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Sánchez pone en pausa la democracia española y se dota de poder casi absoluto

ESdiario

El estado de alarma hasta mayo parece venirle mejor al presidente para mandar sin dar explicaciones que para controlar la pandemia, desatada de nuevo tras su fracaso en marzo.

El Congreso ha concedido poderes absolutos a Pedro Sánchez hasta el 9 de mayo, aprobando un insólito estado de Alarma hasta la primavera de dudoso encaje constitucional, cuestionable eficacia sanitaria y rotundo fracaso democrático.

Cuando más consensos hacían falta, y más respeto a las instituciones, el presidente optó por congelar el Estado de Derecho, atribuyéndose poderes casi ilimitados; y por despreciar a la oposición, al Parlamento e, incluso, al Poder Judicial.

La imagen de Sánchez en silencio mientras Illa reclamaba para él poderes absolutos y el plantón que le dio al Congreso cuando iba a intervenir la oposición, lo dicen todo del delicado momento que atraviesa la democracia española y de la escala de valores de quien ostenta la presidencia.

El Gobierno se reserva poderes casi totales pero desecha el mando único, que lo tiene y no es delegable según la Ley de Salud Pública, para cargarle todo el trabajo a las Comunidades Autónomas y reservarse, eso sí, la última palabra cuando lo estime oportuno.

Sánchez tendrá casi todo el poder hasta mayo y casi ningún control, poniendo la propia democracia en cuarentena

Una contradicción que provoca una sensación generalizada de improvisación y se resume con el caso de Madrid: cerrará sus fronteras los festivos del puente, pero no los laborables; mientras las limítrofes Castillas aplican el cierre perimetral de lunes a domingo.

La letra de la ley de los estados de alarma, de sitio o de excepción permite su extensión durante seis meses forzando su interpretación hasta los límites. Pero su espíritu es poco compatible con la intención que Sánchez tiene: concentrar la capacidad de mando cuando quiera, al margen de controles judiciales y parlamentarios, y delegarla para lo que quiera también.

Las Comunidades tendrán la capacidad de gestión y la “culpa” llegado el caso, pero no la decisión final en nada. Eso explica que Cataluña o el País Vasco hayan apoyado a Sánchez: creen que les delega todo el poder y eso estimula a los partidos nacionalistas. Pero también le permite volver a intervenir en Madrid, por ejemplo, cuando lo considere oportuno: es una falsa delegación, además de un despropósito sanitario que fragmenta la gestión de una crisis sanitaria internacional en parcelas de poder autonómicas.

Sánchez ha impuesto el estado de alarma con los mismos partidos de su investidura y de la previsible aprobación de los Presupuestos. Y el único complemento, muy difícil de entender y de explicar, de Ciudadanos. Y si esa alianza de los mismos con la vitola de Frankenstein siempre es inquietante, ¿cómo no va a serlo mucho más con los controles reducidos a la nada?

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