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Historia

Un experto analiza en ABC quién fue el general más letal de la Segunda Guerra Mundial en África

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Manuel P. VillatoroABC

Peter Caddick-Adams, profesor de Estudios Militares y Seguridad en la Academia de Defensa del Reino Unido, analiza las diferencias entre Erwin Rommel y Bernard Montgomery, las dos cabezas visibles de la guerra en el norte de África

Bernard Law Montgomery y Erwin Rommel fueron la cara y la cruz en lo que a mandos militares se refiere. Basta conocer los apodos que recibieron las tropas que comandaban en la batalla de Francia para comprender sus diferencias. La del británico fue conocida como la “División de Hierro” (la 3ª de Infantería) por lo molesta que era para el enemigo desalojarla de sus posiciones defensivas. La del germano, en cambio, no tardó en ser tildada como la “División Fantasma” (la 7ª Panzer) porque la velocidad a la que se desplazaba por el frente hacía que fuese imposible saber donde diantres se encontraba. Las suyas fueron dos formas diferentes de ver la lucha y la Segunda Guerra Mundial

. Mentalidades opuestas.

Con todo, para el doctor Peter Caddick-Adams, profesor de Estudios Militares y Seguridad en la Academia de Defensa del Reino Unido, la realidad es que sus vidas guardan más similitudes que diferencias. Por ello, ha titulado su obra más famosa como «Monty y Rommel. Vidas paralelas» (Ático de los libros). Porque, como ya demostró Plutarco hace nada menos que dos mil años mediante una fórmula similar (la comparación entre líderes militares bajo el mismo título –«Vidas paralelas»–), hasta los antagonistas acérrimos pueden compartir porvenires. Así lo explica el autor en declaraciones al diario ABC cuando nos hallamos inmersos en el 80 aniversario del nombramiento del general germano como cabeza visible del Afrika Korps.

Las similitudes entre Monty y Rommel se remontan a su juventud. Nacieron con cuatro años de diferencia y no pertenecían a familias de tradición militar. También participaron en la Gran Guerra, donde fueron condecorados con pocos días de diferencia. La dura contienda produjo cambios en ellos. El primero entendió que, para evitar las sangrías de fallecidos que generaba la estabilización de los frentes, se debía apostar por ofensivas rápidas e incisivas contra el enemigo. Al británico, las matanzas producidas por los asaltos masivos de infantería entre trincheras le hicieron convencerse de que la defensa y los avances con cautela eran la forma idónea de enfrentarse al contrario.

Según Caddick-Adams, «los futuros mariscales de campo conocieron de primera mano la altiva distancia de sus superiores en la Primera Guerra Mundial y, gracias a ellos, reaccionaron mostrándose próximos a sus aliados». No le falta razón. Monty, como repitió en más de una ocasión, adoraba estar en primera línea y dirigir a sus tropas ataviado con una gigantesca boina. Porque, según creía, cuando sus hombres veían aquel gorro negro sabían que su general combatía junto a ellos. Rommel no se quedaba atrás y siempre destacó por sufrir las mismas penurias que sus soldados en el norte de África. Calor, hambre, mosquitos, sed, dormir sobre la arena… Todo aquello lo padecía, sin queja alguna, para dar ejemplo.

Ambos libraron su particular partida de ajedrez en el norte de África. Rommel, desde el 6 de febrero de 1941 y, en principio, como un mero apoyo de las fuerzas italianas enviadas por Benito Mussolini (cosa que no tardó en cambiar). Monty, después de que el mismo Zorro del Desierto provocara la destitución de su predecesor a golpe de victorias en 1942. La jornada en la que comenzó un tortuoso camino salpicado de defensas heroicas como la de El Alamein, el británico expuso a los hombres del Octavo Ejército sus intenciones de forma clara:

«Los malos tiempos ya han pasado. Nuevas divisiones […] están llegando a Egipto, junto con amplios refuerzos para las divisiones aquí presentes. Tenemos entre 300 y 400 nuevos carros Sherman en camino y están siendo descargados en Suez […]. La orden del primer ministro es destruir a las fuerzas del Eje en el norte de África […] Y se hará. si alguien aquí piensa que no se puede hacer, que se vaya ahora mismo; no quiero gente dubitativa en nuestras unidades. Se puede hacer, y se hará, más allá de cualquier atisbo de duda. Entiendo que se espera el ataque de Rommel en cualquier momento. Excelente. Que ataque. Mientras tanto, nosotros comenzaremos a planificar una gran ofensiva; será el principio de una campaña que golpeará a Rommel y a su ejército hasta echarlos de África».

En un frente con un número mucho menor de efectivos que el soviético, Rommel Monty se enfrentaron en una contienda en la que la vida de los soldados era clave por la dificultad de transportar refuerzos hasta la zona. Y cada uno cometió sus aciertos y sus errores. El alemán, por ejemplo, palió en varias ocasiones la superioridad aliada valiéndose de los cañones antiaéreos Flak 88 para atacar los blindados enemigos, amén de otras tantas tretas como generar gran cantidad de polvo con sus vehículos para que los ingleses creyeran que se acercaba hasta ellos un inmenso ejército. Su homólogo, siempre cauto, supo defender posiciones clave y condenó al Zorro del Desierto a una guerra de desgaste.

La última similitud es que ambos obviaron, en muchos casos, las órdenes que les llegaban desde el mando central y apostaron por una guerra de caballeros. Al británico no le salió mal, pues se ganó el respeto de los aliados. Rommel, sin embargo, obtuvo a cambio de su desobediencia y de sus presuntas implicaciones en un atentado contra Hitler la muerte. Montgomery, que siempre tuvo un retrato de su antagonista colgado en el carromato en el que vivía en el norte de África y no dudó en llamar a su perro y a su caballo como el Zorro del Desierto, siempre sintió cierta tristeza por ello. «Me hubiera gustado hablar de la batalla de El Alamein con él. Peor está muerto, y esta historia no la podemos contar juntos», afirmó.

¿Fue África un frente secundario para ambos bandos?

A menudo se olvida que Alemania tuvo un Afrika Korps en la Primera Guerra Mundial para defender sus colonias y que nunca fue derrotado. Rommel se basó en esta tradición con sus soldados del desierto. Sin embargo, el norte de África era un frente secundario no planificado que Hitler nunca había previsto.

Envió a Rommel a Libia en febrero de 1941 para prestar ayuda militar a su amigo, el líder italiano Benito Mussolini. Hasta la invasión nazi de Yugoslavia, el 6 de abril de 1941, la de Rommel fue la única actividad militar en las noticias nazis, lo que le hizo famoso con rapidez. A partir del 22 de junio de 1941, el frente ruso se llevó la mayor parte de los recursos militares alemanes, en cuanto a combustible, personal, tanques y aviones. Por ello, Rommel acabó perdiendo la batalla de El Alamein en octubre-noviembre de 1942. Si Hitler no hubiera invadido Rusia, Rommel habría recibido más apoyo y habría tenido éxito en el norte de África.

¿Cuáles diría que fueron las características que hicieron grande a Rommel como militar en África?

En el norte de África, Rommel estaba alejado del control directo de Hitler o del Alto Mando alemán. Era su propio jefe y dirigía la campaña a su antojo. Aunque los británicos habían descifrado los códigos Enigma, lo que les permitía entender las órdenes de Rommel desde Berlín, el Zorro del Desierto desobedecía las instrucciones de Hitler. Por lo que hizo lo inesperado en la batalla con frecuencia, en contra de sus órdenes. Ambos bandos comprendieron que estaban en guerra tanto con el desierto, los insectos, el calor, las arañas y la falta de agua, como entre ellos mismos. En el norte de África se libró una campaña humana, lo que mejoró la reputación de Rommel.

La pregunta clave… ¿Quién fue mejor general, Rommel o Montgomery?

Ambos eran buenos, aunque de diferentes formas. Rommel prefería estar siempre en el frente. Se había labrado su reputación como comandante de combate en Italia en 1917, donde recibió el honor militar más alto de Alemania, el Pour le Mérite. Nunca fue a una escuela de oficiales para aprender a dirigir grandes formaciones o entender la logística. Fue un excelente comandante táctico de bajo nivel, el mejor de su generación. Siguió su instinto en el campo de batalla, no planificó ni ensayó nada con gran detalle.

¿Y cómo era Montgomery?

Montgomery era todo lo contrario. Era un oficial entrenado, reacio a arriesgar la vida de sus hombres, como había visto en la Primera Guerra Mundial. Por lo tanto, le gustaban las grandes batallas, con grandes cantidades de artillería. Todo cuidadosamente planeado de antemano, con enorme detalle. Luchaba según lo planeado. A diferencia de Rommel, rara vez era espontáneo. Sin embargo, Montgomery entendía los niveles superiores de las operaciones militares.

¿Superaba Montgomery a Rommel en algún aspecto?

Eran pares. Rommel era inspirador, un genio a nivel táctico. Montgomery era cuidadoso y experto en el nivel operativo de la guerra. En mi libro describí a Montgomery como “un miniaturista del siglo XVII, un retratista, con una atención meticulosa a los detalles”. Rommel, por el contrario, era como “un pintor modernista, que aplica grandes y audaces salpicaduras de colores primarios por instinto en grandes lienzos”.

Lo que no podemos negar es que Rommel fue mucho más controvertido. ¿Era un nazi fanático?

Rommel no era realmente un nazi fanático. En 1937, siendo un joven coronel, escribió unas populares memorias de combate de 1914-18 (La infantería al ataque, en alemán, Infanterie greift an), y envió una copia a Hitler. Hitler lo leyó, quedó impresionado y empezó a dar a Rommel ascensos preferentes. Así que Rommel utilizó inicialmente a Hitler para avanzar en su propia carrera, sin ser un nazi político. Era más bien su compañero de viaje.

Rommel nació en una época en la que el servicio militar en Alemania era una profesión de alto estatus, pero los oficiales tenían prohibido participar en política o incluso votar. Con la democracia de Weimar de los años 20, considerada responsable de una inflación devastadora, un elevado desempleo y unos salarios bajos, Rommel, como muchos de su generación, veía las opciones políticas para Alemania como una dura elección entre el comunismo y el nacionalsocialismo. Aprobaba los deseos de Hitler de humillar a Francia e invadir Rusia, pero no hay pruebas de que tuviera opiniones antisemitas. Sin embargo, todos los alemanes sabían que los judíos, los comunistas y otros eran detenidos en campos de concentración, aunque no lo que les ocurría en esos lugares.

¿Sabía las barbaridades nazis?

Como comandante del batallón de guardaespaldas de Hitler en 1939, probablemente estaba al tanto (como otros mandos militares) de la ejecución de civiles polacos y judíos por parte de las SS. Así que considero que Rommel era un soldado de carrera, que probablemente conocía los campos de concentración. Tal vez no en los primeros años, cuando estaba ocupado en Francia y África, pero desde luego cuando tuvo tiempo para reflexionar antes y después de la batalla de Normandía.

¿Estuvo Rommel involucrado en el intento de asesinato contra Hitler?

No hay pruebas de que Rommel estuviera involucrado de ninguna manera en el intento de golpe de Claus von Stauffenberg del 20 de julio de 1944. Es posible que los conspiradores se dirigieran a él como posible jefe del Ejército en una Alemania post-Hitler, pero nunca lo sabremos con certeza. Sin duda, Rommel habría estado en contra de un golpe de estado, porque recordaba la ruptura de la ley y el orden cuando los comunistas intentaron un golpe en Alemania en 1918-19.

En la década de 1950, a los antiguos subordinados de Rommel (en particular a su antiguo jefe de personal, Hans Speidel, un aspirante a general de la OTAN) les convenía exagerar la antipatía de Rommel hacia Hitler. La primera biografía (Rommel The Desert Fox, de 1950), convertida en un exitoso largometraje en 1951 con James Mason en el papel de Rommel, se hizo eco de esta historia, que llegó a ser muy conocida y aceptada.

Al presentar a Rommel como un mártir del Tercer Reich, los oficiales alemanes pudieron establecer un nuevo ejército alemán, el Bundeswehr, libre de acusaciones de crímenes de guerra, en el modelo del Afrika Korps de Rommel. Esto fue importante para Alemania y Occidente, ya que Alemania entró en la OTAN en 1955.

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