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El alegato del chef José Andrés sobre el coronavirus: “Hay una gran falta de liderazgo a nivel mundial”

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Fernando Quintero

El prestigioso cocinero explicó en ‘El Hormiguero’ cómo está llevando a cabo una iniciativa para dar de comer a gente necesitada durante la pandemia.

Poco a poco, las cadenas de televisión tratan de ir retomando su programación habitual.  Y es que, a pesar de que la actualidad sigue marcándola la pandemia del coronavirus, el proceso de desescalada ha llevado a mover ficha en la pequeña pantalla, con el claro objetivo de recuperar la ansiada normalidad. Esto no afecta a El Hormiguero, que desde hace varias semanas sigue en la parrilla con un nuevo formato, donde las entrevistas con personajes famosos se siguen sucediendo, eso sí, por videollamada. Este lunes les llegó el turno al chef José Andrés (50 años) y al humorista y actor Julián López (41).

Pero antes de darles paso, Pablo Motos (54) tomó las riendas para “plantear un reto para hacer en casa”. Para ello solo hace falta una goma del pelo. La explicación está en la neurogénesis, “el proceso que hacen las neuronas para convertir una acción en un hábito. Hay que repetirlo durante 25 días. Si lo haces las suficientes veces, el hábito se queda en tu mente de forma automática. Aquí viene el reto: tratar de estar diez días sin enfadaros”, planteó el presentador, explicando que cada vez que se tenga la tentación de romperlo, se mire a la goma del pelo que hay que llevar puesta en la muñeca.

 

El consejo dio pie a una tertulia a colación de la manida desescalada. El Monaguillo (46), Luis Piedrahita (43) y Marron (40) conversaron junto a Motos sobre los recuerdos de la última vez que estuvieron en un restaurante. Además, el presentador de El Hormiguero contó la curiosidad que le causa la división de dos metros en las playas para guardar la distancia de seguridad.

Sin desafinar

Quizá por cercanía geográfica, el primero en pasar por la pequeña pantalla fue Julián López, quien según confesó Pablo Motos había tenido que anular “dos veces su visita por el coronavirus”. El conquense contó que ha pasado solo la primera parte del confinamiento: “Llevo bien estar en casa, pero no tanto, me está poniendo a prueba. He pasado por los estados de colocar armarios, tirar cosas, ver películas y series, leer tutoriales… Al final da tiempo a hacer muchas cosas”.

De repente, la entrevista giró hacia una vertiente casi inesperada, con la música como tema central. Motos quiso saber si el actor había retomado la actividad con su instrumento favorito: “La trompa la tengo un poco abandonada. Un amigo del conservatorio me dijo que era un buen momento, pero el día que me iba a poner tenía una infección en la boca. Sé que es un instrumento poco popular. Visualmente es muy bonito, cuando eres niño las cosas te entran sobre todo por los ojos, me llamaba muchísimo la atención”. Parte de la razón de este amor por la música le viene de familia: “Mi infancia ha estado marcada por la banda de música. Mis abuelos fueron músicos, tanto el paterno como el materno. Mira, tengo aquí una tuba que era de mi bisabuelo, tiene más de cien años”, contó.

 

Pero una de las grandes razones de entrevistar a Julián López era el estreno de la segunda temporada de la serie Justo antes de Cristo,  que según Motos “ha sido premonitoria, porque llevabais mascarillas”. “El 80% de la serie estaba en un set de grabación, había mucho polvo y la gente se ponía la mascarilla, pensabas que era muy raro y ahora forma parte de nuestras vidas. Cuando llegaba a casa me tenía que hacer lavados de nariz”, argumentó el invitado.

Yendo un paso más allá, el destino también tuvo un guiño con esta producción: “El segundo capítulo habla de una infección. El personaje que hago yo lo comienza a infectar y causa una pandemia. Se estrenó justo cuando comenzó el estado de alarma y la gente me comenzó a escribir para decirme que habíamos sido unos visionarios”.

Antes de despedirse mostrando parte de su colección de discos, el manchego confesó que es un verdadero maniático de la limpieza: “No, no puedo ver un cojín mal colocado, aunque sea solo una esquina. Si estoy con un libro o viendo una peli, lo detecto y trato de aguantar un poco, pero a los siete segundos ya voy a colocarlo. Me enfado conmigo mismo, pero soy un maniático”.

Solidaridad sin fronteras

A bastantes más kilómetros se encuentra el segundo invitado de la noche. Desde Washington, el chef José Andrés apareció con una mascarilla. Motos comenzó destacando su labor solidaria: está llevando comida a aquellos que no la tienen durante la pandemia, dando continuidad a una iniciativa que ya hacía antes con los más desfavorecidos. “Esta ha sido una emergencia como ninguna otra. No hay destrucción en ningún lado, pero se está viendo que tenemos una emergencia humanitaria en todo el planeta. Los restaurantes están cerrados, solemos dar de comer a los pocos, pero también queremos hacerlo con los muchos. Se están uniendo muchos cocineros de prestigio, damos más de 300.000 comidas al día en Estados Unidos, hay muchos voluntarios, y todo ello me llena de orgullo”.

Preguntado sobre el análisis de la gestión, el chef no quiso entrar en polémicas: “Ahora estoy más enfocado en buscar soluciones para que los productores no tiren sus productos porque no pueden venderlo, mientras hay gente que pasa hambre. Hay una falta de liderazgo mundial increíble. Los líderes solo se pelean, no traen soluciones, que es lo que estamos viendo. Todo el mundo viene diciendo desde hace años que venía una pandemia, Obama, Bill Gates… pero nadie ha sabido qué hacer y haber evitado tantas muertes innecesarias, y la respuesta ha sido más bien lenta”.

Dejando a un lado los planes gubernamentales, José Andrés se centró en explicar su labor solidaria: “Somos una organización que no tiene ningún  plan, porque cuando las cosas no van como has planeado nada sirve. Somos amigos de la adaptación. Nos fuimos a Yokohama a dar de comer a gente que estaba en un crucero, luego en Oakland…¿por qué? Teníamos experiencia con el cólera. Teníamos mascarillas e incluso estuvimos repartiendo en hospitales. Muchas veces no hay que hacer tantas reuniones y estar en la calle dando soluciones”.

Mientras se preparaba un Dry Martini con unas piparras, el chef explicó que el líder de Salud de Estados Unidos “no lo tiene fácil, porque no le escuchan”. “Ser líder ahora no es fácil, porque hace mucho que no pasaba algo similar, por eso es tan importante aprender un poco del pasado. Si lees libros de la época, ves que ya hubo decisiones bien tomadas y otras mal tomadas. ¿Cómo no miramos al pasado y aprendemos de ello? Eso no es una película de ciencia ficción, pasó hace más o menos un siglo. Necesitamos líderes que sepan de pandemias. Hay que saber ser líder por delante y por detrás, dar un paso a un lado y dejar a los que saben sobre algo”.

Al ser un personaje de gran relevancia en Estados Unidos, José Andrés está asesorando sobre cómo llevar a cabo una desescalada que califica de “compleja porque la política está en medio. A veces nos olvidamos de que la gente lo que quiere es que todos seamos unos y queremos políticos que nos representen a todos, hay decisiones que están muy politizadas. Lo único que hacemos es recomendar y luego que la alcaldesa de Washington tome decisiones. Pedimos que cierren ciertas calles y podamos servicio en ellas, no en establecimientos cerrados. El problema es cuándo, ahí es donde es complicado tomar una decisión correcta. Hay que escuchar a los expertos y tener consenso para que no confundir a la ciudadanía”.

Motos aprovechó la entrevista para tirarle de la lengua sobre Donald Trump (73). Tampoco en ese asunto quiso crear polémica José Andrés: “Estoy hablando con mucha gente de esta administración. Trump y su familia son gente de negocios. Estoy contento de la decisión que tomé y la volvería a tomar (en relación a no abrir un restaurante en un hotel que lleva el nombre del presidente). Pero ahora estamos con muchas ideas y hablando con el ministro de Agricultura para evitar que pescadores y agricultores no se queden en bancarrota y que a la vez no haya gente pasando hambre. Aquí es donde los políticos deberían tomar el liderazgo”.

Antes de despedirse, quiso mandar un mensaje de optimismo: “Todos juntos vamos a salir de esta y espero que, plato a plato, España salga adelante”.

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