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Las economías emergentes recurren a los mercados de deuda, pero los riesgos se acumulan

Dreamstime EXPANSIÓN

JONATHAN WHEATLEY

En muchos países, las finanzas públicas han quedado devastadas.

El apetito de los inversores por la deuda de los mercados emergentes a consecuencia de los bajos tipos de interés globales ha evitado una catástrofe financiera en los países en vías de desarrollo que se tambalean por el golpe del coronavirus. Pero los analistas advierten que, al tratar de financiarse para salir de su difícil situación, los gobiernos están acumulando problemas mayores para el futuro.

Cuando la pandemia golpeó en marzo y el pánico se apoderó de los mercados, muchos temían que las naciones emergentes se sumiesen en una crisis de deuda como las que sufrieron a finales del siglo XX.

Pero en lugar de producirse un impago de la deuda, han recibido financiación nueva. Desde el 1 de abril, los países en desarrollo han recaudado más de 100.000 millones de dólares (unos 85.800 millones de euros) en los mercados internacionales de bonos.

“La magnitud de la preocupación por la deuda de alto riesgo en marzo y abril, que parecía no hacer discriminaciones, se ha relajado mucho”, afirma Stuart Culverhouse, economista jefe de Tellimer, una firma de análisis de mercados emergentes. “No prevemos problemas sistémicos en los mercados emergentes”.

Pero otros temen que el impacto de la pandemia a más largo plazo sea difícil de ignorar. “Hemos visto recuperaciones en forma de V en muchos sitios, y esto ha alimentado el optimismo a que [la pandemia] sea algo excepcional, una cuestión de unos pocos meses dolorosos a corto plazo pero sin un impacto duradero”, explica Phoenix Kalen, estratega de mercados emergentes de Société Générale. “Pero conforme avancemos y veamos más contagios, más confinamientos, más restricciones sobre la actividad en todo el mundo, la realidad empezará a evidenciarse”.

Los daños económicos ya son mayores de lo que muchos esperaban, con contracciones de doble dígito del producto interior bruto en gran parte del mundo emergente en los tres meses hasta junio.

En muchos países, las finanzas públicas han quedado devastadas. Entre enero y mayo, el Gobierno Federal de Nigeria destinó el 72% de sus ingresos a pagar la deuda. El Gobierno de Sudáfrica prevé un déficit fiscal este año equivalente al 15% del PIB, más del doble del que esperaba antes de la pandemia.

“Casi todos los países dependientes de las materias primas están en la misma situación”, explica Edwin Ikhuoria, director para África de One Campaign, la organización internacional que lucha contra la pobreza. “No entran ingresos”.

Por el momento, no obstante, hay pocos atractivos para ofrecer ayuda. Aunque docenas de países han recibido financiación de emergencia del FMI y el Banco Mundial, han sido sobre todo cantidades pequeñas. Sólo Egipto y Ucrania han firmado nuevos programas completos con el FMI, conocidos como Acuerdos de Derecho de Giro, por una suma combinada de 10.200 millones de dólares.

Los analistas explican que el estigma y la condicionalidad asociados a menudo a los préstamos multilaterales han disuadido a muchos países de solicitar esa ayuda, y las cómodas condiciones financieras globales han dado a los prestatarios la opción de recurrir en su lugar a los mercados comerciales.

Muchos ya están elevando su endeudamiento a niveles récord. La agencia de rating Moody’s prevé que la ratio de deuda en relación al PIB de los 19 mayores mercados emergentes aumente una media de 10 puntos porcentuales sólo este año.

Kalen advierte que los países no pueden financiarse indefinidamente, ni si quiera en un entorno de tipos de interés en mínimos récord.

“Llegará un punto en que las limitaciones presupuestarias sean tales que los gobiernos no puedan hacer frente a la vez a sus gastos y al pago de intereses”, indica. “Si la deuda sigue inflándose a ese ritmo, se volverá insostenible”.

Algunos gobiernos se enfrentan ya a elecciones desalentadoras. Brasil, por ejemplo, tiene que decidir pronto si pone algún tipo de freno a sus generosos programas de ayudas sociales, arriesgándose a una reacción social y política negativa a nivel nacional, o se financia y gasta más allá de sus límites autoimpuestos, arriesgándose a una reacción negativa de los inversores internacionales que podría hacer que su divisa se desplome y que los intereses se disparen.

Ya hay signos de que la capacidad de las economías emergentes para financiarse está llegando a su límite. Los tipos de interés de los mercados de deuda locales están aumentando. Los inversores extranjeros están perdiendo su apetito: la firma de seguimiento de los flujos de capitales Capital Economics sugiere que los mercados emergentes sufrieron salidas de capital netas por valor de 30.000 millones de dólares en agosto, las más altas desde los 55.000 millones registrados por la consultora en marzo, en pleno episodio de pánico por la pandemia.

Para muchos mercados emergentes, lo que parece una salida puede no ser más que un alivio temporal.

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