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Economia

Por qué invertir en capital riesgo en medio de una crisis es la mejor opción

Rubén Escudero

Mayores retornos con menos volatilidad y apalancamiento empujan a las grandes casas y a las boutiques a lanzar fondos de activos no cotizados.

Puede sonar demasiado arriesgado o exótico para los no iniciados en la inversión, pero nada más lejos de la realidad. Invertir en capital riesgo en medio de una crisis es cuando más rentable sale.

Según un análisis histórico de Willis Towers Watsonlas cosechas de los fondos de capital privado que comenzaron durante las dos últimas crisis económicas mundiales (burbuja de las puntocom en 2001-02 y crisis financiera global en 2007-08) han superado a otras que comenzaron a invertir dos o tres años antes de una recesión o, incluso, más de cinco años después.

“El actual entorno puede ser excelente para hacer adquisiciones a valoraciones más bajas y aprovechar el repunte a medida que los mercados se reequilibren. La compra de activos infravalorados también proporciona un grado de protección a la baja en caso de que los mercados caigan aún más”, explica Oriol Ramírez-Monsonis, responsable del área Delegated dentro del equipo de Investments de la consultora en España.

En base a esta afirmación, el contexto es idóneo para posicionarse en los activos no cotizados, puesto que las previsiones económicas de los expertos apuntan a una disminución del 5% del PIB mundial para 2020.

Las gestoras de capital riesgo ya preparan su artillería y tienen pólvora seca (liquidez) por valor estimado de 1.500 millones de dólares a la espera de ser invertida en el mercado.

En España, son numerosos los proyectos de capital privado que han nacido al calor de la crisis del coronavirus. El último de ellos, LUA Fund, del famoso economista José Carlos Díez, cuyo fondo invertirá en empresas españolas, portuguesas y algunas latinoamericanas con un enfoque basado en el “capitalismo de compromiso”.

Sin embargo, su fondo se desmarca de las compañías en problemas o reestructuración, y entrará más bien en start-ups que se desenvuelvan en la parte alcista de la “K”.

Oportunistas

Quienes sí invertirán en empresas en dificultades, a través de deuda y capital, son los responsables de Pangram Capital, fundado por exgestores de JPMorgan y Deutsche Bank y con el patrocinio de Auriga Global Investors.

Las grandes casas, sobre todo las aseguradoras, también se han adentrado de lleno en este nicho de inversión alternativa. Mutuactivos, Alantra Wealth Management y Bankia Banca Privada han lanzado con MCH un fondo de fondos de capital riesgo, donde también colaboran AlpInvest, JPMorgan Asset Management y Alantra Asset Management. Hasta siete entidades distintas participan en la gestión y distribución del fondo MCH Global Alternative Strategies.

Por su parte, Santalucía se ha asociado con Altamar para el fondo de fondos Santalucía Inversiones Alternativas, centrado en capital riesgo, venture capital, inmobiliario, infraestructuras y deuda privada. Mapfre, de la mano de su participada Abante, ya había lanzado un fondo de capital riesgo con Altamar y uno de infraestructuras con Macquarie, y Caser Asesores estudia la fórmula adecuada para poner un pie en este mercado.

De su lado, Bestinver ya tiene en el escaparate su nuevo fondo Bestinver Infra, que se ha estrenado con una primera inversión: el 5% de Acciona Energía Internacional, como adelantó Invertia.

Menos apalancamiento

En el mundo de la innovación, la digitalización y las start-ups más punteras de elevado crecimiento, también han salido fondos como Samaipata, que ha hecho su última llamada para invertir en plataformas digitales, y 4Founders Capital, cuya segunda versión comercializa Banco Alcalá.

El portugués Faber Tech ha lanzado una segunda añada de su estrategia (de 30 millones de euros) para invertir en empresas ibéricas que desarrollen proyectos que se encuentren en fase inicial y que estén centrados en software de datos como la inteligencia artificialmachine learning o data science.

Otro punto a favor del capital riesgo en plena pandemia de la Covid-19 es que, después de una crisis, con la caída de los precios y con los mercados de deuda cada vez menos líquidos y más caros, “los activos de private equity tienden a apalancarse mucho menos en el momento de la adquisición, lo que permite una mayor protección contra las pérdidas y un crecimiento más sostenible del flujo de capital”, sostiene Ramírez-Monsonis, de Willis Towers Watson.

Por último, “cuando se trata de salir de empresas subyacentes, el private equity puede esperar más tiempo que la mayoría de los fondos hasta que las condiciones del mercado se hayan recuperado y no tienen la necesidad de hacer una salida forzosa”, lo que promueve y premia la inversión a largo plazo como antídoto contra la volatilidad a corto plazo de los mercados cotizados o públicos, según este experto.

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