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«Te busco casa ‘okupa’ por 400 euros»

Un vecino de Calicanto pasa ante una vivienda con una pintada de protesta contra las ocupaciones ilegales. / D. TORRES

A. CHECA/ A. DASÍ

«Con una escalera y un destornillador estás dentro». Los residentes ilegales de los chalés de Calicanto ofrecen pisos por teléfono. «Yo me he puesto wifi. Hay grifos y de todo»

La impunidad con la que casi una decena de viviendas están ocupadas en la urbanización Marisán de Calicanto queda probada con conversaciones como esta:

–¿Cómo es tu piso, teta? ¿Está bien, con grifos y todo?

–¡Y con jacuzzi, nena! Nos sobran habitaciones.

–¿Y por el balcón puedo entrar?

–Si te aupan, claro. Y si no, con una escalera y un destornillador de esos duros, ya tienes casa.

–¡Qué lujo!

–Oye, te dejo, que vienen a ponerme el wifi.

El diálogo, real y ocurrido entre unos de los moradores ilegales de una de las viviendas unifamiliares y amigos o conocidos interesados en convertirse también en ‘okupas’, sirve para entender el enfado de los residentes de Chiva y Torrent, los términos municipales en que se halla ubicada la zona afectada por las ocupaciones y que les llevó a estallar el pasado fin de semana con una manifestación en la que lamentaron tener «más okupas que policías».

Tal y como ha podido saber LAS PROVINCIAS de fuentes vecinales, los ‘okupas’ han llegado incluso a pedir hasta 400 euros a personas interesadas en invadir una propiedad en la zona, como pago a su labor ‘inmobiliaria’ de búsqueda de inmuebles. Este precio varía si se trata de un piso o de un chalé y de sus características. «Esa casa es sólo de una habitación, no te interesa. La de detrás tiene más», llegó a recomendar uno de los ‘okupas’ de la zona a otro que le preguntó por un lugar en el que vivir.

La desfachatez de la que hacen gala los delincuentes es inmensa. No tienen problema ni en catalogarse como alguien que reside ilegalmente en una vivienda. «Aquí sólo viven seis personas. Cinco vecinos y yo de ‘okupa’. Todas las casas que hay son del banco».

Durante la manifestación que recorrió el pasado fin de semana las calles de Calicanto, los integrantes de la protesta se detuvieron a las puertas de muchos de los chalés ocupados. En ellos no sólo lucen instalaciones de wifi. Los moradores también se han instalado alarmas. Y muchos conducen vehículos de lujo. Una furgoneta Mercedes ha sido vista a las puertas de uno de los inmuebles y conducida luego por los asaltantes, como lamentan los residentes. Y no dudan incluso en cargar contra los vecinos, como si ellos fueran las víctimas: «Por culpa de los vecinos me quitaron el agua, me quitaron la luz, me hicieron un desgraciado».

«¿Hicisteis mucho ruido?»

En sus conversaciones, como ha podido saber este periódico, se interrogan unos a otros por la forma de entrar en las viviendas ilegales. «¿Tú hiciste mucho ruido al abrir la puerta?», es la duda que le planteó uno de los aspirantes a ‘okupa’ a un inquilino ya alojado. «¡Si yo no tengo ni llave de la puerta de fuera! Yo cada vez que llego abro con un destornillador», llegó a reconocer sin miramientos otro de los invasores.

Entre sus comentarios incluso se mofan de la policía. «Ellos (la policía) sabían que había abierto el piso, no se creyeron que me lo hubiera comprado», explica uno de los ‘okupas’. Y describe a una de las personas interesadas en el ‘alquiler’ de los chalés ajenos cómo plantó cara a los policías: «¡Quién es usted para detenerme!».

En sus conversaciones, como ha podido saber LAS PROVINCIAS a través de fuentes vecinales, incluso hacen gala del tren de vida que llevan, nada que ver con su condición de residentes ilegales. Hasta han llegado a enviar vídeos a otras personas para fardar de las casas en las que habitan. «¿No me puedes conseguir una Play por ‘el Amazón’ y ya te la pago?», es el recado de otro de los ‘okupas’ a un interesado.

Y es que los favores también sirven de moneda de pago entre ellos e incluso piden una rebaja por ser familia o conocido. Los inmuebles que con tanto esfuerzo han adquirido sus propietarios, parecen cartas de una baraja en sus manos porque los usurpadores no tienen nada que perder.

Por el contrario, la situación de desamparo legal que sufren los que siguen pagando la hipoteca de la que hasta ahora era su casa o de los que no pueden venderla con okupas dentro se convierte en un calvario tanto emocional como económico. La «impotencia» es el sentimiento que explicaba uno de ellos hace poco a este periódico, cuando tuvo que apartarse de la puerta para dejar pasar a los usurpadores a la que hasta hacía pocas horas era su segunda residencia.

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