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MasterChef Celebrity: Miguel Bosé le amarga la noche a una Lucía Dominguín destrozada por la Covid

Jesús Carmona 

La hija de Lucía Bosé ha regresado al programa justo en el día que se homenajea a los sanitarios… y las redes han cargado contra el cantante.

Ha sido, sin lugar a dudas, el momento más emotivo y desgarrador de la noche en MasterChef CelebrityLucía Dominguín (63 años) ha regresado al programa culinario de TVE junto al resto de expulsados de la edición para batirse en duelo y quedarse como repescada. Y lo ha hecho en una noche muy especial y significativa para ella y la familia Bosé: en la prueba de exteriores han querido rendirle un sentido y merecido homenaje a todos los sanitarios del país que han luchado, y continúan luchando, para salvar vidas en plena pandemia del coronavirus. 

El marco, claro está, no podía ser más doloroso para Lucía Dominguín. Hay que recordar que su madre, Lucía Bosé, fallecía el pasado 23 de marzo como consecuencia, precisamente, de la Covid-19. Maldita coincidencia. La vida y sus señales, a veces siniestras. Pese a ese carácter aguerrido y fuerte, tan heredado de su regia madre, Lucía hija apenas si ha durado unos minutos sin emocionarse. Ha sido escuchar las palabras “sanitarios” y “coronavirus”, y venirse abajo en un mar ingobernable de lágrimas.

 

“El coronavirus se llevó a mi madre. Joder, lo siento, pero bueno… Es que cada uno yo creo que lo ha pasado a su manera, pero es muy fuerte, han subido todas esas almas al mismo tiempo. Aquí estamos para pasarlo bien y que haya alegría, se lo dedico a mi madre. El llanto es por toda la gente que se ha ido”, han sido las palabras, rotas unas y otras balbuceantes, que Lucía ha expresado en el programa ante la mirada de Nicolás Coronado (32), también doliente. Muy difícil no empatizar con ella: Lucía Dominguín esta noche se ha metido en el cuerpo de millones de españoles que han pasado por ese duelo tan duro. El de perder, sí, pero en este caso doble: perder y no poder despedirte.

El problema ha venido cuando las redes sociales no solo se han quedado en el dolor, hondo, de Dominguín, sino que han dado ese temido paso más allá: se han centrado en la polémica postura negacionista que sostiene su hermano, Miguel Bosé (64). Y la empatía inicial ha trocado en indignación, enfado y rebelión contra el intérprete. Claramente, Miguel Bosé le ha amargado la noche a su hermana Lucía. Lo que se tendría que haber quedado en una noche emotiva, de reflexión, agradecimiento y luz y amor se ha convertido en un río de insultos hacia el cantante de Morena mía.

 

La mayoría de los espectadores no entienden cómo dos hermanos, ante una misma realidad, toman posturas tan opuestas. Corrijo: nadie comprende la actitud de Miguel y todos están con Lucía. Con la lógica y la cordura, añado. Se puede decir que, por desgracia, esta noche ha participado Miguel Bosé en las cocinas de MasterChef Celebrity. Bueno, mejor: ha participado en #MCCelebrity. El rey de la noche tuitera, mal que le pese, que le pesa, a Lucía Dominguín.

Y después de decir esto, tiro una lanza a favor de Lucía: también los espectadores y los que estamos en Twitter tenemos gran parte de culpa. Deberíamos aprender a separar a las personas como entes completamente individuales. A mí no me gustaría soportar la carga de la ignominia de mis hermanos. No, yo soy yo y mis circunstancias… pero no las de mis hermanos. Pues eso.

Y dicho esto, demos un poco de información. Se ha producido uno de los retos más esperados de cada edición: la célebre repesca, que ofrece la posibilidad de volver a los fogones del talent a uno de los aspirantes expulsados en las semanas previas. El marco para el desarrollo de esta prueba ha sido la finca que el prestigioso chef Mario Sandoval -restaurante Coque, dos estrellas Michelin- tiene en El Escorial.

Ha sido allí donde ha tenido lugar esta vez la prueba de exteriores, en un cocinado que ha servido como cariñoso y sentido y merecido homenaje a los sanitarios que han puesto y siguen poniendo su salud y su vida en peligro para luchar contra el coronavirus. Así, mientras los aspirantes se han encargado de la elaboración de los platos principales, los exconcursantes han sido los encargados de preparar los entrantes. Y de todos ellos, la que mejor ha resuelto la prueba, y por tanto se ha convertido en la repescada de la edición, ha sido Lucía Dominguín. ¡Me alegro por ella, después de esta noche tan dura!

Pero, ¡hablemos de la primera prueba! Que ha tenido tela marinera. ¡Menudo caos! Los aprendices han tenido que cocinar por equipos y en relevos individuales, y con el ingrediente estrella: el amaranto, un pseudocereal que, al igual que la quinoa o el trigo sarraceno, es buena fuente de proteína vegetal. Así lo ha vendido el siempre estupendo, haga lo que haga, diga lo que diga y se ponga lo que se ponga, Jordi Cruz (42). La prueba ha tenido, además, la dificultad añadida de que los concursantes no han podido ver cocinar a sus compañeros. Han estado aislados y se incorporaban al trabajo a ciegas. 

La noche ha estado amenizada por dos ‘viejas conocidas’ del programa: Anabel Alonso (55) y Bibiana Fernández (66), más conocidas como Las Retales. De esta prueba tengo que decir que, más allá de la misma en sí, me quedo con reacciones, gestos y enemistades soterradas. Ya saben mi lema: las cosas interesantes no están en la cocina. Flo (47) y Gonzalo Miró (39) no se aguantan, ¡no se pueden ni ver! Y no me digan eso de que hacen teatro. No, otros sí; ello, no. Ahí hay resquemor del auténtico.

 

Flo le dice a Miró que “tiene una flor en el culo”. Este le responde: “Lo único que hace este montón de mierda es contaminar el grupo. Estás quemado porque no vas a llegar a la altura de Santiago Segura (55)”. Y añade: “Flo tiene claro que quiere incendiar este programa y es un generador de mal rollo”. Entremedias, se suma Juanjo Ballesta (32): “Gonzalo las mata callando, hay que cargárselo como sea“. Uy, uy, cuidado. ¡Aquí hay roces de los buenos, de los de verdad! La prueba inequívoca es la cara de descuartizador que se le ha puesto a Gonzalo cuando Flo lo ha llamado calvo. No, definitivamente, no: no se pueden ni ver. ¿De dónde vendrá su enemistad? ¿De un pasado muy remoto? A ver, voy a llamar a… Seguiremos informando. 

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