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Interesante y curioso

Si alguien justifica la violencia en España desde hace años es Podemos

ESdiario

Los bochornosos altercados en toda España no representan más que a la ruidosa minoría antisistema, de cualquier color, que nadie ha alimentado más que Pablo Iglesias.

Resulta indignante que el partido que más han blanqueado, justificado o incluso incentivado la violencia, en sus distintas versiones, la utilice ahora para criminalizar a rivales políticos caracterizados precisamente por lo contrario.

Podemos se entiende con Bildu, ha implantado los escraches en España, ha insultado a los Cuerpos de Seguridad hasta la náusea, ha llamado “jarabe democrático” a todo tipo de excesos y, entre otras lindezas, ha respaldado a asesinos como Rodrigo Lanza y a linchadores como los condenados de Alsasua.

Con ese historial, su credibilidad democrática es nula. Y su obligación de hacer penitencia para restituirla, extrema. Que en lugar de comenzar ese proceso de restitución se dedique a acusar a VOX de los disturbios ocurridos este fin de semana en toda España, es inadmisible.

Lo ha hecho Pablo Iglesias, todo un vicepresidente segundo del Gobierno, adjudicando la ola de vandalismo nocturno al partido de Abascal. Y lo ha rematado su mano derecha, Pablo Echenique, señalando además al PP y a Ciudadanos.

El propio Ministerio del Interior y los mandos policiales han dejado claro que las algaradas no tienen un convocante oficial ni obedecen a una organización sincronizada en toda España. Y las imágenes dejan clara la amalgama anárquica de radicales de todo signo, con preponderancia, en todo caso, de los que gritan “Gora ETA” o se presentan como “anticapitalistas“.

La adjudicación de la violencia a los rivales puede ser otro paso más en la hoja de ruta liberticida del Gobierno

Huelga decir que toda violencia es repudiable por definición y que ninguna causa la justifica.  Y huelga decir también que la protesta pacífica es legítima, con las debidas medidas de protección y siempre y cuando sea posible con un panorama sanitario cercano ya al drama. Pocos Gobiernos han dado tantas razones para la queja. Pero pocas veces el contexto es tan adverso como para demorarla si es necesario.

El empeño de Podemos en señalar a sus contrincantes no parece inocente. De un lado, consigue estigmatizar el conjunto de las protestas, como si todas fueran una manifestación de violencia y no el indicio del abrumador malestar contra el Gobierno de ciudadanos normales.

Y de otro, parece adecentar una hoja de ruta liberticida en la que el Gobierno, al calor de la pandemia, se guarda los poderes máximos mientras ejerce las competencias sanitarias mínimas. ¿Acaso al estado de alarma se le quiere añadir un grado más de restricciones que, con la excusa médica, restrinja el derecho a la protestas y reduzca aún más los controles democráticos sobre Sánchez e Iglesias? La pregunta, como mínimo ya, es razonable.

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