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Economia

Pelayo busca innovación radical para cambiar en cinco años el 25% de su negocio

Julio Miravalls 

Crea con TheCube el proyecto ‘2122 Lab’ para explorar disrupciones de manera independiente y sin los sesgos de una compañía tradicional

Pelayo es una compañía nacida en 1933con el formato de mutua de seguros y creada con un primer objetivo de dedicarse a los coches de alquiler. No había muchos: en el primer año aseguró 86 vehículos.

Estar constituida como mutua de seguros significa tener el estatus de entidad sin ánimo de lucro, pero eso no quiere decir renunciar a tener los mejores ingresos posibles, un balance saneado y buscar nuevas posibilidades de negocio.

Además, 87 años después de su fundación, la marca da cobijo a un grupo de diversas empresas de servicios relacionados con su actividad.

A mediados de diciembre lanzó públicamente un “centro de exploración” para generar ideas innovadoras y tan disruptivas como sea capaz, al que ha denominado ‘2122 Lab’. Y que funciona más o menos por libre en el seno del hub tecnológico TheCube.

“Tenemos un área de innovación, pero nos damos cuenta de que, de las ideas que surgen dentro, se descartan por defecto muchas porque hay un montón de inercia y sesgos de cultura que nos hacen pensar que son malas”, explica a D+I Inmaculada César, directora de innovación y medios de Pelayo y responsable de la iniciativa de trabajar con un foco externo, para explorar otros caminos.

“Por esas que se descartan de antemano, sin haberlas explorado lo suficiente, decidimos buscar otra fórmula, un ecosistema que permitiera crecer las ideas hasta donde pudieran llegar, sin esos sesgos propios de una cultura de compañía tradicional”, añade César, para aclarar que se trata de que “nadie las cuestione antes de tiempo”.

“Lo otro [lo que se hace desde dentro] es una innovación más sincronizada, más incremental, o evolutiva, sobre la base que ya tienes. Esto es innovación radical, ideas que nunca se nos ocurrirían por nuestros propios sesgos y nuestra propia inercia de compañía”, justifica.

César detalla que el nuevo laboratorio en TheCube, ecosistema que ya conocían por algún proyecto anterior, “es una célula independiente. Prácticamente no hay interacción con el Pelayo tradicional. Tiene un sistema de gobierno que le permite estar cómodo trabajando en una cápsula. Incluso físicamente, aunque ahora lo del físico da igual. Está totalmente fuera de Pelayo. Las interacciones que hay son dos reuniones bimensuales. Una para la selección de las ideas, las que han ido madurando, y otra de seguimiento, para ver cómo están fructificando los prototipos que hemos dado de alta”.

“TheCube lo hace todo”, establece César, pasándole la pelota a Marta Romero, que es directora del 2122 Lab desde una posición personal absolutamente ajena a la aseguradora.

“Nosotros tenemos el papel de desarrollar todas las ideas y llevar a prototipo aquellas que pasan la selección del comité. Ponemos nuestro ecosistema al servicio de Pelayo, para nutrirnos de la parte técnica y los avances que estamos viendo con otras empresas que trabajan en TheCube en IoT, en innovación abierta, en la parte más metodológica de desarrollo, de ideación, de delivery puro de los productos, o servicios que salgan del lab”, señala Romero.

“Nos encargamos de hacer realidad el sueño de Inma, de realizar una célula independiente de innovación radical. La ponemos en marcha, la ejecutamos y espero que salgan muchas cosas”, añade.

César insiste en que la voluntad de la colaboración es que apenas haya interacción entre su empresa y el laboratorio y que “cuanto más efecto sorpresa haya, mejor. Cuando Marta nos trae las ideas [a las reuniones bimensuales] se genera un efecto ‘guau’ y tendría que ver las caras de sorpresa del equipo tradicional de Pelayo: ‘¿de verdad se os ha ocurrido eso?’. Están deseando tocarlo y está generando un efecto ilusionante“.

¿De qué tipo de ideas estamos hablando? Romero explica que “surgen de muchas horas de trabajo. Sabemos que para sacarlas hay que entrenar mucho, como Nadal. Y esta parte de trabajo-trabajo-trabajo viene ligada a una metodología que desarrollamos internamente en la investigación no sólo de los sectores típicos que podrían estar relacionados, insurtech, fintech o seguros propiamente dichos. Nosotros investigamos cualquier otro sector que nos parece interesante”.

En la insistencia por conocer hacia dónde se orientan, cuenta que, aplicando técnicas de “design thinking y design spring”, investigan “desde muchos ángulos” cada sector, si está en auge y tiene inversión. Y las startups destacadas a nivel mundial. Al mismo tiempo, para conocer mejor el sector de seguros, a veces lanzan “preguntas al aire” que llaman “globos de exploración”.

Observan los movimientos de compañías que puedan ser competencia y lo que están haciendo startups en India, China y Estados Unidos…

Pero parece que todavía es un poco pronto para concretar: “No tenemos nada madurito ni a punto”. Llevan celebradas dos reuniones de selección, están preparando “los prototipos de varias ideas” y Romero cree que se irán viendo los frutos durante los próximos meses.

El primero de los comités celebrados, comenta César, se centró en “proyectos más o menos incrementales sobre la propuesta de valor que ya tiene Pelayo: cómo mejorar la cadena de valor y la distribución del propio seguro, cómo podemos mejorarla cambiarla incorporado otros canales”. Habla de opciones en precios, seguros on/off, pago por uso…

Lo más interesante es, sin embargo, que el propósito va más allá: “La segunda sesión de selección la hicimos sobre emprendimiento puro. Es decir, si tuviéramos que invertir en el mundo de las insurtech y las fintech, ¿en qué compañías lo haríamos, de las 10 que nos presentaran? ¿Qué target, qué modelo, qué producto…?”, concreta la directora de innovación.

Sería “trabajar casi como si fuéramos inversores con un capital que queremos poner en este ecosistema. Y eso te sitúa en un mapa en el que dices: a ver dónde creo que voy a tener mayor retorno y mayor éxito. Siempre pensando en ideas muy disruptivas”.

Inmaculada César confiesa que el objetivo es “cambiar la configuración de nuestro de nuestro modelo de negocio. El mix de negocio que tenemos ahora está totalmente apalancado en el seguro tradicional. Nuestro objetivo es que dentro de cinco años al menos haya cambiado la configuración en un 25%. Que un 25% de los ingresos de Pelayo dentro de cinco años provenga de negocios que hasta ahora no había tocado, donde no había estado. Y esa será la forma de medir el éxito de este proyecto”.

Su planteamiento es que “Pelayo puede dedicarse a seguros, o crear una compañía de cero que se dedique a otra cosa. Puede ser en el mundo de los servicios. Desde la pandemia, los grandes players digitales del mercado son los que han triunfado. Eso y los laboratorios y farmacéuticas. Nosotros estamos obsesionados por ver cómo hacemos el balanceo entre el mundo físico y el mundo digital”, confiesa César.

“Ahí es donde creemos que está la clave de compañías como la nuestra, en el híbrido entre el mundo on y el mundo off. Tenemos una red de oficinas presenciales a la que le podemos dar muchísimo valor. Tenemos que buscar la forma. Y en esa prestación de servicio físico, presencial, también creemos que debe haber disrupción y un cambio de modelo, en el que queremos participar”, añade.

No nos fijamos en que esto tenga que venir del ramo de seguros, sino que Pelayo tenga sus inversiones muy diversificadas en diferentes sitios“. El resultado que espera “puede venir por los dos sitios: una parte sería sobre el negocio tradicional, cómo lo transformó, y otra es en qué otros negocios puedo generar una disrupción”.

En esa faceta, como puro inversor de capital, César analiza que las inversiones financieras “van planas” y el mercado inmobiliario “se ve muy alterado por situaciones como la que estamos viviendo”. Pero, “afortunadamente el crecimiento en startups está aumentando bastante”.

Hablando, por cierto, de dinero y de los desarrollos de 2122 Lab, explica que, de las ideas seleccionadas, ni siquiera han “visto los prototipos. Hay que dejarles un poco de tiempo, pero tampoco mucho porque en cuatro o cinco meses tenemos que ver si encaja no encaja, funciona no funciona“.

La dinámica está clara. “Estos prototipos contrastan las hipótesis que hemos fijado. Si no se cumplen, se descarta y siguen con otro. Si se cumplen se avanza y se crea ese proyecto en el que invertir un poco más de dinero. Ahora mismo en cada prototipo podemos estar hablando de 20.000 a 30.000 euros. Pero si uno de esos prototipos sale bien, ahí es donde toca poner más dinero, porque puede ser uno de los ejes de disrupción del sector, del mercado, o del propio Pelayo”.

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