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Economia

Fin del ladrillo y cero emisiones: el plan que las constructoras presentarán a De la Rocha

María Vega

Entre 2008 y 2012, el estallido de la burbuja inmobiliaria frozó el trasvase de muchos jóvenes trabajadores de la construcción a otros sectores con más empleo, como la hostelería o el turismo.

Han pasado 12 años y el sector del ‘ladrillo‘ ya no es lo que era. Hasta el punto de que ese calificativo ha dejado de tener sentido. En este tiempo, las constructoras han comenzado a trabajar con otros materiales más punteros e incluso con otros sistemas constructivos que están llegando tarde a España, pero se están imponiendo, como la industrialización.

El sector quiere dejar atrás la imagen del obrero construyendo una casa ladrillo a ladrillo. Ahora, es posible acortar plazos con grandes paneles que llegan de fábrica a la obra. Un sistema constructivo más sostenible y digitalizado. Algo que encaja a la perfección dentro del programa de fondos de la Unión Europea que Pedro Sánchez presentó la semana pasada.

La construcción llegó a dar empleo en España a 2,2 millones de personas. Ahora, antes de la pandemia, empleaba a entre 1,2 y 1,3 millones de trabajadores. Hay así cerca de un millón de personas que podrían volver si se reciclan para un nuevo tiempo.

Si se aprovechan los fondos de la UE y el Gobierno impulsara la compra de viviendas, los promotores creen que sería posible crear 430.000 empleos en el corto plazo. Una cifra que se asienta en pasar de iniciar 106.000 unidades de casas nuevas al año a entre 170.000 y 180.000 unidades.

Lo primero no se pone en duda. Parece claro que la oficina que coordinará el actual director de Asuntos Económicos de la Oficina del presidente, Manuel de la Rocha, hará todo lo posible para ejecutar hasta el último euro de ese plan de ayudas.

Lo segundo, se da por perdido. Desde Transportes y Agenda Urbana, José Luis Ábalos ya ha transmitido al sector que se olvide de un Gobierno fomentando la compra de vivienda en España. Y más, mientras el partido de Pablo Iglesias sea su compañero de viaje en esta coalición.

Consciente del terreno en el que juega, Juan Antonio Díaz Pintado (presidente de Asprima) quiere hacer de la industrialización una bandera complementaria a la rehabilitación de edificios para sacar más provecho de los fondos europeos.

Cuenta para ello con el apoyo de Santiago Fernández Valbuena y David Martinez (AEDAS),  Saïd Hejal y Bertrand Perrodo (Kronos Homes) o Borja García-Egotxeaga Vergara (Neinor Homes), entre otros.

Con la arquitectura BIM será posible levantar una vivienda o fábrica en España en 2D y hacerlo con inversión de esos fondos europeos. Si todo va bien, el siguiente paso en el futuro lo marcará el 3D.

Nada que ver con el ladrillo de antaño que muchos seguimos asociando a un pasado de excesos empresariales financiados por la banca que desembocó en la crisis de 2008.

Construir en 2D es posible y encaja mejor que las cementeras en el ideario que promueve Teresa Ribera. Sin embargo, falta mano de obra cualificada para ello.

Es necesario reciclar a los trabajadores que abandonaron el sector e incluso a muchos que siguen trabajando en obras para que aprendan a construir con estos nuevos parámetros.

En un momento en el que el turismo mantiene a más de medio millón de personas en ERTE por fuerza mayor y a otros tantos en el SEPE, parece una oportunidad clara subirse a este barco. Para eso están las Políticas Activas de Empleo en las que España gasta miles de millones al año con un suspenso rotundo.

De nuevo las ayudas europeas abren una oportunidad a España con los fondos que lleguen para la formación y reciclaje de trabajadores, en los que La Moncloa ya ha puesto la mirada como uno de los pilares sobre los que actuar.

También en presidencia se ha hablado mucho estos días de rehabilitación. Y el sector de la construcción cuenta con un plan y un proyecto que compartirá con De la Rocha para aprovechar ese tirón.

Si los coches contaminan, peor son los edificios en invierno. Solo entre el 2% y 3% de las viviendas en España tienen una calificación energética alta.

El año pasado se pidieron licencias para hacer 28.000 reformas. Casi ninguna abordó la calificación energética. Se quedaron en cambiar el plato de ducha y renovar los azulejos.

Sánchez está siguiendo de cerca la oportunidad de la rehabilitación. Quiere que de aquí a 2030 se rehabiliten 1,2 millones de viviendas para bajar las emisiones de los edificios en un 80%. Es decir, hace falta coger una velocidad de crucero de 130.000 viviendas anuales para alcanzar esa meta.

Dinero hay. Falta mano de obra cualificada (para una rehabilitación energética ya no sirve la cuadrilla de las ñapas, hay que profesionalizar la obra).

Cuando se desplomó la construcción en España, muchos fondos internacionales -que algunos llamaron buitres– aterrizaron aquí en busca de oportunidades.

En estos años, el sector se ha profesionalizado en la gestión. Pero no sobre el terreno, donde las políticas activas de empleo no han sabido repescar a muchos trabajadores que quedaron en situación de paro de larga duración.

Reconvertir ese empleo parece una hoja de ruta clara contra el paro. Es posible que no dé para los 800.000 empleos que prometió Sánchez a los españoles en esta legislatura. Pero el viejo motor económico de España está marcando un camino y ahora lo hace con un combustible no contaminante.

ATENTOS A…

La antigua cúpula de Siemens Gamesa va encontrando acomodo en nuevos proyectos empresariales, mientras la empresa de aerogeneradores ha tomado un nuevo rumbo ya sin la participación de Iberdrola.

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