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Silicon Valley vigila a sus empleados chinos

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Las tensiones políticas entre Estados Unidos y Pekín han puesto bajo los focos a los ingenieros chinos que trabajan en Silicon Valley; algunos han sido acusados de espionaje.

La primera vez que Zhang Lelin, un ingeniero de software nacido en China, se sintió incómodo en Silicon Valley fue el año pasado cuando supo que un “grupo enorme” de agentes del FBI había irrumpido en la casa de sus vecinos también chinos.

Su objetivo, Zhang Xiaolang, fue acusado de apropiarse de secretos comerciales cuando se fue de Apple para trabajar en una start up china de coches eléctricos. Ahora espera que se celebre el juicio. Zhang Lelin, que trabaja en Amazon, asegura que el asalto fue como en las películas y se pregunta si se organizó para enviar un mensaje a otros ciudadanos chinos que trabajan en el sector tecnológico. Sus dudas han aumentado al oír el caso de otros conciudadanos que han sido acusados de supuesto espionaje y a raíz del deterioro de las relaciones entre Washington y Pekín. La situación ha afectado a empresas chinas, inversores y, sobre todo, a empleados de Silicon Valley.

En opinión de Matt Sheehan, autor de El Experimento Transpacífico, un libro sobre la colaboración entre China y Califonia, “la guerra comercial frenó en seco las inversiones en capital riesgo, las cosas se empezaron a complicar para las grandes compañias y ahora el problema se ha trasladado a las personas”.

Ésta no es la primera vez que los temores del Gobierno de EEUU sobre la tecnología canalizan sus sospechas sobre los inmigrantes que tengan vínculos con China. En 1999, el científico con nacionalidad taiwanesa y estadounidense Wen Ho Lee, empleado en el laboratorio que trabajaba en el diseño de bombas nucleares de Los Alamos, fue detenido acusado de espiar para Pekín y durante nueve meses se le mantuvo en una celda de aislamiento. Los cargos no pudieron demostrarse porque únicamente se basaban en su amistad con científicos chinos. Pero el clima de sospecha ha aumentado considerablemente en los últimos años, sobre todo por las tensiones comerciales entre EEUU y China, la polémica sobre el fabricante de equipos de telecomunicaciones Huawei y una serie de casos que acusan a ciudadanos chinos de robar secretos comerciales de EEUU.

Una propuesta del Departamento de Comercio es especialmente preocupante para los ciudadanos chinos que trabajan en Silicon Valley, dado que, al parecer, podría sentar las bases legales para que las empresas tecnológicas de EEUU puedan despedirlos.

El Departamento de Comercio ha anunciado su intención de ampliar los actuales controles a las importaciones de las llamadas “tecnologías de doble uso“, que tienen aplicaciones civiles y militares. El organismo también ha empezado a examinar otras categorías como la inteligencia artificial (IA) y los microprocesadores.

Situación precaria

Dado que las normas de EEUU consideran incluso las conversaciones sobre tecnología entre estadounidenses y extranjeros como exportaciones previstas, las tecnológicas podrían verse obligadas a solicitar permisos para sus trabajadores extranjeros procedentes de países que no pertenezcan a la OTAN. Los ciudadanos chinos se consideran los más sensibles, junto a rusos e iraníes. En 2018 el Departamento de Comercio redujo a la mitad el número de ciudadanos chinos a los que concedió licencias de exportación -de 771 a 350- con respecto al año anterior.

Ante esta situación, los departamentos de Recursos Humanos de varias empresas de Silicon Valley han diseñado planes para separar a sus empleados chinos del resto de trabajadores, explica Dan Wang, analista de la consultora Gavekal Dragonomics, con sede en Pekín.

Kevin Wolf, miembro del Departamento de Comercio durante la Administración Obama, cree que “estas preocupaciones son prematuras porque los nuevos controles se ajustarán a amenazas muy concretas que supongan un riesgo para la seguridad nacional”.

Libo Weng, ingeniero de una empresa de semiconductores de California, cree que a los ingenieros chinos les está resultando más difícil progresar en su entorno laboral.

“Después de hablar con varios colegas he llegado a la conclusión de que las empresas evitan que sus ingenieros chinos escalen posiciones en ciertas áreas como la IA y los microprocesadores, en los que EEUU está más avanzado que otros países. Con Trump la tendencia ha empeorado”, explica Weng.

Los ciudadanos chinos representan una importante proporción de Silicon Valley. Según datos del censo de EEUU, el 17% de la población habla chino en áreas de Silicon Valley como Santa Clara y San Mateo. La diversidad étnica del Valle y la dependencia de las tecnológicas de empleados chinos hacen que en la zona se siga apostando por el talento del gigante asiático.

Pero pocos ingenieros chinos han conseguido llegar a la cúpula de en las tecnológicas estadounidenses; además, las tensiones entre EEUU y China han llevado a muchos empleados chinos a replantearse su situación laboral. En concreto, los ingenieros chinos se quejan de la naturaleza precaria de sus visados de trabajo que les obliga a depender de sus empresas con independencia del trato que reciban.

Según el visado H-1B para trabajadores con talento, que utilizan la mayoría de los extranjeros que trabajan en empresas tecnológicas, después de ser despedido, un empleado sólo tiene 60 días para encontrar un nuevo empleo o solicitar y recibir un nuevo visado del mismo tipo. Después de ese plazo, deberán abandonar el país.

Los empleados de Amazon, Google y PayPal mencionaron los visados como el principal escollo al que se enfrenta el personal chino. En 2018, las tasas de autorización de los visados H-1B empezaron a descender, llegando al 75%, dato que contrasta con el 94,5% de 2015.

Además, hace cinco años, a Zhang Lelin le costaba menos de un mes renovar su visado; ahora ya son dos meses debido, en su opinión, a su trabajo en IA y microprocesadores.

Un amigo suyo se quedó siete meses en China esperando a que le renovaran el visado. Estas tensiones están afectando a algunos empleados chinos. En septiembre, Qin Chen un ingeniero de 38 años que trabajaba para Facebook, se suicidó al saltar desde un edificio del cuartel general de Menlo Park. Una semana después, cientos de ingenieros -en su mayoría chinos- de empresas de Silicon Valley se congregaron en el campus y empezaron a gritar: “¡las vidas de los chinos importan, Zuckerberg!”

Algunos hablaron de la necesidad de mejorar el entorno laboral y otros mencionaron la precaria situación de Qin. A pesar de vivir en EEUU durante ocho años, no tenía green card (tarjeta de residencia) y toda su familia dependía de su permiso de trabajo. En ese momento, Facebook anunció que tenía un programa de salud mental para sus empleados y aclaró que el acoso estaba prohibido en la compañía.

CULTURA EMPRESARIAL

Pero lo cierto es que otros ingenieros chinos se quejan de que Silicon Valley tiene un techo de cristal para algunas nacionalidades. “En EEUU muchos directivos indios han llegado a CEO de las grandes empresas, pero el caso de los empleados chinos es distinto”, lamentó Hans Tung, socio gerente de GGV Capital, en una conferencia en Pekín.

En cuanto a las diferencias, Eric Yuan, fundador de la app de videoconferencias Zoom, que salió a Bolsa en abril, cree que los ingenieros indios no sólo tienen una excelente formación, sino que entienden el modelo de negocio y la gestión de las empresas de EEUU. “La cultura china hace hincapié en la obediencia y la modestia, no en la confianza. No somos nada ambiciosos”, explica Sophie Xu, una empleada china de PayPal que emigró a EEUU hace 17 años.

En un debate organizado por el Foro de Emprendimiento e Innovación de Silicon Valley, que reúne a los mejores profesionales de tecnología chinos se repartió información sobre cómo tener éxito en el trabajo. “Así son las reglas del juego en EEUU”, explica Zhang Yue, un empleado de Google que organiza la fiesta del Nuevo Año chino. “A diferencia de las empresas chinas, no hay que quedarse en la oficina hasta que se marcha el jefe. Aquí lo importante es la productividad y, sobre todo, más importante que hacer algo es pregonarlo a los cuatro vientos”, concluye Zhang.

Las empresas chinas y el Gobierno quieren aprovechar el deterioro de las relaciones para captar talento en el país.

“El impacto de la guerra comercial a largo plazo hará que a China le sea más fácil recuperar a las personas más cualificadas”, explica Tim Li, que ha dedicado los últimos cinco años a reclutar personas de Silicon Valley para que vuelvan a China.

Nuestro país tiene sus motivos, sostiene Li, en referencia al boom tecnológico que vive China. Hace poco Li anunció sus servicios en LinkedIn. El post llevaba por título “Este mensaje está destinado a los trabajadores de Silicon Valley que quieren volver a China, pero que no se atreven”. En él explicaba que trabajar para una empresa de EEUU permitía llevar un buen estilo de vida, pero con escasas oportunidades para avanzar, mientras defendía que en China su trabajo tendría una repercusión mucho mayor. “Estados Unidos ha mostrado un gran malestar ante el auge de China. Nuestro sector tecnológico superará al de EEUU en muchos frentes. Si la tendencia continúa, deberías aprovecharla”, concluía el post.

Sin embargo, no todo serían ventajas. Zhang Lelin cree que la posibilidad de que haya ingenieros chinos que quieran regresar a su país podría despertar recelos en las empresas en las que trabajan en EEUU o en el FBI ante un posible robo de información o espionaje. “Eso es lo que me hace dudar cuando me planteo volver a una empresa china”, reconoce.

Las agencias de reclutamiento del Gobierno chino también han visto su oportunidad en la repatriación de ciudadanos. Sin embargo, ahora muestran más cautela para operar en EEUU porque temen el control de la Administración.

Pero, en opinión de Li, el sector privado chino se está moviendo muy rápido. “En EEUU el sector de los semiconductores se está reduciendo, mientras que en China sigue creciendo. Tenemos mucho empleo”, explica.

Zhang Lelin cree que los empleados chinos que trabajan en las tecnológicas chinas son carne de cañón: “Nos afecta la guerra EEUU-China, pero no podemos decidir el resultado”, lamenta.

El ingeniero recuerda cómo durante la Segunda Guerra Mundial, EEUU trasladó a la fuerza a 120.000 japoneses-americanos a campos de internamiento, una decisión que poco tenía que ver con la seguridad nacional. El primer campo se construyó en California, a poca distancia de las sedes de las grandes tecnológicas. Para algunos trabajadores de Silicon Valley, este capítulo oscuro de la historia de EEUU pertenece al pasado pero, para otros, no parece tan lejano como se podría suponer. “Sólo hay que recordar la historia”, concluye Zhang Lelin.

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