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Gianni D’Angelo, una edición única

Representante de los mejores años de la prensa europea (italiana y española), fue el ideólogo de la alianza que, en 1991, fortaleció el diario ‘El Mundo’ como consejero delegado de RCS Periodici.

Doce y media. Rápidamente el tiempo/
pasó desde las nueve, cuando encendí mi lámpara/
y me senté aquí. Estoy sentado/
sin hablar o leer. ¿A quién podría hablar/
en la casa desierta?…

Giovanni D’Angelo (Nápoles, 26 de enero de 1945) vivió de lleno cada etapa de su vida. Como se le supone a un napolitano, cierto. Aunque, al contrario que lo que cuentan las películas italianas y del bullicio con que uno se puede imaginar el edificio del 28 de la via Solferino de Milán, sede del Corriere, la Gazzetta y todas las revistas y publicaciones del grupo editorial RCS, este hombre grande no iba dando palmadas socarronas a sus chicos. No gastaba ademanes ruidosos. Se sabía rodear de los mejores, aunque era un solitario; el trabajo era fundamental en su vida, y lo vivía con pasión… para compartir los frutos.

Hijo de un suboficial de la Marina Militar Italiana, D’Angelo se graduó en ingeniería química, pero siempre había cultivado su pasión por la filosofía y las letras. Desde las nueve, del poeta griego Kostantino Kavafis, era su poema favorito. Y lo definía ahora, a sus 75 años, después de una vida completa y exitosa. El tiempo pasado, la obra magna y el legado de un matrimonio y tres hijos… el éxito profesional del sur al norte, desde Italia hasta Europa y Asia… la pasión mediterránea por siempre en Creta -donde descansarán sus cenizas- y el descubrimiento de la vida con amigos en Monte Estoril los últimos años.

“Recuerda que no conseguirás hacerlo todo solo, ni siendo un fenómeno: pon a tu lado gente buena y conseguirás mucho más”. Ésta era una de las máximas de Gianni D’Angelo, quien siempre trabajó un poco más que los demás, y siempre repasó los números otra vez. Pero, sobre todo, siempre siempre buscó a los mejores, atendió las llamadas correctas, creó valor y disfrutó de su obra. Vaya si la disfrutó.

Después de unos años trabajando en la americana Mobil Oil y en SME (Società Meridionale Elettricità) fue llamado desde via Solferino en 1978, por sus éxitos como gestor empresarial. Cuando asumió el cargo de vicedirector general de prensa diaria, Italia era un país con barricadas en las calles y periodistas asesinados a manos de las Brigadas Rojas.

Contaba D’Angelo que la pasión editorial le nació después, tras frecuentar a grandes periodistas. Y a uno entre todos, Gino Palumbo, director de Gazzetta dello Sport, de quien confesaba haber aprendido muchísimo de lo que llegó a saber en el negocio.

Llegó a ser consejero delegado de RCS Periodici (Revistas) y por sus venas corría la cuatricromía de las revistas y la expansión internacional del imperio editorial milanés. Pero quienes mejor lo conocieron describen a D’Angelo como la persona más generosa que ha pasado por sus vidas.

Y probablemente fue esa mezcla de gran hombre de negocios y vividor la que lo hizo encajar tan bien en el mundo de la prensa. De algún modo, estaba predestinado a gobernar la mejor ola, aquel tsunami de beneficios y grandeza que fue la prensa de los 80 y los 90 en Italia. Y en España.

En sus años de editor, siempre tuvo claro que la cuenta de resultados era importante, pero que la “misión” periodística era fundamental

Porque fue este napolitano visionario quien, en 1991, supo ver no sólo un negocio rentable, sino una aventura maravillosa en la apuesta de unos locos españoles que, con más arrojo que apoyos, habían llevado a los quioscos una nueva cabecera un par de años antes, en 1989.

Pedro J. RamírezBalbino FragaJuan Tomás de Salas y Juan González, fundadores de El Mundo, buscaban un socio que pusiera los cimientos que le faltaban a aquel templo del periodismo libre y desafiante. El periódico había nacido rápido y crecía acelerado, pero necesitaba músculo para poder resistir los embates del poder. Y Gianni, que buscaba oportunidades por Europa para la expansión del imperio editorial italiano, lo vio claro tras concertar una cita con (el ya histórico) Víctor de la Serna a través de un abogado.

“Es poco atractivo lo seguro, en el riesgo está la esperanza”, había dejado escrito el romano Tácito en el primer número de aquel diario… y tras entrevistarse con los cuatro fundadores, D’Angelo hizo suyo el lema pilotando una operación cuyas condiciones parecieron aún más arriesgadas que las del lanzamiento: RCS adquiría el 45% de Unedisa pero blindaba a los españoles en la gestión y en la dirección durante década y media.

Pocos lo saben, pero tiempo después, ya entrado el siglo XXI y ante las primeras maniobras en la oscuridad de los despachos de la cuarta planta de Pradillo para moverle la silla a Pedro J., fue Gianni D’Angelo quien las desactivó. También fue un hombre leal.

En sus años de editor, siempre tuvo claro que la cuenta de resultados era importante, pero que la “misión” periodística era fundamental. “Para hacer las cosas muy bien, nunca hay que hacer nada incorrecto. Sólo hay que trabajar mucho y ser muy bueno”, así recordaba, ya retirado y entre platos, sus años al frente de la editora… siempre fue un apasionado de los buenos vinos y de la buena mesa.

En aquella época en que ser directivo de RCS era lo más parecido a ser ministro -o mejor, porque en Italia la política nunca fue estable ni los políticos tan exitosos-, Gianni había encontrado en Kefalás (Creta) su refugio personal. Un amigo le descubrió una propiedad junto al mar, y ésta se convirtió en su pasión.

Tras la jubilación, Gianni repartió su vida entre Grecia y Portugal -donde estableció su residencia hace un lustro y descubrió, por fin, lo bonito que es tener tiempo para los amigos- pasando por Madrid, donde viven sus nietos Camila y Nicolò. Pero este napolitano que triunfó en Milán y expandió el negocio editorial por medio mundo siempre volvía a Creta.

A la isla griega escapaba cada verano y allí hacía largas estancias, sentado a la mesa, siempre generosa, con una copa de vino y libros. Compartiendo el atardecer de su vida de edición única junto a su exmujer, Solange, preparando las visitas de Fabrizio y Ludovica, sus hijos mayores, o arreglando la verja con el (ya no tan) pequeño, Massimo. Allí descansarán sus cenizas, entre las rocas y el salitre, para que siga pasando el tiempo.

…La imagen de mi cuerpo joven vino/
y me trajo también memorias tristes:/
las penas familiares, los adioses,/
los sentimientos de los míos,/
los sentimientos de los muertos/
apenas atendidos./

Doce y media. Cómo pasan las horas./
Doce y media. Cómo pasan los años.

*** Giovanni D’Angelo, editor de prensa y revistas, nació en Nápoles, el 26 de enero de 1945 y murió en Monte Estoril el 6 de enero de 2021.

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