, 400.000 personas mueren cada año en Europa a causa de la contaminación, según datos oficiales de la UE. Las partículas que componen lo que llamamos polución provocan enfermedades respiratorias. La ciencia ha demostrado sobradamente ambos puntos. Pero, ¿cuál es el papel de la contaminación en pandemias como la que ha provocado la enfermedad de la Covid-19?

Más allá de factores incuestionables como la densidad de la población o la facilidad de transmisión de un virus por su naturaleza -el llamado índice de reproducción, que en el caso del coronavirus es menor que en el SARS de 2003-, la mala calidad del aire está siendo apuntada en los últimos días por científicos y organismos de salud independientes como facilitador del contagio y condicionante de la mortalidad por la Covid-19.

La European Public Health Alliance, un organismo internacional con 25 años de historia formado por ONG, profesionales sanitarios y asociaciones ligadas al estudio de enfermedades, que favorece la coordinación de políticas de protección de salud en el territorio europeo, lanzó hace dos semanas una severa advertencia: las personas que viven en ciudades más contaminadas tienen un mayor riesgo de contraer el coronavirus originado en Wuhan. La organización internacional confirmó, además, que la polución también aumenta el riesgo de mortalidad por la Covid-19. Esto se debe a que las partículas tóxicas del aire provocan hipertensión, diabetes y otras enfermedades respiratorias, claves que los médicos en todo el mundo ya han vinculado a una peor evolución de la patología.

La hipótesis italiana

La polución del aire -compuesta por partículas con restos de metales pesados, hollín, cenizas, cementos, carbono, dióxidos de azufre y de nitrógeno, entre otros- actúa en dos sentidos en relación a los virus. En primer lugar, configura un factor de riesgo porque vuelve a las personas más vulnerables a las enfermedades respiratorias al dañar sus sistemas respiratorios. Y, en segundo lugar, las partículas tóxicas podrían articularse en un vector o vehículo de transmisión del virus.

Esta última hipótesis ha sido puesta en valor por Greenpeace Italia y los autores de diversos estudios que relacionan la contaminación con la incidencia de los patógenos apuntan a que requiere de una investigación más profunda y necesaria. Por el momento, sí ha sido demostrado que otros compuestos químicos como los hidrocarburos policíclicos, que se encuentran en el petróleo, carbón y alquitrán, puedan servir de vehículos para los virus.

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El profesor Leonardo Setti, especialista en química molecular en la Universidad de Bologna ha sido el último en apuntar esta hipótesis en una investigación reciente volcada en cómo se comportó el coronavirus en Italia durante su etapa de estallido. Setti señala en sus conclusiones que, entre el 10 y el 29 de febrero, la alta concentración de partículas contaminantes en provincias del norte de Italia actuaron como revulsivo para la propagación de la epidemia de un modo que no fue observado en los mismos días en otras zonas del país que también tenían casos de coronavirus.

Teniendo en cuenta este factor, no parece casualidad que Milán y otros municipios del norte italiano hayan sido en los que mayor impacto ha tenido el virus de procedencia animal. El Valle del Po es la región más contaminada de Europa según los mapas de la EEA (European Environment Agency), y a finales de febrero de 2019 llegó a superar el límite de polución aconsejado para todo el año. Entre las regiones menos golpeadas por el coronavirus en Italia, por contra, se cuentan Calabria, Basilicata o el Valle d’Aosta, que coinciden con los registros de aire más limpio y con menor actividad industrial, según Greenpeace Italia.

SARS, el espejo al que mirar al coronavirus

Para entender hasta qué punto puede la contaminación del aire estar favoreciendo la peligrosidad del coronavirus resulta esencial considerar el estudio publicado en noviembre de 2003 de la incidencia del SARS en las regiones más contaminadas de China. El virus del SARS, la penúltima epidemia respiratoria que provocó la muerte de más de 700 personas en el país asiático, comparte el 80% de material genético con el SARS-CoV-2, nuestro tristemente famoso coronavirus, por lo que es tomado como referencia por los científicos para acercarse al comportamiento del nuevo patógeno.

Científicos estadounidenses y chinos (investigadores de la Universidad de California y de Jiangsu Provincial Center for Disease Control, respectivamente) analizaron cinco regiones de China con un cifra relevante de casos de SARS y concluyeron que el riesgo de muerte por este patógeno se elevaba sensiblemente en las zonas con peor calidad del aire. En concreto, su estudio demostró que el riesgo de mortalidad aumentaba por esta enfermedad respiratoria aumentaba un 84% en el caso de pacientes de regiones con un nivel moderado de polución, y se duplicaba en zonas de alta contaminación.

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En octubre de 2019, una investigación ubicada en la ciudad china de Jinan, con una población similar a la de Madrid, demostró que las partículas tóxicas del aire incrementaban el riesgo de padecer gripe. Tras recoger registros de contaminantes en el aire y casos de gripe durante los años 2016-2017, los científicos concluyeron que los días de mayor polución, el riesgo de contagiarse de este virus era mayor. Las materias que más favorecían esta relación fueron las conocidas como PM10 y PM2,5 (difieren en el tamaño, pero están compuestas por restos de metales pesados, hollín, cenizas o cementos), el monóxido de carbono y el dióxido de azufre.

En 2010, otra investigación desarrollada en Hongkong también vinculó la polución con los virus causantes de enfermedades respiratorias. “Las partículas de polución del aire y los virus como el de la gripe pueden ser sinérgicos”, constataron sus autores, para recomendar mayores estudios sobre los mecanismos en los que esta interacción tenía lugar. Lo que sí corroboraron fue ese efecto de interacción entre la contaminación aérea y la acción de la gripe ligada a un mayor riesgo de hospitalización por enfermedad respiratoria.

“Bajando los niveles de polución del aire ayudaremos a los más vulnerables a luchar contra la Covid-19 y contra cualquier pandemia futura”, asegura Sara De Matteis, miembro de la European Respiratory Society y profesora de Medicina Medioambiental en la universidad italiana de Cagliari. De Matteis se incluye en la corriente de científicos que señalan este factor como fundamental para entender la actual pandemia y que, sin embargo, se está invisibilizando por las repercusiones que tiene en la actividad económica mundial.

Sunset Boulevar de Hollywood

El norte de Italia es solo la casilla de salida para dirigir la vista hacia otros puntos calientes de la Covid-19. En EEUU, Nueva York y Nueva Jersey se alzan con la mayor concentración de casos, más de 130.000, y son las zonas de mayor contaminación del país, junto con California. Este último estado aglutina 10 de las 15 ciudades con aire de peor calidad del país, y está en segunda posición en la incidencia de coronavirus, con casi 11.000 casos a fecha de hoy.

En España, Madrid y Cataluña son las regiones más contaminadas por su alta industrialización. Tanto la capital del país como Barcelona han sobrepasado en la última década los límites recomendados de partículas tóxicas en el aire y no ha sido hasta los últimos dos años cuando se están tratando de implementar políticas que bajen las emisiones contaminantes.

En Francia, las dos regiones más afectadas por el contagio de Covid-19, la de París y el Gran Este coinciden con las dos más industrializadas del país.

El confinamiento, por otra parte, ha tenido como efecto colateral un descenso histórico de la polución en el aire de las ciudades y regiones más afectadas. También en el norte de Italia, país con más muertos del mundo por la pandemia. Y, sin embargo, como recuerda Sascha Marschang, la secretaria general de la European Public Health Alliance, ya es tarde: “El aire ahora está más limpio en Italia, pero el daño ya está hecho a la salud de las personas y a su capacidad de luchar contra la infección”.

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Marschang ha denunciado que los gobiernos han priorizado la economía frente a la salud, y no han atajado el mal de la calidad del aire. “Cuando acabe esta crisis, los políticos deberían acelerar las medidas para sacar los coches contaminantes de nuestras carreteras. La ciencia asegura que epidemias como la de la Covid-19 volverán a ocurrir y cada vez con más frecuencia”, advierte. La siguiente cuestión será si nos quedará memoria, cuando pase esta crisis de consecuencias aún impredecibles, para no volver a tropezar en los mismos errores. La historia suele contradecir esta esperanza.
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