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Historia

Hitler aprendió de su padre el antisemitismo y la mitificación de la cultura germánica

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Rosalía SánchezABC

En un nuevo libro, Roman Sandgruber llega, por primera vez, a conclusiones pasadas por alto por anteriores investigadores

En las primeras páginas de ‘ Mein Kampf’, Hitler menciona que su padre fue «un pequeño propietario rural pobre», pero nunca dio a su progenitor mayor importancia en público. Tampoco lo han hecho los historiadores, que hasta ahora habían escudriñado en las biografías de todos aquellos que rodearon al dictador nazi, desde su más íntimo círculo hasta su secretaria o su cocinera, sin reparar sin embargo en la figura de su padre, del que se ocupa ahora por primera vez Roman Sandgruber. Gracias a una detallada investigación y al hallazgo de docenas de cartas que Alois Hitler (1837-1903) escribió a máquina, como parte de su gestión de la propiedad rural, llega a conclusiones pasadas por alto por anteriores

investigadores.

Hitler, por ejemplo, no adquirió su odio a los judíos en su etapa de Viena, como concluyen muchas de sus biografías, que repetían la versión de su amigo de juventud, sino que aprendió el antisemitismo de su padre, una figura que habría influido en su formación y en su visión del mundo mucho más de lo que creíamos, según el libro ‘El padre de Hitler. Cómo el hijo se convirtió en dictador’ (Molden Verlag).

«Se unió a un club antisemita apenas dos meses después de llegar a Viena, cuando todavía no había ni terminado de instalarse», subraya Sandgruber, que ve en las ideas paternas la fuente de la que bebió el artífice del Holocausto. «Su padre siempre quiso ser un granjero culto, una especie de caballero rural por encima de los que tenía alrededor», dice Sandgruber, «sobreestimó su educación autodidacta y se sobreestimó enormemente a sí mismo, se veía como un hombre culto pero sus limitaciones son muy evidentes».

Sandgruber considera que Hitler heredó esa fascinación por una alta cultura que, en realidad, Alois desconocía y que multiplicó en su interior la sed de ascenso social de su padre, el primer escalador social de una familia muy pobre que apenas tenía para comer. Alois, de hecho, fue criado por un tío. En su partida de bautismo no figura el nombre de su padre, por lo que persisten las dudas sobre quién fue el verdadero abuelo de Hitler e incluso circulan versiones acerca de un abuelo judío.

Misterio

En las memorias del destacado abogado nazi y general gobernador de Colonia Hans Frank, dictadas en su celda de Nuremberg mientras esperaba al verdugo, éste aseguró que a finales de 1930 Hitler le había enseñado una carta de su sobrino, William Patrick Hitler, en la que amenazaba con revelar ese rastro de sangre judía en sus venas. Estos rumores fueron alimentados por el hecho de que Maria Anna Schicklgruber había dado a luz a su hijo Alois cuando trabajaba de cocinera en Graz, en la casa de una familia judía apellidada Frankenberger, cuyo patriarca pagó regularmente cantidades en nombre de su hijo, de unos 19 años en la fecha del nacimiento, hasta que Alois cumplió los 14. Hitler habría comentado a Frank, según relata éste en sus memorias, que su abuelo no era el judío de Graz, sino que su abuela y su posterior marido habían engañado a los Frankenberger para sacarles dinero.

También siguen rodeados de misterio los motivos por los que, en 1876, Alois Schicklgruber se cambia el apellido, el de su abuelo materno y con el que había sido inscrito en el registro bautismal, por el de Hitler. Cuando tenía cinco años, su madre se casó con Johann Georg Hiedler, un oficial molinero. Pero, tras la muerte de su madre en 1847, Alois no permanece con él, sino que es llevado a casa de un hermano de este, Johan Nepomuk. En cuanto cumplió la mayoría de edad se marchó a Viena y consiguió un modesto empleo en el Ministerio de Finanzas austriaco dese el que empezó un camino de progreso muy destacable para un hombre sin formación, en paralelo a una vida personal bastante agitada. En 1971, ya como funcionario, se traslada a Brannau am Inn, la ciudad donde nació su hijo Adolf y en la que accedió al puesto de inspector aduanero en 1875.

Odio a los judíos

Antes de este acontecimiento, Alois tuvo un primer hijo ilegítimo. En 1873 se casó con una mujer rica y con parientes en el funcionariado que enfermó y falleció al poco tiempo. Antes de la defunción, Alois tuvo un hijo con la criada de la fonda en la que vivían y con la que se casaría después. Cuando su segunda esposa enfermó de tuberculosis, Alois entabló relación con la criada que la cuidaba, Klara Pölzl, que sería la madre de Adolf Hitler. En 1892, Alois ascendió a recaudador superior de aduanas y la familia se trasladó a Baviera, llevando una vida de clase media acomodada en la que el padre era una figura autoritaria, dominante, distante e irritable, además de ausente. Pasaba las tardes en una parcela en la que practicaba la apicultura y se detenía a la vuelta en la taberna. El poco tiempo que pasó con su hijo sirvió para dejarle en herencia el odio a los judíos, un carácter iracundo impredecible, un estilo de vida de gran frugalidad y una desafección manifiesta por su familia. «Yo había honrado a mi padre, pero amado a mi madre», así resumió Hitler en ‘Mein Kampf’ la relación que ahora se desvela como profunda influencia en su pensamiento.

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