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Una vacuna contra la incertidumbre

La puesta en marcha de la mayor campaña de vacunación global de la historia ofrece una visión esperanzadora del futuro y luz al final del túnel que estamos atravesando. La investigación y desarrollo de las decenas de vacunas aprobadas o en proceso de aprobación, así como el desafío sanitario y logístico de su fabricación, almacenamiento, distribución y administración constituyen un ejemplo de la capacidad de nuestra sociedad para hacer frente a la adversidad aplicando la inteligencia colectiva.

Sin embargo, no debemos olvidar que aún quedan meses de incertidumbre por delante y que el éxito en la lucha contra la pandemia seguirá dependiendo de la capacidad de los gobiernos para controlar la propagación del virus mientras no se alcance un escenario de inmunidad colectiva.

La evolución de la pandemia por SARS-COV-2 ha puesto de manifiesto la vulnerabilidad de los sistemas sanitarios de todo el mundo y su falta de preparación para hacer frente a un desafío de estas características.

Hemos aprendido mucho, no sólo sobre el virus, sino sobre la importancia de la anticipación y la proactividad en materia de salud pública. Sobre la necesidad de mejorar nuestra capacidad de evaluar riesgos y trabajar en posibles soluciones antes de que se desencadenen escenarios que no nos permitan mantener el control.

También sabemos que los sistemas de salud necesitan ganar en flexibilidad, escalabilidad y visión de la salud comunitaria y que es importante desarrollar conocimiento y herramientas en el ámbito epidemiológico y de salud pública para adaptarnos a los retos que nos plantea el mundo en el siglo XXI.

Durante los últimos meses se han desarrollado planes de respuesta temprana y estrategias para reforzar la preparación y resiliencia del sistema sanitario

Somos más conscientes de que los problemas globales requieren respuestas globales. Que es necesario avanzar en la coordinación, homogeneización, estandarización e intercambio de información de calidad a través de unas fronteras que son inexistentes para la enfermedad.

Y en todo este proceso de aprendizaje juega un papel fundamental la disponibilidad y adecuada gestión de datos de calidad. Los datos constituyen la principal materia prima de una sociedad que se autodenomina digital, y sin ellos no es posible generar la evidencia que guíe una adecuada toma de decisiones, en particular en el ámbito de la salud (1).

Durante los últimos meses se han desarrollado planes de respuesta temprana y estrategias para reforzar la preparación y resiliencia del sistema sanitario. Se han habilitado medidas para la mejora de los sistemas de información de vigilancia epidemiológica y se ha dispuesto la creación de diferentes registros de datos clínicos, epidemiológicos y relativos a pruebas de laboratorio (2-4).

Estas fuentes de datos han permitido mejorar el conocimiento de las dinámicas de la enfermedad, pero son aún insuficientes y presentan dificultades para su análisis y correlación con otras variables relevantes desde el punto de vista de salud pública (5).

Finalmente, se ha puesto en marcha la estrategia de vacunación nacional frente a la Covid-19 (6), con un modelo de gobernanza que establece los criterios de priorización, distribución, administración, comunicación, seguimiento y evaluación de la campaña de vacunación.

En este escenario cobra especial importancia la gestión inteligente, responsable y concienzuda de los datos

Este último punto contempla la creación de un registro de vacunación y los mecanismos de vigilancia de la seguridad de las vacunas administradas, así como de su efectividad.

En este escenario, y siendo conscientes de la relevancia de esta estrategia para la sociedad, cobra especial importancia la gestión inteligente, responsable y concienzuda de los datos.

Estamos ante una oportunidad única para gestionar proactivamente y con anticipación un plan que necesariamente va a ser dinámico y evitar que una gestión reactiva e ineficiente diluya gran parte del esfuerzo e inversión realizados hasta ahora.

Debemos tener en cuenta que ni todas las vacunas son iguales, ni van a funcionar de la misma manera. Disponer de la seguridad que aportan datos de calidad relativos a la vacunación y a la historia clínica de cada persona será clave para controlar la eficacia, los efectos adversos y las posibles interacciones.

Nos permitirá perfeccionar el modelo y avanzar en la selección y priorización de las mejores opciones para cada individuo, además de impulsar el desarrollo de futuras vacunas y la mejora del sistema de salud.

Una adecuada gestión de los datos constituye la mejor vacuna contra la incertidumbre que caracteriza el tiempo en que vivimos

Además, si se tratan de forma adecuada y segura, estos datos nos deberían permitir intercambiar información verídica de manera global, no por país o región, sino por persona. Esto cobra especial relevancia en un mundo globalizado y descentralizado, donde el turismo será una de las primeras industrias en llamar a la puerta de la sociedad post-pandemia.

Disponer de un sistema interoperable que permita gestionar esta información es una forma de proporcionar poder a los ciudadanos, dotándoles de un acceso transparente a su propia “cartilla de vacunación digital”.

La generalización de ese acceso de forma segura sólo es posible utilizando la tecnología como base para la democratización de unos datos que deberían estar disponibles en el teléfono móvil de cada uno de nosotros.

En este sentido, la utilización de tecnologías como blockchain puede habilitar en gran medida la trazabilidad y colaboración entre diferentes instituciones y prestadores de servicios sanitarios, facilitando la autogestión de la salud de cada persona. Todo ello, obviamente, amparado por la necesaria protección de datos como salvaguarda de la privacidad de los ciudadanos.

La salud pública se juega en gran medida fuera de los centros sanitarios. Está en una sociedad global y en su interacción con el medio ambiente. Es lo que se ha dado en llamar la visión One Health, una aproximación holística que tiene en cuenta todas las dimensiones que afectan a la salud de las personas. La gestión de esa salud debe hacerse recogiendo y proporcionando datos de calidad allá donde sean necesarios.

Una adecuada gestión de los datos constituye la mejor vacuna contra la incertidumbre que caracteriza el tiempo en que vivimos.

1. Pearce N, Vandenbroucke JP, VanderWeele TJ, Greenland S. Accurate statistics on COVID-19 are essential for policy guidance and decisions. Am J Public Health 2020; 110: 949–51.

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