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Sin Bertín, encerrada con su hijo y con ayuda familiar: hablamos con Fabiola sobre el coronavirus de Kike

Fabiola Martínez junto a Bertín Osborne y su hijo Kike en imagen de archivo. Gtres

Jesús Carmona 

La mujer del cantante relata cómo es el día a día de su hijo asintomático. Además, desvela la preocupación que siente su otro hijo, Carlos.

Fue el pasado sábado 19 de septiembre cuando la propia Fabiola Martínez (47 años), la mujer de Bertín Osborne (65), anunciaba la noticia a través de sus redes sociales: su hijo Kike Osborne (13) ha dado positivo en coronavirus. “Aquí estamos, después de tanto protegernos, cuidarnos, aislarnos y hacer todo lo que nos indicaban hacer, lo hemos pillado. Con este virus hemos de aprender a convivir como nos ha pasado con muchas otras enfermedades a lo largo de la historiaesta va a ser una más de la que habremos aprendido. Y con respecto a nosotros, os cuento que, increíblemente, quien lo ha pillado en casa ha sido Kike”, aseguró, fuerte y optimista como ella es.

Sin perder un ápice de sentido del humor, pese a lo serio de la situación. Tal y como Bertín Osborne aseguró en una reciente exclusiva, el mayor miedo de la familia en estos meses tan convulsos, inciertos y difíciles con la pandemia era que Kike, que sufre una lesión cerebral que le impide crecer con normalidad -y, por tanto, es población de riesgo-, cayera en las garras de la Covid-19. Pero, finalmente, y a pesar de todos los cuidados y extremos, el pequeño la padece. Para conocer cómo están viviendo estos días en casa, JALEOS se ha puesto en contacto con Fabiola, quien, siempre solícita y presta, responde: “Kike sigue sin síntomas. Se contagió aquí en Madrid y aquí seguimos confinados”.

Debido a su abultada agenda profesional, Bertín no está con su mujer y sus hijos en estos momentos, además de por precaución: “A Bertín le pilló todo en Sevilla grabando su nuevo programa de Canal Sur. Él no está confinado, gracias a Dios en el programa se hacen a menudo las pruebas y han dado negativo”. Osborne está lejos, y su familia lo echa de menos, pero se sabe que esto es algo temporal, ya habrá tiempo para los reencuentros y abrazos. Desde que Fabiola y los niños volvieron a Madrid desde Sevilla, donde se confinaron, “no hemos vuelto a ver a Bertín”, informa la venezolana. Teniendo en cuenta que el pequeño Kike requiere de unas atenciones específicas, Fabiola ha optado por encerrarse a cal y canto en una habitación con el pequeño, para ayudarle en todo y no contagiar a nadie. Insiste en conversación con este medio que todo está en orden y tranquilo, que todo va bien dentro de la evidente inquietud. Cuenta Fabiola que ha tenido que llamar a sus padres para que, mientras tanto, atiendan a Carlos, su otro hijo: “Carlos está en clases online y mis padres han venido para ocuparse de sus cosas”.

Él, muy protector con Kike, lo echa de menos y se preocupa. “El pobre echa de menos el contacto físico, los abrazos y los besos. Que en esta casa somos muy sobones”, explica la empresaria a este medio. Todos están muy pendientes de la evolución de Kike. Lo más importante en su caso es que continúe siendo asintomático. Pese a no estar presente físicamente, este periódico ha podido conocer que Osborne llama constantemente a casa durante sus jornadas de grabación y trabajo. “Es un padrazo y está descontando los días para poder reunirse con su familia. Está convencido de que Kike pronto lo pasará, es un campeón“, desliza quien bien lo conoce y lo trata.

El confinamiento de Kike

Hace tan solo dos meses, Fabiola Martínez concedía una entrevista a este periódico y desvelaba cómo lo habían hecho con Kike para continuar con las terapias propias de su enfermedad confinados en su finca de Sevilla sin poder salir. “La verdad es que hemos hecho parón absoluto, como todo el mundo. Por una parte nos vino bien. Parar mentalmente y darnos un descanso, pero en el caso de Kike descansar significa, en muchos aspectos, retroceder. Mis padres nos ayudan mucho, mi padre es muy constante además, y hemos hecho cositas, pero prácticamente nada”, empezaba relatando.

Y continuaba: “Como estamos en Sevilla, donde pasamos normalmente tiempo de recreo, no contábamos con nada ni nadie profesional que le diera terapia. Ahora lo hemos retomado, pero llevamos muy poco. No siempre los padres podemos hacer de terapeutas. Si el niño es pequeño sí que es posible hacerlo, pero con un niño como Kike que mide 1,70 y pesa 50 kilos, no es nada fácil. No se mueve solo, hay que cogerlo en peso… no es fácil hacerlo nosotros sin ayuda de un profesional”.

Pese a que la familia Osborne-Martínez es sólida y fuerte, y el matrimonio no conoce de fisuras, Fabiola no tuvo reparo entonces en hablar acerca de los problemas que pareja que suscitó la enfermedad de Kike. Lo hizo poniendo un ejemplo de su fundación: “Es uno de los talleres que hacemos desde la fundación, pero voy a comentar una anécdota para comprender la situación. Cuando anunciamos el taller a los padres de la asociación se apuntaron tres. El taller se llamaba ‘Comunicación en pareja’ y no era lógico que no hubiera interés porque sabemos que hay problemas. Le cambiamos el nombre, ahora se llama ‘Comunicación afectiva efectiva’, y se empezaron a apuntar. Es algo importante pero nadie quiere abrir ese melón. Hay matrimonios que llevan su mochila y su peso y aguantan, pero hay otros que les resulta tan pesado que finalmente la pareja se rompe. Hay muchos casos que cuando el niño nace así, uno de los progenitores se vuelca tanto que abandona su faceta como pareja, normalmente pasa a la mujeres, pero hay de todo. Hay un trabajo muy grande que hacer en ese aspecto“.

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