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Comunidad Foral de Navarra

El paro se desboca en Navarra entre jóvenes con título universitario y anticipa otra fuga de talento

JUAN ÁNGEL MONREAL

4.375 MENORES DE 25 AÑOS SE HALLAN SIN EMPLEO EN LA COMUNIDAD FORAL, UN 53% MÁS QUE HACE UN AÑO

PAMPLONA – Los planes para hacer regresar el talento emigrado, esos anuncios que rara vez suelen sostenerse posteriormente con los datos, chocan ya con una nueva realidad. El impacto de la epidemia amenaza ahora a una nueva generación en Navarra, la de aquellos que han terminado recientemente sus estudios y que apenas llevaban unos meses en sus empresas cuando estalló el coronavirus. En los últimos seis meses el paro se ha desbocado en este colectivo y amenaza con generar una nueva oleada de emigración de jóvenes bien formados que busquen oportunidades de empleo en otros países.

“El desempleo tiene un impacto excesivo en las personas con titulación universitaria”, explica el Observatorio de la Realidad Social en su último informe, correspondiente al mes de septiembre. Así, pese a suponer apenas el 10,1% del total, con 3.869 personas con titulación universitaria en paro, en los últimos seis meses, el desempleo crece mucho más entre este colectivo (16,4%) que la media (2,1%). Y también lo hace con mucha mayor velocidad entre los más jóvenes (un 22,2%) que entre el resto de cohortes. De hecho, en este periodo el paro sube también entre el siguiente grupo por edad (25-34) y baja entre la personas de mediana edad (35-44 y 45-54 años). Repunta también de manera apreciable entre quienes se encuentran en los últimos diez años de su carrera laboral. Y la fotografía interanual, de septiembre de 2019 a septiembre de 2020, muestra un paro juvenil de nuevo desbocado, con un aumento superior 53%: 4.375 personas.

“Se vuelven a repetir patrones”, explican desde el Observatorio de la Realidad Social, que apunta tanto a las mujeres –el paro solo sube entre ellas desde marzo– como a los menores de 25 años como los colectivos que acusan de modo más grave este primer impacto de una crisis de duración indeterminada. “No es casual en ningún caso que coincidan estos colectivos con aquellos que participan de una situación más vulnerable en el mercado de trabajo y que, tradicionalmente, han sido los que primero han sufrido las diferentes crisis laborales”, explica el Observatorio.

Sucedió en 2008, cuando el primer embate de la crisis se llevó consigo a miles de empleos temporales, y vuelve a suceder ahora. Entre marzo y abril fueron despedidas cerca de 7.000 personas con un contrato temporal. Este empleo se ha recuperado ya en un 70%. Por el contrario, el número de empleados fijos a tiempo completo se ha mantenido prácticamente estable durante este tiempo.

Cada colectivo presenta sus peculiaridades y sus riesgos. Hay uno común, el de la reincorporación al mercado de trabajo en condiciones no solo de máxima precariedad, sino incluso de irregularidad. En el caso de las mujeres, vinculadas mayoritariamente al cuidado de los hijos, el Observatorio advierte de que existe el riesgo de un alejamiento gradual del empleo, al priorizarse “el mantenimiento de los cuidados dada la situación sanitaria de la vuelta a clase, frente al trabajo fuera de casa”. Esto último “añade más urgencia a la necesidad de buscar mecanismos correctores a partir del reforzamiento de los servicios de proximidad”.

En el caso de los más jóvenes el riesgo va más allá de una precariedad que cada vez se extiende durante más tiempo. “De nuevo –señala el Observatorio– tenemos un riesgo importante de fuga de talento”. No es nuevo. Entre 2005 y 2012, según los cálculos que hizo en su día UGT, la salida al exterior se multiplicó por tres en Navarra. Y ahora, advierten desde el Observatorio, la situación puede repetirse como consecuencia de tendencias de fondo que afectan a buena parte de los empleos. “O España aprovecha los fondos europeos para sumarse a la digitalización o los jóvenes volverán a marcharse para trabajar en aquellos puestos de trabajo disponibles y que, además, estarán mejor remunerados”, explican.

Navarra, advierten los expertos, no se encuentra en una mala posición de partida, con una tasa de desempleo relativamente contenida, pero que ya se resistía a descender en 2019. “Va a ser complicado que regrese a niveles del 5%, nos podemos encontrar con un paro estructural del 8%”, explican desde el Observatorio. Con un fuerte peso manufacturero, una garantía en momentos de crisis, las dificultades de Navarra para retener talento tienen que ver con carencias que no resulta sencillo subsanar. La falta de actividades de servicios de alta tecnología y elevado valor añadido, la escasez de centros de decisión y sedes centrales de empresas y la propia dinámica de la economía, con un crecimiento continuo de las grandes urbes, dificultan el empeño por retener a los jóvenes.

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