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Historia

Así conquistó y perdió España el Sáhara Occidental: del Señor de Lanzarote al avance republicano sobre África

César Cervera

Ya en el siglo XV, los españoles mostraron interés por asentarse en el litoral del Sáhara, pero hasta 1934 no tuvieron un control efectivo sobre el territorio del interior.

Frente al sepulcro de El Cid, en la Catedral de Burgos, Alfonso XIII pronunció a principios del verano de 1921 un entusiasta discurso donde se manifestaba radicalmente a favor de seguir con la «cruzada» en el Norte de África. El Rey prometía que con las conquistas africanas tendría España «bastante para figurar entre las primeras naciones del mundo». La obsesión de rehacer el imperio colonial a costa de tierras africanas marcó la política exterior en aquellos años donde la guerra dio escasos réditos y sí muchos disgustos.

Al discurso de Alfonso llamado con cierta sorna «El Africano» le siguió el Desastre de Annual, una catástrofe que no solo abrió una grave hemorragia en la red de fuertes que España controlaba en lo que hoy es Marruecos, sino que colocó a la Monarquía en una posición delicada. Por medio de un desembarco militar en la bahía de Alhucemas, el dictador Miguel Primo de Rivera recuperó cuatro años después el terreno y el prestigio perdidos derrotando a la República del Rif, pero no fue capaz de traducir estos éxitos militares en crédito político para él y para el Rey.

Antes de dar luz verde a la dictadura, el Rey Alfonso ya había confesado su malestar con las interferencias militares en la política: «Ustedes producen el desorden y luego soy yo quien tiene que sufrir las consecuencias».

Fue así como, en tiempos republicanos y no monárquicos o franquistas, el vasto territorio del Sáhara Occidental pasó a administración española

Ni Primo de Rivera ni Alfonso XIII vivieron en el poder para ver el territorio marroquí completamente estabilizado. La cruzaba hubo de esperar. En 1934, con la Segunda República en curso, las aguas bajaban al fin lo suficientemente poco revueltas como para que España tomara control efectivo de territorios que hasta entonces solo le habían pertenecido sobre el papel. Fue así como, en tiempos republicanos y no monárquicos o franquistas, el vasto territorio del Sáhara Occidental pasó a administración española.

Un largo interés por el Sáhara

Ya desde el siglo XV, los españoles mostraron interés por asentarse en el litoral del Sáhara. Su primer establecimiento sobre esta parte del litoral sahariano data de 1476, cuando Diego García de Herrera, Señor de Lanzarote, hizo edificar un fuerte que bautizó como Santa Cruz de la Mar Pequeña y que fue destruido más tarde por el sultán El Wartassi. La presencia castellana suscitó reclamaciones por parte de los portugueses, los cuales también habían realizado incursiones en la zona, por lo que se llegó a un acuerdo a través del Tratado de Cintra (1509) en el que se fijaban los límites de ambas naciones.

Los sucesivos sultanes de Marruecos reconocieron en diversas ocasiones que su poder no iba más allá del sur del río Nun, pero la realidad es que España no gozaba de una presencia real en la zona. Durante la incursión victoriosa de Leopoldo O’Donnell en 1860, que le permitió apoderarse de Tetuán y situó al sultán marroquí en una posición de completa sumisión, se firmó un tratado de paz que en su artículo octavo abría las puertas al control español del interior del Sáhara Occidental.

Sin embargo, tampoco la política de O’Donnell tuvo continuidad y hasta 1884 España no esgrimió internacionalmente sus derechos Como señala un informe del Ministerio de Defensa titulado «El conflicto del Sáhara Occidental», ese año «los objetivos del gobierno de Canovas del Castillo se centraron en el dominio de dos territorios concretos: la orilla sur del estrecho de Gibraltar y la costa africana opuesta a las Islas Canarias».

En octubre, concretamente, tuvo lugar el envío de una expedición militar dirigida por Emilio Bonelli, un alférez aragonés políglota, que buscaba adelantarse a las sociedades británicas que pretendían el dominio del territorio con el fin de explotar su riqueza pesquera. De esta manera, España pudo presentarse en la conferencia de Berlín que debía comenzar al mes siguiente, con pruebas irrefutables de que había ocupado efectivamente la región comprendida entre el cabo Blanco al sur y el cabo Bojador.

                                                                         La batalla de Tetuán (1863-1873), por Mariano Fortuny (Museo Nacional de Arte de Cataluña).

«Posteriormente, dos expediciones más, la de Álvarez Pérez, del Draa al cabo Bojador y la de Cervera-Rizzo-Quiroga, al Adrar Temar, lograron firmar tratados con los indígenas colocando bajo la protección española los territorios situados al norte y al este de dichos cabos. A partir de 1886 todos estos territorios quedaron incorporados a la Capitanía General de Canarias», explican en dicho informe el teniente coronel de Artillería Ignacio Fuente Cobo y el catedrático en Derecho Internacional Público Fernando M. Mariño Menéndez.

España pudo presentarse en la conferencia de Berlín que debía comenzar al mes siguiente, con pruebas irrefutables de que había ocupado efectivamente la región.

Ya entonces se conocía la riqueza pesquera de sus aguas, pero aún faltaba medio siglo para que se conociera la calidad de sus recursos naturales. En 1949, el geólogo español Manuel Alia Medina descubriría gigantescos yacimientos de fosfatos en la región de Bucraa. Fosfatos, hierro, petróleo y gas condenaron a aquel desierto en el intenso objeto de deseo de españoles, franceses, británicos y marroquíes. Años después, el Banco Mundial llegaría a calificar el territorio saharaui como el más rico de todo el Magreb y uno de los más valorados de África, debido a sus reservas minerales y lo abundante de su banco pesquero.

Un siglo XX convulso

A principios del siglo XX, España y Francia establecieron los límites definitivos de sus respectivas colonias en África, quedando acordadas las actuales fronteras del Sáhara Occidental. Tras el desastre de Annual, se produjeron una serie de acercamientos entre las autoridades españolas y los habitantes autóctonos del Sáhara Occidental para establecer una ocupación real de la zona. En 1934, el control militar saltó de la zona costera al interior, la más desértica, de modo que todo el territorio quedó bajo la administración española, en concreto bajo la Capitanía de Canarias. En el año que estalló la Guerra Civil en España, el Sáhara Occidental ya estaba firmemente controlada por las autoridades republicanas.

Los líderes de las tribus saharauis firmaron así un sometimiento amistoso que dio lugar al territorio conocido como «Sáhara Español», que incluía el Ifni. Este territorio pasaría en 1957 a formar parte de la provincia del protectorado español y se elevó, ese mismo año, como uno de los motivos de disputa entre España y el Estado de Marruecos, recién liberado del protectorado francés.

                                                                            La bandera americana ondea entre los participantes en la Marcha Verde sobre el Sahara Español.

Tanto aquel conflicto denominado la Guerra de Ifni como en otros encontronazos diplomáticos, ya sin balas de por medio, forzaron a la dictadura franquista a ir cediendo terreno. En 1960, una resolución de la ONU incluyó al pueblo Saharaui entre los pueblos colonizados con derecho a la autodeterminación y a la independencia. Ante los planes marroquíes de anexionarse todo el Sáhara español y el crecimiento de movimientos nacionalistas de liberación cada vez más violentos, Franco accedió a buscar una salida de España del escenario y a organizar un referéndum para cumplir con las peticiones de Naciones Unidas. Los importantes intereses mineros de las empresas españolas ralentizaron la retirada…

Con el dictador agonizante, el Rey Hassan II presionó a España y a la comunidad internacional con la llamada «Marcha Verde», auspiciada en parte por EE.UU.

Incidentes como el Levantamiento de Zemla, ocurrido el 17 de junio de 1970, obligaron a España a aplicar la fuerza contra el movimiento independentista y recordaron a Franco que se movía por arenas movedizas. Con el dictador agonizante, el Rey Hassan II presionó a España y a la comunidad internacional con la llamada «Marcha Verde», que fue auspiciada desde las sombras por EE.UU.

Esta invasión de 350.000 marroquíes, escudada por el ejército, sorprendió a España en un momento de transición, sin capacidad de responder a una maniobra que pretendía hacerse pasar por una iniciativa popular, pero que estaba respaldada por la inteligencia estadounidense.

Tras la salida de la tropas españolas del Sáhara, la población civil saharaui fue perseguida y bombardeada con fósforo y napalm por las fuerzas marroquíes. Miles de saharauis huyeron llevando en sus bolsillos documentos nacionales de identidad con sello español.

El conflicto entre Marruecos y el Frente Polisario se ha reavivado estas semanas tras permanecer tres décadas anestesiado por el acuerdo firmado por Naciones Unidas. La tensión sacude de nuevo el tablero regional, donde la mediación diplomática de España brilla por su ausencia.

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