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Helena Rivero: “Una bodega no te hace rico, pero sí feliz”

La relación entre el Jerez y la familia de Helena Rivero hunde sus raíces en 1650, cuando se fundó CZ, histórica bodega que acabó en manos de Carbonell. Su padre, incansable emprendedor, fundó para resarcirse Tradición, donde maridan historia, arte y vino.

Cuando Joaquín Rivero, expresidente de Metrovacesa, falleció en 2016 dejó dos legados de los que hoy es heredera su hija, Helena Rivero (Sevilla, 1970): una de las mayores colecciones privadas de arte compuesta fundamentalmente por obras de los siglos XV a XIX, entre ellas algunas de pintores tan destacados como Goya, Zurbarán, Velázquez, Murillo o El Greco, y Tradición, una bodega de Jerez de la Frontera en la que parece haberse detenido el tiempo. Amante del arte, Rivero confiesa que su actual pasión por el vino fue tardía y que llegó impuesta. “Entré en la bodega para ponerme al frente de la colección de arte, un tema que sí domino y que marida muy bien con el vino. Empecé a probarlo como consumidora, pero reconozco que al principio me costaba mucho diferenciar entre oloroso y amontillado. Mi padre me dijo que tenía que ponerme las pilas y aprender porque algún día me tocaría dirigir la compañía y me puse a ello. Lo que no tenía previsto era que fuera a morirse tan pronto y que efectivamente yo tendría que asumir la responsabilidad de dirigir la empresa”, reconoce Rivero, que pertenece a una familia que lleva el vino en sus genes desde 1650.

Es imposible resumir en una entrevista como ésta casi cinco siglos de historia. Por poner en situación a los lectores, su familia es bodeguera desde 1650 cuando se fundó CZ, empresa que fue vendida a Carbonell en 1978 en contra de su abuelo, uno de los accionistas. Su padre se propuso retomar ese negocio y fundó en 1998 Bodegas Tradición. Hoy usted preside dicha compañía. ¿Regalo envenenado?
Pedro Alonso Cabeza de Aranda y Zarco fundó la bodega en 1650 y ya en 1771, gracias a la calidad de sus vinos, fue nombrada proveedora de la Casa Real británica. Mi familia está vinculada a este mundo, al menos, desde esa fecha y habría sido una pena no aprovechar ese conocimiento. Por eso, tras perder la bodega y vivir el momento más complicado de la historia de mi familia, mi padre fundó Bodegas Tradición, con la idea de recuperar no sólo la forma tradicional de hacer los vinos de Jerez, sino también la tradición familiar.
Su abuelo fue testigo de ese duro momento, pero no lo pudo maridar con las cosas buenas que vinieron después.
El accionariado de la bodega estaba dividido en muchas familias, pero a ninguna le interesaba realmente el negocio. De hecho, muchas perdieron sus acciones en favor de los bancos. Mi abuelo era el único que peleaba por la bodega y fue muy duro para él que la mayoría decidiera vender a Carbonell. Él no se rindió y siguió pleiteando durante diez años, pero no consiguió nada. Cuando todo estaba perdido le dio un infarto y se murió. No recuerdo de pequeña que se hablara de vino en casa, quizá porque mi padre no quería recordar todo eso. Es muy duro ver cómo sufre la gente a la que quieres.
Si hay algún negocio que se plantea a largo plazo ése es el del vino, especialmente el del Jerez. ¿Sabía su padre que el mejor envejecimiento lo disfrutaría usted?
Sí, él era muy consciente de los riesgos del vino de Jerez, pero también de lo bonito que es este mundo. Fue un pionero que recuperó antiguos estilos y formas de crianza y embotellado por los que fue reconocido el vino de Jerez en el siglo XIX como el mejor del mundo y que, poco a poco, se fueron perdiendo porque las bodegas querían ganar dinero rápido. La rentabilidad en Jerez hay que verla a largo plazo y el que busque otra cosa se equivoca de negocio. Hemos pasado de más de 300 bodegas en Jerez a las poco más de 60 que existen en la actualidad. Es un patrimonio que España no se puede permitir el lujo de perder y es esperanzador que ahora los consumidores muestren más interés por lo que estamos haciendo.
¿Qué puede hacer el sector del vino de Jerez para recuperar ese tiempo perdido?
Es comprometido decirlo, pero hay que subir los precios y poner en valor nuestro producto. Es excepcional, pasa mucho tiempo en bodega hasta que sale al mercado y el tiempo es dinero -por poner un ejemplo, la bodega guarda 56.993 litros de palo cortado y solo comercializa 1.650 litros al año-.
Ser hija única ha facilitado la transición en la propiedad de la bodega. ¿Ha sido una ventaja?
Me he ahorrado problemas accionariales, uno de los grandes males que sufrió mi familia en el pasado, pero también he tenido que asumir la dirección de la empresa sola y sin ser experta en este mundo. Tengo muchos primos trabajando en la bodega que me están ayudando y les agradezco que compartan el espíritu familiar de este proyecto. No se entiende si miras una hoja Excel cómo nos mantenemos en la bodega, pero es la historia de la familia la que te da fuerzas. Compro vinos hoy que sé que no voy a probar en mi vida y mi padre me ayudó a entender esta forma de trabajar en la que se perpetúa un estilo, una calidad que no puedes viciar (Bodegas Tradición sólo elabora vinos VOR y VORS, caracterizados por una vejez en madera de más de 20 y 30 años).
¿Cree que sus tres hijos también entenderán este concepto?
No hay nada que le guste más a un niño que hacer algo propio de mayor. Por eso cuando les he dejado meter el dedo en una copa y probar el vino se ha creado una vinculación muy especial entre ellos. No sé qué pasara en el futuro porque son jóvenes y no quiero que se sientan obligados a nada, pero sí me gustaría que el esfuerzo que hemos hecho hasta ahora no sea en balde. En una bodega, concretamente en Jerez, no te haces rico, pero estoy segura de que serán felices.
¿Cómo está siendo la añada del Covid?
Tener el vino un año más en barrica a nosotros no nos perjudica, al contrario, al vino le viene bien, pero estamos sufriendo mucho por la hostelería y por el trato que está recibiendo el sector.
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