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Fin de semana

Four Seasons aterriza por fin en Madrid

VICKY VILCHES / FOTOGRAFÍA DE JAVIER SALAS

Es la gran inauguración hotelera de Europa. Tras una faraónica obra de 608 millones en el edificio que lo aloja, la cadena canadiense debuta en España con 57 habitaciones que pronto serán 200. La más espectacular, la Royal Suite, ubicada en lo que era el despacho del presidente de Banesto: 20.000 euros la noche.

Adrian Messerli tenía otros planes para 2020. Como tantos otros profesionales de la hospitalidad en este “annus horribilis”. Pero una llamada inesperada el pasado julio lo cambió todo. El veterano Christoph Schmidinger, responsable de la apertura del primer Four Seasons de España, pasaba el testigo sin haber podido inaugurar el hotel madrileño el pasado 15 de mayo como estaba previsto. Quince de mayo, San Isidro, patrón de la villa y corte. Un calculado guiño a la ciudad que tanto ha hablado de este largo proyecto, un gesto simbólico para subrayar la vocación del hotel canadiense de ser parte activa de la ciudad. Un añadido local y emocional a un cinco estrellas que tiene todo para asombrar: localización, edificio histórico, opciones gastronómicas y de bienestar de primer nivel, habitaciones y suites espléndidas y servicio excepcional. Para atraer a un cliente de alto poder adquisitivo a Madrid y para medirse con los nuevos competidores de la ciudad: Mandarin Oriental (antiguo Ritz) y Rosewood (Villa Magna).

Vista desde el patio. El hotel se distribuye en ocho plantas, con las habitaciones entre las plantas segunda y sexta.

El carismático y eficiente Messerli coge el relevo y se sube a este tren en marcha cuando entra en la recta final. A un barco más bien. Un barco que zarpa el 25 de septiembre. Miro el santoral de ese día buscando alguna nueva conexión. Sin éxito. Busco en efemérides. Veinticinco de septiembre de 1493: Colón parte de Cádiz en su segundo viaje a América. Veinticinco de septiembre de 1513: Vasco Núñez de Balboa descubre el Océano Pacífico. Todo conduce hacia las analogías navales.

También la singular estampa de ese mar de tejadillos que es Madrid visto desde la sensacional azotea del hotel, en la última planta del Palacio de la Equitativa, joya de la corona del complejo y espacio emblemático del Four Seasons. Por su forma y disposición, se le compara a menudo con la proa de un gran barco. Un barco varado en el corazón del Madrid histórico. El espacio más hermoso de la antigua manzana 265 de la villa y corte galdosiana, transmutado ahora en el Complejo Canalejas tras haber sido durante décadas epicentro del poder financiero de Madrid. Un conjunto de gran valor histórico y monumental que acoge, además del Four Seasons, 22 residencias ligadas al mismo, un amplio garaje subterráneo y la Galería Canalejas, elegante centro comercial de lujo con food hall cuya inauguración está prevista para los próximos meses.

Messerli (Berna, Suiza, 1978) ha cambiado el dique seco de Shanghai, donde cerraba el Four Seasons por reforma, para pasar al “a toda vela” en Madrid. “No es un Four Seasons más, será uno de los nuevos emblemas de la cadena. Sabemos que en España no se conoce bien nuestra marca. Pero también sabemos que cuando nos conocen, vuelven”, señala su director. Leva anclas con mascarilla y no precisamente con aguas calmas. Los principales mercados de la cadena canadiense esperados en España -Estados Unidos y México- no pueden visitarnos y la incertidumbre crece con los rebrotes y esa temida segunda ola.

Siete edificios históricos

Olas, oleadas, oleaje en el mar de Messerli. Aunque no lo parece. Porque en este barco impera esa energía especial de quienes emprenden una travesía ilusionante y largamente esperada. Lo he notado en el ambiente los días pasados en el hotel antes de levar anclas. Mientras se quitaban cintas y telas protectoras, se repasaban remates, se llenaba la piscina, se revisaban estrictos protocolos de salud y sanitarización, llegaban los uniformes, las vajillas de Rosenthal, las cuberterías de plata, antes de comenzar la travesía.

Exterior del edificio, con fachadas a las calles de Sevilla y Alcalá, junto a la Puerta del Sol.

Esta singladura empezó a escribirse hace siete años. Siete largos años de uno de los proyectos hoteleros y reformas más complejos que se recuerdan. Nunca se habían restaurado en Madrid siete edificios históricos en bloque para hacer un solo conjunto. Un conjunto de 46.000 m2 que luce en su mascarón de proa, en el chaflán de las calles Alcalá y Sevilla, el emblema de ese árbol con cuatro ramas de la compañía canadiense, cada una representado una estación del año: Four Seasons.

Se trata de uno de los símbolos más respetados en el mundo del lujo y exponente de la excelencia en el servicio. Y luce por primera vez en España justo donde hasta hace unos años figuraba el nombre de Banco Español de Crédito, que tuvo aquí su sede histórica.

La primera en establecerse allí, no obstante, fue, en 1886, la firma norteamericana de seguros “The Equitable Life Assurance Society of the United States”, conocida como la Equitativa. El arquitecto José Grases y Riera se encargó de un proyecto que buscaba, como era costumbre en las compañías de seguros, mostrar solvencia y generar confianza. Poderío elegante. El edificio fue adquirido en 1920 por el Banco Español de Crédito para su sede central. Previamente, en 1904, se había construido en la manzana la sede del Crédit Lyonnais, y en 1905 la del Banco Hispano Americano. Ya en la posguerra, en 1942, hizo lo propio el Banco Zaragozano. Grases puso en la fachada las emblemáticas 20 cabezas de elefante a modo de ménsulas. Son exactamente las mismas figuras que colocó el arquitecto catalán en el Teatro Lírico, hoy sede del Consejo General del Poder Judicial (CGPJ). Curiosa premonición, habida cuenta de los numerosos banqueros con causas judiciales en los últimos años en España.

El espectacular crecimiento del Santander y la adquisición de las mencionadas instituciones bancarias hizo que todo el complejo terminara en manos de la entidad fundada por los Botín, que decidió venderlos en 2012 a OHL por 215 millones de euros. Algunos llevaban años en desuso. Empieza entonces la larga y compleja travesía arqitectónica pilotada por el Estudio Lamela, no sin sus propios oleajes de diversa índole, con unos costes, incluyendo toda la infraestructura bajo tierra, de unos 608 millones de euros. Toda la manzana fue vaciada por dentro.

En este tiempo también ha habido marejada para el grupo propietario y al mismo tiempo promotor, OHL, que ha implicado el aterrizaje en el proyecto de nuevos socios por distintas vías: Mohari, la sociedad del empresario israelí canadiense Mark Scheinberg (fundador de Poker Stars) se hace con la mitad de la propiedad y los hermanos mexicanos Amodio, nuevos accionistas de referencia de OHL, se convierten al mismo tiempo en nuevos propietarios de un conjunto en el que colgó durante muchos años la bandera de EEUU, país de la Equitativa. La retiraron en 1898, durante la Guerra de Cuba. No era el momento de que ondearan las barras y estrellas en el corazón de Madrid.

La regla de oro

Por seguir con la conexión americana, si esto fueran las elecciones presidenciales de EEUU, se diría que los dos primeros espadas del hotel, Adrian Messerli y la madrileña Monica Eisen, subdirectora, forman el ticket perfecto. A pesar de su relativa juventud, el tándem atesora casi 30 años de experiencia en la cadena. En algunos de sus establecimientos más emblemáticos, del icónico George V al paradisiaco resort de Seychelles. Están al frente de un equipo de 254 personas, numero que irá in crescendo conforme el hotel vaya estando totalmente operativo, pues debuta con 57 habitaciones de un total de 200 (con precios desde 750 euros hasta los 20.000 de la formidable Royal Suite, ubicada en lo que era despacho del presidente de Banesto).

Interior de una de las habitaciones “Deluxe Alcalá”, de 50 metros cuadrados, con vistas a esa calle madrileña.

Si hay algo clave en esta compañía son las personas. Isadore Sharp, su fundador, fue en esto un visionario. Implantó la famosa “Golden Rule”, la regla de oro, que sigue rigiendo: “Trata a los demás como quieras que te traten a ti”. A clientes, a superiores, a inferiores, a proveedores, a iguales. La calidad y entrega de su staff es clave para entender su excelencia en el servicio, su capacidad para fidelizar a clientes y para atraer a los mejores profesionales a sus filas. “Para algunos puestos hemos recibido hasta 700 currículum”, señala al respecto Paloma Arias-Perero, responsable del departamento “People and Culture”. En la plantilla madrileña, relativamente joven, hay 29 nacionales.

Un dato a tener en cuenta: en algunos casos se ha seleccionado a personas sin experiencia. “Lo que más valoramos es la actitud y la capacidad de conexión humana. Si las detectamos, ya aprenderán con nosotros”, señala Arias-Perero. Uno de los aspectos que más me ha llamado la atención al observar a este “dream team” es el entusiasmo de los españoles que han llegado a Madrid de otros hoteles de la firma repartidos por todo el mundo: Doha, Londres, México, París, Bora Bora, Marrakech… “No es tanto por volver a casa como por mostrar por fin en España un nuevo modo de hacer las cosas”, concluye Monica Eisen, curtida los últimos 10 años en el George V.

Aunque no viene de la casa, sino del vecino Ritz, destila entusiasmo muy de Four Seasons Raúl Bermejo, jefe de conserjería. Hoy estrena uniforme, diseñado por Lorenzo Caprile, como el del resto del personal. Su puesto se encuentra en el amplio lobby, El Patio, que recupera su nombre del último uso de este gran espacio, antiguo patio de operaciones del Banco Español de Crédito. Hay en él muchos elementos recuperados y restaurados de antaño, como las columnas y los mostradores de mármol verde, y también otros nuevos, como la gran escalera, así como algunas de las muchas obras de arte repartidas por el hotel. En este espacio estuvo, en otro tiempo, la sala de lectura del Casino de Madrid y el Salón Heraldo, del diario El Heraldo de Madrid, donde, se servía “café a la flor y nata de la golfería madrileña”.

Baño de la Royal Suite, con bañera redonda de mármol y una pared revestida con piedra de ónix Viola.

Gastronomía y bienestar

Vuelven a su rotonda los cafés. Y la nata. Solo que de otra manera. El amplio espacio acoge un lobby bar que buscar ser ese lugar donde darse un capricho dulce, al estilo de lo que sucede en los hoteles palacio parisinos. El pastelero Carles Codina, con experiencia en el George V, viene con este cometido. Pero Madrid no es París. Falta la cultura hotelera de la capital francesa, de las grandes ciudades como Londres o Nueva York o de las capitales asiáticas.

Por eso se ha puesto especial esmero en estos elementos que pueden resultar especialmente atractivos a quienes viven en la ciudad: una variada oferta gastronómica y un impresionante centro de bienestar, como no hay otro en Madrid. “Nuestra vocación no es ser solo un spa, sino un club wellness al estilo de hoteles como el Ritz de París o el Dolder de Zúrich”, señala su responsable, Paulina Mercader. Sus 1.500 m2, su luz, su piscina, sus tratamientos, su espléndido solárium serán sin duda de gran ayuda para este propósito.

Como lo será para el nuevo espacio madrileño del chef Dani García disponer de la impresionante azotea en forma de popa que se abre sobre el Madrid histórico. Una terraza soberbia presidida por la cúpula bulbiforme llamada a ser espacio de referencia de la ciudad, con una oferta tipo brasserie desenfadada y relativamente asequible para este tipo de hoteles de superlujo (ticket medio 60 euros). Creaciones de su recetario y nuevas propuestas, al aire libre y en el brillante espacio interior obra del talentoso Martin Brudnizki.

“Lobby” del hotel, en lo que era el antiguo patio de operaciones de Banesto. Se han mantenido elementos como los pilares de mármol verde.

Del interiorismo del otro espacio gastronómico, Isa, se ha encargado la visionaria firma londinense AvroKo. Muestra su buen hacer al configurar unos espacios que nunca resultan desangelados, aunque haya poca gente. Un lugar ecléctico que entrará en funcionamiento más adelante con una fuerte apuesta por la coctelería y por las tapas asiáticas y que mezcla muebles de diseño escandinavo con réplicas de cuadros de Julio Romero de Torres. “Toques japoneses y guiños a la movida madrileña”, me indican. Madrid castizo y global. Madrid pasado y futuro.

Tiro de nuevo de efemérides. Veinticinco de septiembre. Nacimientos: Pedro Almodóvar, Carlos Ruiz Zafón. Y un Madrid con nuevas historias que contar. El barco está a punto de zarpar.

Four Seasons Hotel Madrid. Sevilla, 3. Madrid. Tel: 910 883 333. fourseasons.com

La cadena de Bill Gates

La historia repleta de logros de Four Seasons arranca en 1961 con un pequeño hotel en Toronto cuyo aspecto modesto solapa su gran baza: la excelencia en el servicio sin viejos envaramientos.

La mente detrás de esta idea es la de un entonces joven canadiense, Isadore Sharp, reconocido ya como uno de los hoteleros más importantes del siglo XX.

Es en Londres en los años 70 donde sienta los altos estándares de calidad por los que son admirados y lo hace con la ayuda de un excelente profesional español, Ramón Pajares.

Con la crisis financiera de 2007, Bill Gates y el príncipe saudí Al-Waleed bin Tatal compran cada uno el 47,5% del grupo. Sharp conserva el 5% restante. Hoy tiene 119 hoteles en 48 países. Su segunda incursión en España está anunciada en Marbella y hay indicios de que podría hacerse con la gestión del legendario Hotel Formentor, en Mallorca.

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