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Economia

El debilitamiento del consenso en el BCE plantea un reto diplomático para Lagarde

La presidenta del BCE, Christine Lagarde. Bloomberg News EXPANSIÓN

MARTIN ARNOLD

La fijación de Lagarde con la unidad puede dificultar la interpretación de su estilo de comunicación.

En la rueda de prensa de su debut como presidenta del Banco Central Europeo el pasado diciembre, Christine Lagarde prometió aportar su “propio estilo” al cargo, y que las decisiones que tomase su batallador equipo de legisladores “se tomarían con el mayor consenso posible”.

Es una promesa que ha cumplido -pero las crecientes evidencias de que se está rompiendo el consenso sugieren que en los próximos meses harán falta sus dotes diplomáticas, cuando el BCE trate de conducir a la eurozona de una recesión histórica hacia la recuperación-.

Casi un año después de asumir el cargo, Lagarde ha establecido una estrategia de liderazgo mucho más cooperativa que su predecesor Mario Draghi. Un miembro del consejo de gobierno del BCE explica que Draghi “lideraba desde la vanguardia”, mientras que Lagarde prefiere “liderar desde la retaguardia”.

El cambio parece responder a los arrebatos de furia de otros miembros del consejo tras las últimas medidas de relajación aprobadas por Draghi el año pasado, y reflejar la habilidad de Lagarde para convencer a las salas de juntas de que se pongan de acuerdo sobre una decisión.

Lagarde advirtió al Parlamento Europeo la semana pasada que “no estaba excesivamente preocupada” por las opiniones discrepantes entre los miembros del consejo.

“No fomento las grandes discrepancias, pero pienso que la discrepancia y el debate entre los miembros del consejo ejecutivo son sanos”, declaró. “Creo que lo importante es que una vez que se haya tomado una decisión y una vez que se haya establecido una mayoría, es una cuestión de mantener el rumbo y de permanecer unidos en ese momento”.

La fijación de Lagarde con la unidad puede dificultar interpretar su estilo de comunicación. Draghi a menudo indicaba anticipadamente sus intenciones y contaba con su capacidad para imponer su aprobación en el consejo pese a la oposición de unos pocos miembros.

En cambio, Lagarde tiende a quedarse en un punto intermedio. Esto puede desconcertar a los inversores, como sucedió justo al inicio de la crisis del coronavirus en marzo cuando la presidenta declaró que la función del BCE no era reducir el diferencial entre los bonos italianos y los alemanes -provocando fuertes ventas en los mercados de deuda de los países periféricos-.

También causó revuelo entre los inversores el mes pasado al restarle importancia a la preocupación por la revalorización del euro y el riesgo de deflación.

En ambos casos, el economista jefe del BCE, Philip Lane publicó a continuación un informe detallado en un blog que los economistas y los inversores interpretaron como un intento de afinar las declaraciones de Lagarde. Algunos de sus críticos vieron en ello una evidencia de su falta de experiencia en política monetaria, o de formación en economía.

Pero Draghi ha explicado en privado a sus amigos que la asociación entre Lagarde y Lane está dando el resultado previsto: la presidenta hace lo que mejor se le da para crear un consenso, y el economista jefe la respalda con su experiencia técnica.

En los primeros días de la crisis del coronavirus, cuando los confinamientos de los gobiernos congelaron gran parte de la economía y la precipitaron hacia una recesión récord en la postguerra, Lagarde pidió al consejo del BCE la unanimidad sobre su plan de compra de bonos de emergencia por 750.000 millones de euros.

Cuando posteriormente expandió el plan de emergencia a 1,35 billones de euros unos pocos meses después, hubo inicialmente algunas voces de disensión en el consejo de gobierno sobre el tamaño del incremento. Pero, a medida que desaparezcan las peores consecuencias económicas de la pandemia, y que el BCE progrese con su revisión estratégica, es probable que las habilidades de consenso de Lagarde se sometan a una dura prueba.

En los últimos días, altos legisladores del BCE han entablado batallas verbales sobre si la debilidad de la recuperación económica merece más medidas de relajación monetaria por parte del Banco Central, o si son los gobiernos los que deberían aplicar más estímulos fiscales frente a ella.

El miembro del consejo ejecutivo del BCE Fabio Panetta -del bando a favor de un mayor relajación- advierte que cuando la eurozona afronta “un considerable sesgo bajista” los riesgos que plantea “una sobrerreacción política son mucho menores que los riesgos que plantea una política demasiado lenta y tímida”

Pero su compañero en el consejo Yves Mersch responde afirmando que “nada apunta a un mayor deterioro, y menos en el frente de los precios y la producción”. Y añade despectivamente: “Por supuesto que a los mercados les gusta que compremos todo lo que tienen”.

Algunos analistas creen que la harmonía que ha intentado crear Lagarde se está desintegrando. Carsten Brzeski, un economista de ING, señala: “Ante este conflicto lo primero que me pregunto es qué sucedió con la misión de Lagarde de reforzar el espíritu de equipo en el BCE y de mantener las disensiones de puertas para adentro”.

Dada la recuperación más rápida en países del Norte como Alemania que en estados del Sur como España, podrían surgir tensiones entre los 25 miembros del consejo de Gobierno del BCE, formado por 19 gobernadores de bancos centrales nacionales y seis consejeros ejecutivos.

Jens Weidmann, el presidente del Bundesbank de Alemania y uno de los miembros más duros del consejo del BCE, advirtió recientemente a los gobiernos que los tipos de interés no se mantendrían bajos para siempre, y señaló que la política monetaria tendría que “normalizarse” una vez que termine la crisis.

Sin embargo, es difícil que los halcones del BCE puedan mostrar una oposición seria a relajar más las medidas, dado que la eurozona se sumió aún más en la deflación en septiembre. Lagarde advirtió la semana pasada que probablemente no salga de ella en varios meses.

“Por el momento no tiene mucho sentido poner objeciones si la inflación es negativa”, explica un segundo miembro del consejo. “Cuando eso cambie y la inflación empiece a subir de nuevo, llegará la verdadera prueba para la capacidad de Christine de crear consenso”.

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