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Tortas por la Luna

Si 2020 está siendo un año movidito en la Tierra, las novedades en el espacio no se están quedando atrás. Que si puede haber vida en Venus, que si el ciclo solar 25 está empezando, y ahora resulta que también hay agua en la superficie iluminada de la Luna.

Si cuando leyó la noticia pensó que ya le sonaba, es porque ya sabíamos que había bloques de hielo en las zonas oscuras de nuestro satélite. La gran novedad reside en que también aparece en regiones expuestas a la luz solar. Pero, parece que este hallazgo de la NASA tampoco es tan nuevo, pues una investigación soviética ya planteó esta posibilidad en 1979.

Ya fuera por la tensa relación entre EEUU y la URSS o por una simple barrera idiomática, aquella investigación “jamás fue citada”]. Y aunque la NASA reconoce que su ‘nuevo’ descubrimiento se basa en trabajos previos, algunos medios rusos critican que la agencia “no ha hecho referencia alguna al descubrimiento soviético”.

Será la historia la que decida quién se alza como verdadero descubridor de este recurso vital en las regiones iluminadas de la Luna. Lo importante es que ya no hay dudas de que el agua en nuestro satélite es mucho más abundante y accesible de lo que se creía.

Ahora, la gran pregunta: ¿para qué la queremos? El atractivo del agua lunar es doble. Por un lado, serviría para saciar la sed de los astronautas, y por el otro, podría ser transformada en combustible. Ambas cosas son imprescindibles si aspiramos a crear una futura colonia en la Luna, pues evitaría la necesidad de tener que transportar ambas cosas desde la Tierra.

Será la historia la que decida quién se alza como verdadero descubridor de este recurso vital en las regiones iluminadas de la Luna

Y aquí entra la segunda gran pregunta: ¿para qué queremos que haya humanos viviendo y trabajando en la Luna? Por muy mal que esté el mercado inmobiliario, nuestro satélite es un lugar frío y hostil al que resulta caro y peligroso llegar. Bien lo sabía Kenndy cuando en 1962 dijo: “Elegimos ir a la Luna […] no porque sea fácil sino porque es difícil”.

Pero, por muy complicado que fuera en aquel momento, la hazaña estaba justificada, pues EEUU debía demostrar su superioridad tecnológica y armamentística frente a la URSS. ¿Cuál es la justificación ahora? “Lo único que la Luna ha demostrado ofrecer son unas buenas vistas”, afirmaba en su último libro el periodista especializado en el espacio Oliver Moront.

Sin embargo, el interés por poner en marcha un asentamiento humano en nuestro satélite es tal, que poco después de que se hiciera público el hallazgo de la NASA, la ESA emitió un comunicado para anunciar que colaborará con la misión estadounidense para establecer un módulo habitable en la órbita lunar.

El objetivo final y estratégico esto consiste en convertir la Luna en un trampolín hacia el resto del espacio. La posibilidad de producir combustible in situ facilitaría los viajes desde en nuestro satélite frente a los que se lanzan desde la Tierra. Además, su hostil entorno sería un mejor campo de pruebas que nuestro planeta para testar las tecnologías necesarias y simular misiones para llegar a otros lugares como Marte.

Por eso es tan importante que haya agua en las zonas iluminadas de la Luna. De lo contrario, solo podría extraerse de los cráteres que hay alrededor de sus polos, unas regiones sumidas en una oscuridad perpetua y con temperaturas inferiores a -230 °C. La opción de poder hacerlo bajo la luz solar, aunque también haga frío, resulta más tentadora.

Es cierto que la concentración de agua detectada en estas zonas es bastante ridícula, pero siempre podría servir como fuente secundaria de respaldo. Así que parece lógico que la NASA ahora vea un poco más cerca su objetivo de volver a llevar a humanos a la Luna (incluida la primera mujer) en 2024.

Sin embargo, por mucha agua que haya y por mucho apoyo que tenga, lo cierto es que se enfrenta a una gran serie de retos tecnológicos, presupuestarios y políticos para cumplir su objetivo en solo cuatro años.

Ya sea en esa fecha o más adelante, todo apunta a que lo conseguirá. Así que otro día hablaremos de qué pasará cuando la Luna empiece a llenarse de empresas y gobiernos compitiendo por el suelo y los recursos lunares. Aunque el Tratado sobre el espacio ultraterrestre estipula que nuestro satélite es patrimonio de toda la humanidad, unas regiones son más valiosas que otras. Y dado que los primeros en llegar ocuparán las mejores zonas, todo apunta a que en unos años volverá a haber tortas por la Luna.

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