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Economia

Halal, un filón semioculto para la empresa española

La certificación de los productos que cumplen con la ley islámica abre la puerta a un mercado de 1.600 millones de personas

La industria de los productos y servicios halal vive una realidad paralela al resto de sectores. En 2019, los musulmanes gastaron 2,5 billones de dólares en alimentación y bebidas, lo que representa un 21,2% de todo el gasto mundial en alimentación y bebidas, según la consultora Dinar Standard. Además, desde que comenzara la crisis sanitaria ha crecido un 3,4%. Son cifras que confirman que los productos que cumplen con los requisitos de la sharía o ley islámica son una oportunidad enorme, en la que las empresas españolas tienen aún mucho margen de mejora.

Y eso que algunos mercados ya están consolidados. Los países que compran productos halal a España no tienen industria agroalimentaria fuerte, por lo que, por ejemplo, Argelia y Marruecos dependen mucho del producto «de calidad» español. «En temas de cárnicos una vez por semana sale hacia Argelia un contenedor, por lo que estas empresas no han parado durante la pandemia», declaran desde el Instituto Halal, una de las certificadoras más importantes que cuenta con 450 empresas adheridas, el 80% españolas.

Fue en la crisis de 2008, según Antonio de Diego, portavoz del Instituto Halal, cuando hubo «un despegue considerable de compañías españolas a las que esta certificación les abrió un nuevo horizonte de exportación a un mercado de más de 1.600 millones de musulmanes –25 millones en Europa– donde solo se pueden vender productos que cuenten con el certificado halal. Ahora, con la crisis del coronavirus, y según Javier Albarracín, director de la consultora Barcelona Halal Services, se están revalorizando los mercados de proximidad. Y el primer círculo de internacionalización, para España, es «bastante musulmán», por lo que cree que las entidades van a intentar intensificar su presencia en mercados próximos con este tipo de consumidores».

Es precisamente en Oriente Medio y en el norte de África donde más opera Fini Golosinas, empresa afincada en Murcia y que ha apostado por ampliar su público de la mano de la innovación. «Convertimos en éxitos de ventas productos dirigidos a todo tipo de consumidores que puedan parecer minoritarios», aseguran fuentes de la empresa, que cuenta con más de 400 referencias de golosinas halal en más de 20 países.

«Una realidad compleja»

Pero en España, el halal «es una realidad compleja», reconoce De Diego. El mercado interno está formado por dos millones de musulmanes y somos productores de más de 2.500 productos. Sin embargo, al ser una población de primera generación, según De Diego, no es «todavía lo suficientemente potente» como para que las empresas se adapten a un consumidor musulmán en España. Es ahora cuando la situación está comenzando a cambiar. «Los hijos de esa primera generación están empezando a demandar los productos permitidos por la sharía», explican desde el instituto Halal, que sitúa el cambio de tendencia en el momento en el que cadenas como Mercadona se interesaron por estos productos, sobre todo en Melilla.

Lo cierto es que, aunque desde Fini Golosinas también ven que en el mercado español la demanda de estos productos es «creciente y con cada vez más importancia», la situación sigue siendo complicada. Falta un canal de distribución que haga llegar los productos a todo el público. «Nuestras empresas exportan a medio mundo pero la comunidad musulmana española solo tiene la carne fresca y un máximo de 20-30 productos», afirma. Esto contrasta con la situación de Francia, donde no hay una certificadora «tan potente» como en España pero sí tienen un canal de distribución debido a la alta demanda que hay de estos artículos. Y es que en otros países europeos el mercado halal está «mucho más normalizado, extendido e integrado en las pautas de consumo» al haber ya un segmento de población de segunda y tercera generación musulmana y de clase media que demanda este tipo de productos.

Financiación halal

Ahora bien, no es solo la alimentación, sino que el islam también regula cuestiones tan concretas como puede ser pedir un préstamo hipotecario. En este sentido, un musulmán no puede contratar, por ejemplo, un préstamo que genere intereses. Pero en España, a diferencia de Inglaterra, Francia o Alemania, no hay una banca islámica que ofrezca soluciones de financiación a este sector de la población, aunque el abogado y experto en esta materia, José Antonio Rodríguez, cree que se acabará creando. Para ello, y según apunta, lo primero que habría que hacer es replantearse algunos aspectos de la normativa fiscal y registral para dar cabida a este tipo de estructuras.

Y es que actualmente, para no violar la normativa islámica, lo que se hace, por ejemplo, a la hora de comprar un coche es que es el banco quien lo compra y, a continuación, se lo vende al particular con un diferencial de precio. Pero para evitar «este riesgo que corre la entidad» y facilitar la compra a estas personas, el experto asegura que lo que habría que hacer, siguiendo el ejemplo de Reino Unido, es no modificar la ley sino fundamentalmente interpretar la norma de una determinada forma favorable para hacer posible este tipo de estructuras o fondos islámicos. «Hay que atender no tanto a la forma de las operaciones sino al contenido de las mismas y a lo que las partes pretenden conseguir con estas operaciones».

Además, este tipo de estructuras financieras no solo son para que una persona se pueda comprar un coche respetando la sharía sino que sirven también para financiar, entre otras cosas, la construcción de un puerto en un país islámico. «Son tremendas infraestructuras donde un banco occidental, que no actúe bajo parámetros halal, no podrá participar de manera principal si el gobierno exige que determinados concursos públicos se estructuren con financiación islámica», apunta Rodríguez.

Por ello, destaca que es un sector económico de «una enorme y creciente importancia» por el que países como Luxemburgo, Reino Unido, Alemania o Francia han incluido modificaciones normativas para hacer posible este tipo de operaciones. «En España siempre se habla de la relación privilegiada con los países árabes pero estamos en el furgón de cola a pesar de que el Banco de España ha reconocido lo importante que sería promover este sector financiero», denuncia Rodríguez, que ve que ayudaría a satisfacer las necesidades de los musulmanes y abriría la economía española a todas las inversiones.

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