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El aumento de menas en las calles de Barcelona fuerza al Govern a anunciar un plan de choque

El aumento de menas en las calles de Barcelona fuerza al Govern a anunciar un plan de choque

La denuncia del  párroco de la iglesia de Santa Anna, que acoge a un centenar de jóvenes migrantes al día, ha llevado al Govern a implantar medidas.

La Generalitat rebaja a 50 la cifra de menas durmiendo al raso en Barcelona, a los que se suman mayores de edad ex tutelados por la administración.

Decenas de jóvenes migrantes no acompañados menores, o que acaban de cumplir la mayoría de edad, están abocados a la calle en Barcelona. La parroquia de Santa Anna del Gòtic ha denunciado estar desbordada acogiendo desde hace tres meses a un centenar de menas al día, todos menores de 21 años, a los que permiten dormir, comer o beber para reponerse de las noches al raso.

El párroco de la iglesia, Peio Sánchez, ha puesto el foco público en la situación de urgencia que viven estos adolescentes, muchos con papeles de residencia pero sin los de trabajo, lo que les lleva a una espiral de exclusión de la que les resulta muy difícil poder salir y que suelen ignoran sus familiares en sus países, mayoritariamente Marruecos.

Amir lleva dos meses durmiendo donde puede tras salir de un centro de menas en mayo, al cumplir los 18. «A la tutora de la DGAIA hace semanas que no la veo», se quejaba este martes en los alrededores de la iglesia.

En todo el tiempo que llevan apoyando a estos menores, y a otras 150 personas sin techo que frecuentan cada día el hospital de campaña habilitado en  el templo desde hace dos años, no han recibido «ni una visita ni una ayuda institucional» de Generalitat o Ajuntament, reconoce Sánchez.

A la Generalitat solo le constan 50 menas en las calles de Barcelona Precisamente, este martes se acababa pronunciando sobre esta emergencia social la Direcció General d’Atenció a la Infància i l’Adolescència (DGAIA), que los tutela hasta los 18 años, para decir que les constan solo 50 menas durmiendo en las calles de la capital, unos 20 más que hace unas semanas.

La Generalitat salía así al paso de la polémica y anunciaba, en boca del conseller de Treball i Afers Socials i Famílies, Chakir el Homrani, un plan de choque de atención integral a estos jóvenes coordinado con el Consistorio y con Salut, que contemplará un refuerzo de la atención psicológica para dar respuesta rápida a los problemas de adicciones o de salud mental que pueden presentar estos chicos dada su vulnerabilidad. El párroco asegura que algunos jóvenes le han confesado ser víctimas de mafias de prostitución o de menudeo de drogas.

El Homrani también aludía este martes a un perfil «complejo» de  menores que «no quieren estar en el sistema de protección pública (las casas de acogida) y que se escapan del mismo, volviendo a las calles». Este se ha unido al de los chicos migrantes no acompañados de 18, 19 o 20 años que han llegado a Barcelona sin pasar por el sistema de protección y con una orden de expulsión, lo que complica su atención.

La DGAIA convocaba este mismo martes a una gestora integrada por Mossos, el Ajuntament, Salut y el Consorci de Serveis Socials de Barcelona para desgranar, caso por caso, los menores que viven en la calle en Barcelona. El Síndic de Greuges, Rafael Ribó, pedía a la DGAIA que le informe sobre el número de menores que haya detectado en esta situación y sobre las medidas para su protección.

«Los niños migrantes sin referentes familiares son, ante todo, niños y, como tales, tienen derecho a disfrutar del mismo nivel de protección que cualquier menor, como recoge el artículo 2 de la Convención sobre los Derechos del Niño», recuerda el Síndic Ribó.

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Peio Sánchez, párroco de Santa Anna: “Son menores y, a pesar de ello, siguen en la calle”

«Cada día pasan unas 250 personas sin techo, de ellos, 100 jóvenes menas de hasta 21 años. Les damos un lugar de descanso diurno, desayuno y contacto con educadores para derivarlos a servicios sociales. Notamos que sufren dependencia de sustancias, que son víctimas de redes de prostitución y menudeo y que son menores sin techo que, a pesar de ello, siguen en la calle».

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Anuar: “No podemos trabajar ni estudiar como los de aquí”

Anuar es de Fez (Marruecos)  y, tras la mayoría de edad, vive en un piso tutelado de Vilafranca del Penedès. Es mucho, teniendo en cuenta que a los 9 años saltó a Málaga desde Ceuta escondido en los bajos de un camión y que ha pasado por Francia, Alemania y Suiza: «Aquí hay dinero pero no oportunidades, no podemos trabajar ni estudiar como los de aquí», se lamenta.

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