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Vox o Ciudadanos, he ahí la cuestión

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El bipartidismo está ‘touché’ por la inoperancia y la corrupción. Habrá que pensar en recambios, sin precipitación ni aventurerismos, y al electorado decepcionado de derecha sólo le quedan dos opciones: Rivera o Abascal. Cada uno con sus pros y contras. No, no he dicho que sea fácil.

Esto no da más de sí. El bipartidismo ha quedado definitivamente ‘touché’ por la corrupción (la metástasis andaluza para el PSOE, el tumor de Gürtel para el PP) y la ineptitud (inoperancia e irresponsabilidad ante el desafío golpista).

El Gobierno de Rajoy no se ha ganado el pan: mentiras, traiciones a su electorado, mala gestión y corrupción institucional. No de esta o aquella persona, sino del Partido como organización. La sentencia de Bárcenas habla de “eficaz sistema de corrupción institucional”, lo que vincula las actividades del PP a los de una organización delictiva.

No es este el momento de tomar decisiones precipitadas, ni dejarse llevar por la estrategia oportunista de Rivera y Sánchez (que pretende encaramarse al poder por un atajo) para desalojar a Rajoy de la Moncloa. Ya saben: el ignaciano “en tiempos de tribulación, no hacer mudanza”… sobre todo ante una amenaza frentepopulista (con los apoyos del delincuente Puigdemont y el iluminado Torra) que dejaría a España al borde del precipicio. Rajoy es -ahora sí- el mal menor.

Menor, pero mal. Tan mal que habría que pensar en alternativas, de aquí al final de la legislatura (si no concluye antes de tiempo).

“El PSOE arrastra un pasado lamentable y el PP se ha desfigurado de tal forma que es casi una copia del PSOE”

¿Y qué es lo que tenemos? Bien poca cosa. El duopolio que se ha turnado en el poder desde la Transición no nos sirve. El PSOE arrastra un pasado lamentable y su actual líder es un peligro público. Y el PP se ha desfigurado de tal forma que es casi una copia del PSOE.

¿Alguien es capaz de ver las diferencias entre uno y otro? Servidor no ve ninguna: socialdemocracia; succión en modo Drácula de la clase media, dejando intacto el gasto del Estado; complicidad/pasividad ante el desafío secesionista; ingeniería social (aborto, ideología de género, memoria histórica); traición (a las víctimas del terrorismo); y -la guinda- corrupción del partido a gran escala (Filesa en el caso del PSOE, Gürtel en el caso del PP). Como dos gotas de agua. Le ha costado un tiempo, pero tras muchos esfuerzos, Rajoy lo ha logrado. Cualquier día anunciarán una fusión bancaria como aquellas del BBVA, BSCH… en este caso el PPSOE.

Nos quedan Ciudadanos y Vox. Las dos formaciones que -significativamente- están creciendo en las encuestas (aunque se silencien las del segundo) aprovechándose de la vía de agua del PP.

Ciudadanos tiene el enorme mérito de haber crecido en un hábitat hostil -la Cataluña secesionista-, de haber exportado su modelo a toda España y de convertirse en una alternativa frente al bipartidismo. Nadie lo hubiera imaginado hace sólo doce años, cuando se presentó a las elecciones autonómicas aquel líder de 26 años llamado Rivera que se atrevía hablar en castellano en territorio comanche.

Y cuenta con una aureola atractiva: centrista, tecnocrático, moderado, que recuerda vagamente a la UCD de Adolfo Suárez. Pero rascas un poco y ves que no es exactamente así.

Pese al coraje y la claridad de ideas de Inés Arrimadas, Cs ha sido ambiguo ante el desafío secesionista: en julio de 2017, Ciudadanos rechazó que se suspendiesen las entregas del Fondo de Liquidez Autonómica a la Generalitat si ésta usaba dinero público para financiar el referéndum ilegal del 1 de octubre. Y una vez celebrado el paripé no ha movido un dedo contra los golpistas, a diferencia de Vox que -desde fuera del arco parlamentario- y sin apenas medios ha sido el único que ha iniciado el proceso judicial con su denuncia ante los tribunales.

Lo cual resta sinceridad a las apelaciones de Cs a la unidad de la nación y abona la sospecha de que actos como el de España ciudadana tienen mucho de oportunistas.

En cuanto a la regeneración, conviene recordar que Cs es, como poco, cómplice del PSOE andaluz de los ERE, porque sin su apoyo Susana Díaz no sería presidenta. Y el PSOE andaluz es el partido involucrado en el mayor caso de corrupción de la historia de la democracia: el de los EREs fraudulentos. Gürtel a su lado es peccata minuta, las cosas como son.

¿Con qué autoridad reclama Rivera higiene democrática al PP, cuando su formación se ha convertido en un “cooperador necesario” del PSOE en la institucionalización de la corrupción en la Junta?

Tampoco en materia de derechos fundamentales se diferencia gran cosa de la izquierda más retrógrada (aborto, ideología de género, vientres de alquiler). Y lo de moderado le viene un poco grande a un partido que pretende legalizar la eutanasia encubierta.

Queda Vox. Con pros y contras. Estos últimos son bien conocidos: sin solera, sin experiencia de gobierno -y así es muy fácil dar lecciones de ética-, y con el baldón de su fracaso en su puesta de largo -las europeas del 2014-. Pero la principal rémora es la objeción que ponen los electores de derecha: votar a Vox es tirar el voto a la basura. Y siguen depositando su confianza en el PP, con la pinza nasal, perpetuando in aeternum el statu quo corrupto e inoperante.

Contra-argumento: Si los votantes del PP catalán y el PSC hubieran pensado lo mismo respecto a Ciudadanos durante los años de plomo del pujolismo, Rivera no estaría hoy donde está.

Vox es el único que tiene un proyecto de España, que ha plantado cara al golpismo ‘indepe’ y que defiende la vida y la familia

La cuestión es saber si el partido de Santi Abascal merece la confianza del electorado de derecha y si ofrece una alternativa. Juzguen ustedes mismos: frente al paisaje socialdemócrata caduco y las amenazas ‘frentepopulares’, Vox es la única formación que tiene un proyecto de España, que ha plantado cara al golpismo ‘indepe’, y que defiende la unidad sin ambages, la reducción del peso del Estado y su oneroso fardo de gasto  (poniendo coto al despilfarro autonómico), la reforma del partidismo con la supresión de las subvenciones, la revitalización de la sociedad civil y las libertades básicas de la civilización (la vida y la familia) frente a la cultura de la muerte y la ingeniería social.

Complicado dilema. Es comprensible el recelo del votante del PP de toda la vida ante los experimentos, y que eche sus cuentas y prefiera optar por lo viejo conocido. Está en su derecho. Pero que luego no se queje si el Titanic empieza a hundirse.

Servidor no tiene la respuesta. Simplemente describe el mapa.

Fuente: Actuall

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