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Los deliciosos furanchos gallegos: una tradición (para ir tirando) frente a la crisis

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Furanchos gallegos

  • Locales donde se vende excedente de vino de cosecha propia
  • El vino se acompaña de tapas tradicionales de Galicia
  • La temporada de los furanchos se prolonga entre diciembre y junio

También son conocidos como loureiros, cada vez ganan más adeptos y forman parte de la historia gastronómica gallega “desde hace más de 300 años”, explica Antonio Miniño, regente de uno de estos furanchos en Sanxexo. Unas viviendas privadas donde sus propietarios venden el excedente del vino de la cosecha propia, que se acompaña de algunos de los platos más significativos de la cocina gallega como la zorza -picadillo es la carne con la que se rellenan los chorizos-, la tortilla de patata poco hecha o los famosos pimientos de padrón. No son restaurantes ni bares, sector con el que tuvieron problemas, son una oportunidad para disfrutar de la Galicia más auténtica y una tradición que no es un negocio pero “es una ayuda para poder vivir en a crisis que estamos viviendo”, añade Miniño.

El actual decreto que regula la actividad de los furanchos, (215/2012, de 31 de octubre), define a estos establecimientos como unos  “locales utilizados principalmente como vivienda privada pero donde sus propietarios/as venden el excedente del vino de la cosecha propia, elaborado en casa para su consumo particular, junto con las tapas que, como productos alimenticios preparados regularmente por ellos/ellas, sirvan de acompañamiento”. La temporada se prolonga entre diciembre y junio, y cada uno de los establecimientos solo puede tener una actividad de tres meses de cada temporada.

 

En la clandestinidad durante muchas décadas, actualmente estos locales gozan de una exhaustiva regulación que controla su actividad. Antonio Miniño recuerda la época de los años 50 y 60 donde el sector de la hostelería y la restauración trataron de cerrarlos aludiendo a “competencia desleal”, explica. Miniño confiesa que de esta actividad consigue un dinero extra para la economía familiar, pero que no da “para un sueldo si quiera”. Por esta razón, no compartían que fuera competencia de la hostelería.

Por fortuna, esta costumbre gallega ha conseguido sobrevivir en el tiempo, ha conseguido una legislación con la que están conformes y sin duda son un atractivo que cada vez gana más adeptos de fuera de la comunidad y del extranjero porque son un refugio de la Galicia más auténtica. En concreto, Miniño cuenta que su furancho de Sanxenxo, importante localidad turística de esta comunidad, recibe a muchos clientes de todas partes de España.

El vino en los furanchos se toma en cunca, recipientes de cerámica con forma de cuenco que se emplean en las tabernas gallegas

Los furanchos son una oportunidad donde tomar el vino de cosecha propia a precio de euro o euro y pico y acompañarlo de algunas de las tapas más típicas, que también están reguladas. El decreto obliga a cada local elegir cinco tapas de una lista de diez, que son las que ofrecerá durante los tres meses de la temporada y que no podrá cambiar. Tabla de embutidos-quesos, pimientos de la variedad Padrón, oreja-chorizo, zorza-lomo, costilla, huevos fritos, sardinas o jureles a la brasa, callos con garbanzos o alubias, tortilla de patatas, empanada-empanadillas y roquetas son el listado de tapas que propone el decreto.

Además del vino y gastronomía, estos establecimientos gozan de un gran interés por su carácter hogareño. Antonio Miniño confiesa que la propuesta que hacen estos locales tiene mucho atractivo “para la gente de fuera” porque presentan a una Galicia auténtica y profunda. El vino en los furanchos se toma en cunca, recipientes de cerámica con forma de cuenco que se emplean en las tabernas gallegas, y son atendidos por los propios miembros de la familia que son propietarios del furancho.

Lo de Galicia profunda no solo hace referencia a la tradición sino también a la localización. Llegar a un furancho puede ser bastante complicado si no se conoce la ubicación ni la zona. Por ello, el portal web deFuranchos ha elaborado un listado ordenado por zonas para que sea más sencillo localizar estos establecimientos que suelen estar señalados con una hoja de laurel, también muy gallego.

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