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En la guarida del “rey del cachopo”: las fotos de su siniestro escondite

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Alfonso Egea

La Fiscalía acaba de anunciar que pedirá 15 años de cárcel para César Román por asesinar y descuartizar a su novia. ESdiario muestra las imágenes policiales del escenario del crimen.

A César Román lo detuvo la Policía lejos de Madrid en noviembre de 2018. Todavía hoy, el que fuera conocido como “el rey del cachopo”, sigue huyendo aunque esté en la cárcel. Niega lo innegable gracias a la minuciosa investigación que reveló uno de los crímenes más terribles de los últimos años. O más bien habría que decir post crímenes, porque a día de hoy se conocen más detalles de lo que César le hizo a su novia después de asesinarla que lo que sucedió durante el trascurso del homicidio.

Eso es lo que provoca cierto desasosiego al conocer la petición de Fiscalía contra Román: 15 años de cárcel por homicidio y profanación de cadáver. Ajustado a derecho, sí, pero cuando uno repasa lo que sucedió aquellos días de agosto de 2018 y observa el escenario elegido por Román para deshacerse del cuerpo parece que 15 son muy pocos años para un tipo que se condujo con su novia como un vulgar carnicero.

En abril del 2018, Heidi, una joven hondureña de 25 años, conoció a César, 20 años mayor que ella. Un tipo de lengua suelta, algún que otro buen modal y un negocio que podría haberlo llevado a la cumbre pero que lo atragantó empresarialmente. El rey del Cachopo hacía ya tiempo que se movía más en la decadencia y las deudas que en los oropeles pero Heidi al parecer quedó prendada.

Los meses discurrieron hasta el caluroso verano en el que la joven hondureña, según la Fiscalía, garabateó un papel en la vivienda que compartía con César en la capital. En la nota Heidi avisaba de que se iba unos días porque tenía que pensar en la relación. Las broncas entre ambos eran ya muy habituales y varios testigos lo contarán en el juicio.

Algunos vieron como un bar acabó destrozado en una de esas trifulcas: Heidi acudió a un local al parecer a reclamar una semana de salario. César la acompañó, ese dinero les era al parecer muy necesario. La liaron muy gorda y llegaron a las manos. Con este panorama era cuestión de tiempo que Heidi escribiera aquella nota para César.

Pero a Román se ve que lo de la nota manuscrita le supo a poco y convenció a Heidi para que acudiera a su casa. Era 5 de agosto y la pesadilla que estaba a punto de desatarse le quitaría el sueño a cualquiera. El fiscal asegura que cuando Heidi regresó a la casa en la que vivía con César éste acabó con su vida. No indica cómo y es que eso es imposible de saber.

La descuartizó

César separó la cabeza y las extremidades del tronco de la mujer con la durante cuatro meses se hizo fotografías empalagosamente acaramelados. Solo él sabe dónde están los brazos, las piernas y la cabeza de la mujer a la que enamoró, porque nunca se pudieron localizar.

Sin embargo Román tomó una decisión tan tétrica como idónea a la postre para los investigadores. En medio de sus delirios de grandeza empresarial César Román alquiló una nave industrial en el madrileño barrio de Usera. Ahora sabemos gracias a la investigación que todo lo que César pretendía era evitar o al menos retrasar al máximo la identificación del cadáver de Heidi.

Con la familia de la joven en Honduras y con él como único nexo sentimental lo que necesitaba era ganar tiempo para poner tierra de por medio y quien sabe si librarse de ser detenido. Así que ante la expectativa de tan elevada recompensa tras un crimen la crueldad con la que debería emplearse no debía tener parangón. Y no lo tuvo.

César guardó el torso descabezado de su novia en una bolsa de basura y metió la bolsa en una maleta. A continuación llamó a un taxi. El conductor le contaría meses más tarde a la Policía que el bulto pesaba, seguro, por la dificultad con la que el pequeño César, el rey del cachopo es bajito, lo arrastraba por la acera.

El taxista condujo hasta la nave industrial y allí lo dejó. ESdiario tiene las imágenes del lugar al que Román llevó el cuerpo. Lo que sucedió allí según los propios investigadores que lo relatan a este periódico es difícil de leer sin estremecerse.

Si encontraban el cuerpo de Heidi, lo que quedaba de él, podrían identificarla. La mujer portaba dos implantes de silicona cuyos números de referencia quirúrgica llevarían a la clínica que se los implantó y de ahí a su ficha personal. César se los extirpó.

Se deshizo de un par de colgantes y trató de empeorar las condiciones de los tejidos corporales de Heidi arrojándoles sosa caustica. Como dice el fiscal del caso, al acusado nada le importó quitarle la vida a su pareja sentimental ni la deshonra que le ocasionó a su cadáver.

César dejó tras de sí el peor escenario posible. En la oscuridad de la sucia nave industrial abandonó los restos de su novia y redujo a cenizas sus objetos personales en el hueco del montacargas. Abandonó el lugar, cerró con llave y huyó a Zaragoza. Tan precipitada fue su huida que llegó a haber carteles de Heidi y de él mismo como personas desaparecidas. Cuando la familia de la joven dejó de recibir noticias suyas denunció y ambos fueron buscados activamente por la policía.

Los investigadores pronto sospecharon que encontrar a César era el camino más corto para averiguar qué le había sucedido a Heidi. Era imposible que la chica estuviera tanto tiempo sin comunicarse con sus hijos, dos niños menores, sin una explicación de peso. Desgraciadamente la explicación solo la tenía un tipo que en apenas unas horas tras el asesinato puso muchos kilómetros de por medio.

El 13 de agosto de 2018 un incendio provocado en la nave de los horrores descubrió los restos de Heidi. No había dudas, o César era también víctima de un macabro crimen o él era el responsable. La solución llegó en noviembre: la Policía entró en un restaurante humilde de Zaragoza. Un tipo bajito, con el pelo corto y la barba poblada se ocupaba de la cocina.

– “¿Eres César Román?”

– “Sí, soy yo”.

– “Quedas detenido”.

– La dueña del local delató a un tipo acusado de matar y maltratar el cadáver de una mujer que tenía la misma edad que su hija. Ahora ese hombre se enfrenta a 15 años de cárcel. Lo niega todo, dice que Heidi era una ladrona de droga y que ajustaron cuentas con ella. Llegó a negar que el torso que el mismo escondió fuera de ella. El ADN lo confirmó.

En breves fechas será César Román quien se siente ante un jurado para rendir cuentas por aquella jornada de violencia frenética no apta para estómagos sensibles.

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