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Interesante y curioso

La Moncloa prepara el terreno para que Illa sustituya a Iceta en Cataluña

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Antonio Martín Beaumont

Aunque parezca mentira en el país con las mayores mortalidad y caída económica, Sánchez busca situar como cartel electoral al ministro que pone cara a los errores de la pandemia.

Desparpajo, desde luego, no le falta a este Gobierno. A pesar de ir dando tumbos durante la pandemia, de restregarse en el barrizal dramático del error tras el error y de sumar una gestión cargada de negligencias, su facilidad para difundir mensajes permite a los guionistas de Pedro Sánchez sacar pecho incluso por no ser capaces ni de contar bien los muertos.

Muchos creerán que tal manera de hacerse propaganda agranda la sensación de bochorno. Ellos no, por supuesto. Tanto es así que, abierto ya el telón electoral en Galicia y País Vasco, el presidente y sus ministros se permiten desembarcar en campaña apoyándose en su labor ante la crisis del coronavirus.

Escuchar su cerrada defensa del “mando único” o su exaltación del sistema público de salud como si fuese patrimonio exclusivo del PSOE da cuenta de hasta dónde puede llegar la impostura.

La irresponsabilidad de aquellos primeros días de marzo que agravó la pandemia en nuestro país de modo terrible es, para La Moncloa, asunto zanjado. La “nueva normalidad” llega para hacer borrón y cuenta nueva. “Con la información disponible, es difícil hacerlo mejor”, argumentó a su paso por el Senado Iván Redondo, jefe del gabinete del presidente.

El sanedrín gubernamental ha decretado el inicio de otro tramo de la Legislatura. En eso están todos… por difícil que sea creer que un velo de silencio vaya a hacer fortuna entre la gente después de más de 40.000 víctimas.

También el CIS de José Félix Tezanos nos sitúa en el mejor de los mundos posibles, deseosos de correr a posarnos en los brazos del “salvador” Sánchez, que ha conseguido que sigamos vivos 47 millones de españoles. Veremos si, cuando se disipe el actual “shock” por la tragedia, no comienzan a fluir las miserias de un Gobierno empeñado en dar la espalda a la cruda realidad de los últimos meses apoyado en la fanfarria política.

En ese empeño propagandístico hemos de empotrar también la aspiración de grabar en la mente de los españoles la figura de Salvador Illa. Desde el Palacio de La Moncloa se promocionan ahora cerradas ovaciones de su bancada en el Congreso de los Diputados.

Agradecimientos varios, no sólo por su dedicación y entrega, sino por su forma de hacer política buscando la unidad y el consenso, encuentran los altavoces mediáticos suficientes… como para darnos cuenta de que estamos ante una operación bien diseñada de lavado de imagen.

Las lisonjas han alcanzado el extremo de elevar a heroica su estancia en Madrid durante el estado de alarma, separado de su familia afincada en Barcelona. De hecho, la presencia del político catalán en la contienda del 12-J ya ha sido reclamada por las federaciones socialistas vasca y gallega como un “activo” electoral.

Poco importan, según parece, las ocultaciones estadísticas, el caos en la compra de material sanitario, los cambios de criterio, el burdo engaño de decir que el uso de las mascarillas no era imprescindible porque no tenían suficientes para repartir, los choques con compañeros de gabinete.

“Ha llegado la hora del desagravio” para Illa, aseguran desde la sede de Ferraz. ¿Y quizá algo más? Muy probablemente. En la mente de Pedro Sánchez siempre estuvo convertirlo en el sucesor de su valedor y amigo Miquel Iceta.

Al menos, impulsar su candidatura como cartel electoral en Cataluña. Con ese objetivo se le hizo ministro de un cascarón vacío de competencias como es Sanidad, después de formar parte de la comisión negociadora del PSOE con ERC que permitió alumbrar la investidura, además de ocupar un lugar preeminente en la mesa de diálogo con los separatistas. La pandemia convirtió luego “la bicoca” en un campo de minas.

El antecedente del 8M

Ciertamente, tanto brío “oficial” -o sea, impuesto- por condecorar a Salvador Illa ha vuelto a traer a la mente de muchos esa jugada de Sánchez para hacerlo candidato del PSC en una próxima convocatoria electoral, que ahora mismo se espera para octubre.

Claro que la crisis del coronavirus ha puesto patas arriba los planes. Sería muy difícil “vender”, incluso para los guionistas monclovitas, que con la preocupación que existe de que el maldito virus ataque de nuevo este otoño, un ministro de Sanidad estuviese, de la mano del presidente Sánchez, más atareado en cuitas electorales que en el bienestar de los españoles.

Aunque viendo cómo actuó el Gobierno con el 8M, dando preferencia a las manifestaciones feministas sobre la salud por razones ideológicas, cualquier cosa es creíble ya.

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