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Interesante y curioso

En lugar de vacunar día y noche, la Administración se ha ido de vacaciones

Nadie tiene excusas para justificar el panorama sanitario en España: se ha vuelto a disparar la pandemia mientras las vacunas que llegan, muy pocas, no se ponen rápido.

Ya se puede afirmar, tristemente, que el balance provisional de la Navidad es dramático por la combinación de dos factores: los contagios y los fallecidos se han vuelto a disparar y, por el contrario, la esperanzadora vacunación se ha paralizado por la incapacidad general para poner las contadas dosis que llegan a España.

Está ocurriendo lo opuesto a lo cabía esperar, se había anunciado como propósito y desde luego podía exigirse : las autoridades sanitarias deberían haber evitado la tercera ola y, a la vez, convertido la distribución de la vacuna en un asunto de Estado, prioritario, sin nada que lo demorara por inaceptables razones de cualquier tipo, todas inexcusables.

La tibieza de las autoridades, empezando por las nacionales y siguiendo con las autonómicas, ha facilitado que los contagios alcancen ya los 272 casos por cada 100.000 habitantes y que, a la vez, solo se hayan puesto 82.000 de las 718.000 unidades de la vacuna de Pfizer enviadas a España, apenas un 11% de la remesa inicial.

Todo ello es consecuencia de haber antepuesto, una vez más, la propaganda fútil a la gestión rigurosa: Sánchez solo apareció para anunciar la llegada de la vacuna y patrimonializar la ilusión, con parecida frivolidad  que en verano le llevó a anunciar la derrota del virus.

Y las mismas consecuencias dramáticas, probablemente: una reducción de las medidas de autoprotección de la ciudadanía, fruto del agotamiento y del relajo inducido;  y una fragmentación de la gestión de la pandemia en cada Comunidad, como si el virus tuviera un comportamiento distinto en función del criterio del presidente regional de turno y no de su constatada letalidad general.

En lugar de tratar la vacunación como una “Operación militar”, la Administración se ha ido de vacaciones

Por todo ello se están celebrando 17 Navidades y estamos padeciendo 17 campañas de vacunación distintas, con unos efectos demoledores: desde Nochevieja se han detectado 30.000 nuevos contagios y 241 muertos.

¿Para esto impulsó Sánchez el estado de alarma más prolongado de Europa? ¿Para ser un mero comentarista externo que solo aparece para encarnar las buenas noticias y desaparecer a continuación?

El despropósito se agrava con la salida del ministro de Sanidad, Salvador Illa, en plena pandemia, equivalente a que el titular de Defensa abandonara sus responsabilidades en medio de una guerra o a que el capitán de un barco se marchara el primero en pleno naufragio.

Nadie se salva

Tampoco los presidentes autonómicos tampoco tienen nada de qué vanagloriarse, y no lo pueden solventar todo echándole la culpa a Moncloa: todos han demostrado una capacidad insuficiente y en este drama nacional nadie tiene excusas del suficiente peso como para exonerarse de nada.

La conclusión final es indignante. Mientras los expertos insisten en tratar la vacunación como una especie de “Operación militar“, movilizando los recursos que sean necesarios para inocular el antídoto sin demora; la Administración ha estado de vacaciones, subiéndose los salarios y fracasando, una vez más, con un estrépito inaceptable.

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