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El Covid desata una revolución corporativa entre las empresas francesas

La obsesión francesa por tener “campeones nacionales” en el mundo empresarial se ha visto reforzada con la pandemia del Covid-19, que está desatando una oleada de movimientos corporativos y batallas por el control en varias de las principales compañías galas.

Por un lado, Veolia y el fondo Ardian se están disputando la compra de la participación de Engie en el grupo de distribución de aguas y residuos Suez.

En el consejo de la empresa de medios Lagardère se vive una intensa lucha por el control del consejo: a un lado está Arnaud Lagardère con el apoyo de Bernard Arnault; al otro figuran Vincent Bolloré (Vivendi), Amber Capital y un fondo de Qatar.

El propio Arnault afronta una dura batalla legal en Estados Unidos al haber retirado la oferta de compra que su grupo LVMH había presentado para tomar el control de Tiffany. El temor a que el impacto del coronavirus en esta empresa neoyorquina arrastre al grupo francés de lujo (dueño entre otras marcas de la española Loewe) explica la marcha atrás.

El fabricante de trenes Alstom está completando la adquisición del negocio de ferrocarril de Bombardier, después de que Bruselas vetara el año pasado su fusión con Siemens. Mientras, Bouygues acaba de vender un 4,8% de su participación en Alstom.

El inversor Patrick Drahi ha lanzado una oferta pública de adquisición (opa) de 2.500 millones para comprar la participación que no controla en el hólding de telecomunicaciones Altice.

En el mundo financiero, hay rumores de que Crédit Agricole podría intentar la compra de alguna entidad italiana como BPM o Creval. Euronext, dueño de la Bolsa de París, negocia comprar Borsa Italiana.

El gigante petrolero Total ha anunciado un plan estratégico que contempla inversiones masivas en energías renovables, incluyendo en España.

El grupo Vinci está negociando la adquisición de Cobra, división industrial de ACS, por 5.200 millones.

Y PSA (grupo automovilístico detrás de Peugeot) ha acordado retocar los términos de su fusión con Fiat Chrysler (FCA) para que el nuevo grupo tenga más liquidez ante el Covid.

Según datos de Refinitiv, el valor de las adquisiciones de empresas francesas anunciadas en los nueve primeros meses de 2020 ascendió a 78.728 millones de euros, un 55% más que en el mismo periodo del año anterior. Esta subida contrasta con una caída del 21% de las operaciones a nivel global en ese periodo.

El trasfondo de todos estos movimientos es la respuesta de las grandes empresas francesas a la crisis. La unión de Veolia y Suez crearía un gigante del sector medioambiental, por ejemplo. El Gobierno galo ha ayudado a LVMH en el plantón a Tiffany. La lucha en Lagardère se explica por la búsqueda de un plan de salvación de este grupo en apuros. Vinci parecía destinado a comprar Aéroports de Paris (ADP) en caso de privatizarse. El impacto de la crisis en el tráfico aéreo ha hecho que la constructora opte por reforzarse en el área industrial con Cobra. “Vinci está bien capitalizado y quiere hacer crecer su división de energía, ya que la visibilidad y disponibilidad de acuerdos en infraestructuras es baja dada la actual distorsión en el transporte”, señala Patrick Creuset, analista de Goldman Sachs.

No solo el Covid explica el interés galo por impulsar sus empresas. Ya antes de la enfermedad, el presidente Emmanuel Macron venía clamando por una mayor consolidación francesa y europea para hacer frente a los rivales chinos y al nuevo proteccionismo estadounidense. El veto de la Comisión Europa a la alianza ferroviaria Alstom-Siemens provocó el enfado del Ejecutivo galo, que ha encontrado en las turbulencias del coronavirus la excusa perfecta para retomar sus planes.

En este contexto de fuerte supervisión regulatoria (el Estado galo sigue participando en Orange, Engie y Renault, por ejemplo), puede sorprender la existencia de algunas disputas como las de Suez y Lagardère.

Pero el mercado francés siempre ha vivido peleas internas. Ejemplo es la histórica rivalidad entre Bernard Arnault y François Pinault (del grupo Kering). O la batalla que mantuvo Total en los años noventa para adquirir Elf. Eso sí, al final suele ser el Gobierno galo el que decide.

NUEVA OFENSIVA GALA EN EL MERCADO ESPAÑOL

La avenida de las grandes inversiones empresariales que enlaza España y Francia es prácticamente unidireccional. Mientras muchas de las compañías galas tienen una presencia significativa en el mercado español (Orange, Suez, Engie, Total y LVMH son prueba de ello), apenas hay firmas del Ibex 35 con activos de relevancia en el territorio francés (Colonial y Cellnex son las que tienen más peso relativo en ese mercado).

Según datos del Ministerio español de Industria, la inversión bruta acumulada de las firmas galas en España ascendía al final de junio a 38.242 millones de euros. Esta cantidad puede crecer de forma considerable con la oferta realizada por Vinci para comprar la división industrial de ACS por 5.200 millones de euros, y con los planes de Total para ampliar sus activos de energías renovables en España.

Además, el inversor que se haga con el control de Suez en la actual batalla corporativa (Veolia o el fondo Ardian) también dará un gran salto en España al hacerse con el control indirecto de Aguas de Barcelona (Agbar). Veolia ya cuenta con diversos contratos de servicios en el país. Ardian, que fue accionista de la Compañía Logística de Hidrocarburos (CLH), tiene ahora plantas renovables con 700 megavatios en España y el 50% de un tramo de la carretera M-45.

El principal inversor francés en España sigue siendo Orange. La antigua France Telecom pagó 10.600 millones por Amena en 2005, y hace cuatro años se hizo con Jazztel por 3.400 millones.

Total en su día fue el accionista de referencia de la petrolera Cepsa, pero salió de su capital en 2011. Este año, la compañía energética gala se ha hecho con el negocio de comercialización en España de EDP y varios proyectos renovables.

Por el lado español, ha habido varios intentos de asaltar el mercado francés. Uno de ellos fue el de Sacyr, cuando en la época de Luis del Rivero trató de tomar el control de la constructora Eiffage de manera hostil, sin éxito. Acabó vendiendo el 33% que llegó a acumular en el capital del grupo galo.

En el mundo energético, Endesa logró una cabeza de puente en Francia en 2004, al hacerse con el control de la generadora eléctrica Snet. Pero tras la guerra de opas sobre la firma española, ese negocio pasó a E.ON.

Ahora, Iberdrola tiene proyectos eólicos en el país. Inmobiliaria Colonial, por su parte, controla la promotora francesa SFL desde 2018. Cellnex ha cerrado varios acuerdos para alcanzar unas 10.000 torres móviles en el país.

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