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Por qué la Fed baja tipos y el BCE no

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El mercado recibiría mejor una acción conjunta de gobiernos y bancos centrales, pero no todos tienen la misma capacidad de fuego y piensan en diferentes herramientas con las que intervenir.

Quien pueda, que me siga. Eso debió pensar ayer la Reserva Federal, que se adelantó al resto de bancos centrales al organizar una reunión extraordinaria en la que anunció una rebaja de tipos de interés de 50 puntos básicos.

El frente coronavirus internacional, cuyo eje iba a coordinarse ayer en la reunión del G7, dio lugar a una espantada de la Fed, uno de los únicos bancos centrales con munición real para estimular la economía. El vago compromiso común de esa cumbre, unido al movimiento sorpresivo de la Fed, hacía pensar que los estadounidenses habían encontrado poca disposición por parte de sus homólogos para combatir con urgencia el impacto económico del coronavirus.

Porque esto no es 2008 y no todo el mundo puede bajar los tipos de interés como entonces. El Banco Central Europeo, por ejemplo, con la tasa de depósito en el -0,5%, tiene poco recorrido en ese sentido, por lo que sus medidas de contención apuntan a un terreno más imaginativo (ver información adjunta) y que puede reflejar un nivel de compromiso que no ha satisfecho las expectativas de la Fed.

“Los bancos centrales están haciendo lo que consideran que tiene más sentido en su contexto particular” y “nuestra acción representa lo que creemos que es mejor para nosotros”, son las dos frases del discurso de Jerome Powell que reafirman ese supuesto.

La institución estadounidense siempre ha tenido el gatillo fácil a la hora de lidiar con los shocks. Si durante todo el año pasado los distintos miembros de la institución se encontraban divididos sobre si bajar o no los tipos, ayer no tuvieron problema en ponerse de acuerdo. Cumbre extraordinaria, votación unánime, bajada de tipos y a otra cosa. Lo mismo se vivió con el estallido de la crisis financiera global.

Eso no ocurre en Europa, donde los diferentes gobernadores y sus perfiles monetarios hacen que cada decisión requiera de un arduo trabajo de negociación interna. Especialmente ahora que Christine Lagarde, la presidenta del BCE, trata de reconstruir los consensos. El comunicado extraordinario con el que el lunes por la noche Lagarde prometió actuar, pero que estaba repleto de condicionantes, es un reflejo de la dificultad de la institución para ofrecer una sola voz. Ayer mismo, Robert Holzmann, gobernador del Banco de Austria, se desmarcaba señalando que no hay necesidad de bajar los tipos. Hay expertos que coinciden con ese punto de vista, porque lo cierto es que, mientras que la Fed tiene los tipos entre el 1% y el 1,25% y una economía en buena forma, el BCE tiene en la práctica tipos negativos y una economía renqueante.

Un gesto

Así que la Reserva Federal decidió ir a la guerra por su cuenta. El problema por contundente que sea la acción y el recorte del precio del dinero, es que ninguna de las herramientas tradicionales soluciona las tensiones económicas causadas por el coronavirus. Una bajada de tipos no elimina el miedo de un consumidor a acudir a un concierto o a hacer turismo, como tampoco soluciona la falta de suministro ni devuelve la actividad a las fábricas asiáticas que se han paralizado por la cuarentena de los trabajadores para evitar un mayor contagio.

La actuación de los bancos centrales no busca tanto impulsar los datos macroeconómicos como estabilizar a los mercados y evitar que la sangría acabe por distorsionar los flujos de dinero y ponga en jaque la estabilidad financiera.

Con sus anuncios de expansión monetaria, que han acostumbrado a llevar en volandas al mercado, las distintas instituciones confían en devolver la confianza perdida hasta que la epidemia quede contenida y la recuperación vuelva a la economía. Esa es su gran esperanza, más allá de políticas llamadas a posponer un carrusel de impagos entre las empresas más afectadas y a paliar la ruptura de la cadena de suministro. Para esto último, de hecho, parece más útil la línea de crédito planteada por el BCE -que habrá que ver finalmente en lo que se concreta y, sobre todo, cuándo- que la bajada de tipos de la Fed.

Presión del mercado

Con la urgente actuación de Estados Unidos, al mercado ya le han dado el caramelo más dulce de los que esperaba y todo lo que venga a partir de ahora no estará a la altura. Pero la bajada de tipos en EEUU no ha servido por sí misma para cambiar la tendencia de los mercados, algo que quizá hubiera sido diferente de sumar la escasa pólvora del resto de bancos centrales y soltarla de golpe como un espectáculo de fuegos artificiales de liquidez.

Pero ahora los gestos que puedan llevar a cabo el resto de bancos centrales quedan deslucidos por la contundencia y la sensación de urgencia de Washington. Si el número de contagios y el virus sigue expandiéndose a la Fed le quedará una bala menos.

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