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Economia

La paradoja del empleo sanitario: por qué en plena pandemia se destruyen 15.000 puestos de trabajo

Eduardo Ortega 

Los analistas recuerdan la caída de cotizantes es muy inferior a la de 2019 y que si no aumentan es por la precariedad de la oferta laboral.

La creación de empleo, tras el duro golpe sufrido por la Covid-19, se recupera poco a poco a poco. Los cotizantes a la Seguridad Social aumentaron por sexto mes consecutivo en octubre. Sin embargo, hubo una paradójica excepción. Las actividades sanitarias y de servicios sociales perdieron 15.341 afiliados, una caída de casi un punto porcentual.

Se trata de un dato extraño teniendo en cuenta que los trabajadores sanitarios se han convertido en uno de los recursos más buscados en la España pandémica. Como ya ha contado, el déficit de médicos en este 2020 es de unos 11.100 profesionales, mientras que en el caso de Enfermería la escasez es todavía más elevada: hacen falta 87.000 enfermeras.

De hecho, las comunidades autónomas claman por medidas que les permitan contratar a profesionales extranjeros. Si la demanda es tan alta, ¿cómo es posible que el sector sanitario haya perdido cotizantes a la Seguridad Social?

Valentín Bote, director de Randstad Research, explica a Invertia que “lo que sucede con este personal es que tiene una estacionalidad típica. En verano, el personal de esas características se refuerza en zonas turísticas para atender a los cientos de miles de visitantes que suelen llegar”.

Es decir, que se trata de cotizantes vacacionales. Así, en los meses de septiembre y octubre se observa “la reversión de estos datos, que no quiere decir una disminución de los cotizantes respecto a primavera”, añade Bote.

De hecho, como consecuencia de que ha habido mucho menos turismo del previsto, ha habido mucho menos empleo estacional sanitario. Por tanto, se da la paradoja de que en octubre de 2019 la caída de cotizantes sanitarios fue mucho más elevada, de 36.000 personas. Además, “habría que ver con detalle los datos, algo que ahora no es posible, para saber qué tipo de profesionales sanitarios y sociales se han visto afectados”.

Desde los sindicatos de médicos y enfermeras tienen claras las causas de la caída de cotizantes sanitarias a pesar de la alta demanda de profesionales: la precariedad de la oferta laboral.

El verano y la segunda ola

“Sanidad está acostumbrada a funcionar como si fuéramos recolectores de uva durante la vendimia. Contratos de un mes que, si no hacen falta, no se renuevan”, lamenta María José Campillo, responsable de Finanzas de CESM (el sindicato médico con más afiliados en España) y médico de Familia en Murcia.

En este sentido, Campillo lamenta que “se hayan hecho los contratos de verano sin tener en cuenta que estamos en un año excepcional. No se debería nunca trabajar así. Es especialmente llamativo que se hayan hecho contratos de verano a pesar de saber que vendría una segunda ola de Covid-19”.

Es decir, “sin tener en cuenta las previsiones que indicaban que el número de profesionales que se iba a necesitar”, denuncia. “Cuando a un profesional se le acaba un contrato, no significa que vaya a seguir en un servicio sanitario determinado, sino que va a aceptar el siguiente que se le ofrezca. Es una política nefasta de recursos humanos que llevamos soportando desde hace años“.

“El problema no es que falten profesionales, sino que faltan profesionales que quieran trabajar con las condiciones que se están ofreciendo: contratos basura y precarios sin ningún tipo de estabilidad”, alerta Campillo.

Se trata de unas críticas que comparte María José García, portavoz de Satse, el sindicato más numeroso de enfermeras. “Hay miles de enfermeras que han terminado los contratos de vacaciones de septiembre y que se han visto abocadas al despido o el paro”.

De hecho, García alerta de que “hay migración de enfermeras de unas comunidades autónomas a otras, puesto que en algunas la precariedad laboral es tan impresionante que las profesionales optan por irse o por rechazar los contratos”. Entre las que ofrecen las peores condiciones se encontraría Castilla y León.

Considera que “no es lógico que contratos sean de uno o de dos días, y en diferentes centros”, con “malas condiciones de trabajo y turnos inaceptables. Hay que ofrecer una estabilidad y unas condiciones de trabajo adecuadas para poder dar a los ciudadanos la atención que se merecen”, concluye.

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