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Interesante y curioso

Sánchez ordena a los ministros del PSOE que acepten a Bildu sin rechistar

A.I.M.

El pacto muñido por Iglesias no se cuestiona, órdenes de arriba. El vicepresidente segundo va camino de salirse con la suya: azuzar la política de bloques y expulsar a Cs de la foto.

El viaje de no retorno que ha emprendido el Gobierno de la mano de Bildu ha abierto nuevas grietas en el seno del Consejo de Ministros. Que son extensión de las abiertas en el PSOE.

Varios ministros socialistas sostienen que no estaban al corriente de que el miércoles por la mañana Arnaldo Otegi iba a oficializar su apoyo explícito a los Presupuestos, con las consiguientes alharacas de Pablo Iglesias.

Es más. Alguno de ellos afirmaba en los pasillos del Congreso, por lo bajo, que más le habría valido al vicepresidente segundo disimular su euforia, tratándose de un partido que jamás ha condenado los atentados de ETA ni tiene intención de hacerlo.

Pero Iglesias tiene desde el principio su propio plan: azuzar la política de bloques y expulsar a Ciudadanos de la foto de los Presupuestos, por más que Inés Arrimadas esté dispuesta a tender la mano hasta el final. Este jueves ayudó al vicepresidente en esa tarea Gabriel Rufián: “Es mentira que se pueda pactar con Esquerra y Ciudadanos”, sostuvo el portavoz de ERC.

El suyo, el del partido de Oriol Junqueras, será probablemente el siguiente apoyo que amarre el Ejecutivo. Si es que no lo ha hecho ya, como todo apunta.

Entretanto, los ministros del PSOE han recibido la consigna de cerrar filas en torno al pacto con Bildu, aunque no les guste, con el argumento de que una situación de emergencia requiere unos Presupuestos con el máximo apoyo posible, llámese Bildu, ERC, Cs o PNV. “Nos va la vida en estos Presupuestos”, aseguró la titular de Política Territorial, Carolina Darias.

José Luis Ábalos, por su parte, fue más allá del guión monclovita y llegó a hablar de “normalización democrática”. E incluso evocó la transición y sus pactos entre distintos.

Fernando Grande-Marlaska sí estuvo este jueves en el hemiciclo, pero no quiso hablar para las cámaras. Él, que llegó a ser un objetivo del comando Vizcaya, que ordenó la entrada en prisión de Juan Ignacio de Juana Chaos y dos veces la de Arnaldo Otegi como dirigente de ETA e inductor de un centenar de actos de kale borroka durante una huelga convocada por Batasuna -años 2005 y 2006-.

Él, Grande-Marlaska, que instruyó el caso del chivatazo a ETA del bar Faisán y desmanteló Segi (una “auténtica academia terrorista”, según sus palabras). Él, también él, tendrá que poner buena cara a Bildu.

Los herederos de Batasuna quieren que, tras su sí a los Presupuestos, se concrete el acuerdo que alcanzaron con el PSOE y Unidas Podemos en mayo para derogar los aspectos “más lesivos” de la reforma laboral. La semana pasada ya hubo reunión de la ministra de Hacienda y del secretario de Estado de Derechos Sociales con los portavoces de Bildu en el Congreso, Mertxe Aizpurua y Oskar Matute.

En paralelo, y mientras los Presupuestos continúan su trámite parlamentario, los socialistas intentarán mantener viva la llama de Cs, al menos en las apariencias. No ocultan que el sí de Bildu sería más masticable para la opinión pública si va acompañado de un sí de Arrimadas. Aunque parece misión imposible.

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