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Interesante y curioso

Una historia para entender el milagro italiano con el covid-19 y el fracaso español

Los italianos no han sido más precavidos que los españoles, no llevan más mascarilla ni cumplen mejor la distancia social. El éxito podría estar en la larga y rígida cuarentena

¿Qué ha pasado para que en marzo medio mundo se preguntara por qué Italia tenía más muertos y contagios que nadie y en septiembre se haya convertido en el país con menos casos del entorno europeo y sus medios publiquen reportajes donde señalan el peligro de estar rodeados de países con altas tasas de covid-19? Hay dos formas de intentar explicar esto: los números y la calle, lo que pasa cuando se baja al supermercado, se sale a cenar o se coge el coche y se va de vacaciones. A menudo, la segunda realidad está llena de matices complicados de entender con tablas matemáticas. Juntando ambas cosas, calle y números, la conclusión parece apuntar a que quizá la respuesta no esté en lo que ha pasado entre junio y septiembre en Italia y España, sino lo que pasó entre febrero y junio. Vayamos desmenuzando estos meses para tratar de entenderlo.

Sobre las frías cifras, Italia acumula algo más de 300.000 casos de covid-19 confirmados, de los que han fallecido 35.738 personas. España, por contra, acumula más del doble de casos confirmados que Italia, algo más de 682.0000, de los que han fallecido 30.904. En Italia se han realizado más de 10,57 millones de test de diagnóstico (el 21 de septiembre solo, más de 87.000) y en España, 11,1 millones (600.000 más que en Italia con una población 13 millones menor). El 21 de septiembre, Italia comunicaba apenas 1.392 contagios y 13 muertos. España, 10.799 contagios y 241 muertes. Diez veces más en el caso de los contagios, casi veinte veces más en los fallecimientos.

Comparando la realidad de ambos países, surgen varias preguntas: ¿Qué ha pasado para este actual desnivel? ¿España lo ha hecho muy mal o Italia lo ha hecho muy bien? ¿En qué se basa el “milagro” italiano?

¿Los muy responsables italianos?

Desde casi el inicio de la pandemia, los virólogos alertaron de que hasta el momento solo había una vacuna efectiva: lavarse las manos, precaución, distanciamiento social… Aquel famoso ‘quédate en casa’. “En nuestro país no han regresado los casos de contagio por covid-19 de marzo, pero hay que tener cuidado y no bajar la guardia porque el virus se está transmitiendo de jóvenes a adultos y las hospitalizaciones también están aumentando en Italia”, decía recientemente Walter Ricciardi, uno de los expertos claves del Ministerio de Sanidad italiano en la estrategia de lucha contra la pandemia. España no solo ha llegado a las cifras de contagios diarios de marzo, sino que las está superando. ¿Por qué en Italia no se ha llegado ha replicado esa “segunda oleada”? Este experto, como han señalado otros, habla de “las medidas sociales de distanciamiento, uso de mascarillas, lavarse las manos…” como las claves italianas de esta contención. Es decir, Italia no tiene una estrategia distinta, médica o social, a la del resto de Europa, incluida España, para contener el virus. Sencillamente la habrían cumplido mejor.

¿Es cierto que en Italia se ha sido más estricto en seguir y cumplir las normas anticovid? La respuesta, desde el terreno y tras viajar por buena parte del país de norte a sur desde el mismo momento en que se produjo la reapertura de tránsito entre regiones, es rotunda: absolutamente no.

Hagamos un somero resumen de estos cuatro meses. El mismo primer fin de semana de la reapertura, Venecia era una ciudad casi vacía de turistas y con unas normas anticovid que se estrenaban y ya enseñaban desbarajustes como ‘vaporettos’ cargados hasta los topes de personas que iban hacinadas de pie pero con un obligatorio distanciamiento entre los bancos para los que iban sentados. En una de las regiones más golpeadas por el coronavirus en Italia, mucha gente no llevaba mascarillas al salir a las calles y no había ningún pánico social, cuando no había pasado aún una semana de la reapertura.

En Roma, en los cuatro meses desde la reapertura, ha habido una gradual rebaja de las precauciones y un absoluto descontrol en el cumplimiento de las normas. Hay restaurantes en los que las mesas están hacinadas, sin apenas separación y donde pasan un paño mojado para desinfectar las mesas, y restaurantes muy concienciados, que mantienen todos los protocolos y que en algunos casos han ido también perdiendo fuelle al ver a sus vecinos hacer caja con su aforo al 100% y ellos a un 50% sin que pasara nada.

El centro histórico, con una rebaja de turistas, tiene determinadas zonas llenas. El sábado 5 de septiembre, en la céntrica Campo di Fiori, decenas de personas bebían en la calle y los restaurantes estaban atestados, sin la separación requerida entre las mesas. Llegaron tres agentes con un metro de los de costura a un restaurante, se pusieron a medir lo que a simple vista era ya evidente, que no había ni 80 centímetros entre las mesas, hasta que salió el dueño, habló con ellos aparte y recogieron su metro de costura y dejaron la terraza y la plaza abarrotada de personas que incumplían las normas. Una coreana, residente en Berlín y de visita en Italia, definió la escena como “impactante”: explicaba que, en Corea, donde no había habido un confinamiento como el italiano, “una plaza así es imposible de ver. Cuando yo fui a ver a mis padres un mes, ya en el aeropuerto nos dividían por la zona de destino y nos mandaban a un hotel, donde esperas el resultado de la prueba. Si haces cuarentena por contagio, el Gobierno te manda a casa la comida imprescindible para que no salgas”, contaba como si narrara una película de ciencia ficción.

Esa escena de Campo de Fiori se repite por toda la ciudad, las normas se cumplen a gusto del dueño del restaurante o tienda, también hay gente escrupulosa y responsable, y es curiosamente en los museos, conciertos, teatros… el sector cultural, lleno de restricciones, donde en la capital y el resto del país se es más estricto en cumplir a rajatabla la normativa.

En la región de Puglia, a principio de julio en ciudades como Trani daba casi vergüenza llevar la mascarilla, playas de Salento como Las Maldivas donde se hacía una larga fila para dar los datos de los clientes y se acababa en una abarrotada zona de tumbonas, sin cumplirse de facto la separación reglada, y sin ver una mascarilla en la boca de nadie en la atestada orilla. En la ciudad de Matera, región de Basilicata, la plaza del ayuntamiento era un escenario parecido al de la salida de un concierto, con cientos de personas bebiendo en grupo y sin protección. “Algunos restaurantes cumplimos la norma y hemos vaciado el 50% del aforo y otros no lo están haciendo. El cierre luego será igual para todos”, confesaba Matteo, el dueño del Trabuco di Monte Pucci, en la zona del Gargano a mediados de junio.

La calle entre España e Italia

En las entradas al país, la precaución ha sido irregular en el tiempo. “Hemos pasado el control del aeropuerto de Fiumicino sin que nadie nos hiciera una pregunta y, de hecho, no hemos podido entregar la hoja con nuestros datos que nos hicieron rellenar porque no había nadie a quién dársela”, afirmaban unos madrileños de viaje a Roma a principios de agosto. Paseando por Roma y Florencia, se sorprendían de “nadie lleva la mascarilla puesta por la calle y no se separan al caminar. En Madrid lo raro es no ver mascarillas o pasar junto a alguien”.

A su vuelta a España 10 días después, tampoco nadie tomaba la temperatura en Barajas ni al entrar ni al salir, y solo había dos personas recogiendo módulos que rellenaban los viajeros. ¿En Madrid había más medidas de precaución que en Roma? Uso de mascarillas sí, pero sin embargo estaban abiertos bares y discotecas bajo techo algo que en Italia nunca se ha permitido. El resto parecía un panorama similar.

Entonces, España era ya un foco de contagio en toda Europa y el 13 las autoridades italianas decretaron que los pasajeros provenientes de varios países europeos entre los que estaba España se les haría un test rápido del covid-19 en el mismo aeropuerto. Aunque durante los primeros días fuera un caos, una semana después se había solucionado y ahora funciona regularmente.

Yo y mis síntomas de covid

Esos días, yo regresé con síntomas de fiebre y problemas de estómago. Llamé a la doctora de la Seguridad Social y a través de una ‘app’ se puso en marcha un mecanismo para pedir cita y pasar la prueba de diagnóstico de covid, PCR, el viernes 14. La prueba era un caos. Se hacía con una única doctora en una carpa, en un centro a las afueras de Roma (en la capital, había solo tres) y desde el propio coche. Las colas eran interminables, se colapsó el tráfico en la zona por la afluencia de vehículos y había gente que llegaba a esperar hasta seis horas dentro de un coche a 40 grados. El resultado, sin embargo, llegó esa misma tarde. A nivel privado, hay muchas clínicas que hacen análisis de sangre y entregan los resultados entre 24 y 48 horas después por entre 25 y 50 euros.

Esas semanas, surgen los primeros casos de infección múltiple en Cerdeña. El empresario Flavio Briatore y el ex primer ministro Silvio Berlusconi son los dos más famosos positivos de los contagios producidos en la zona norte de la isla donde han pasado las vacaciones muchos italianos que no han ido al extranjero. Por entonces, surgen voces como la del virólogo Andrea Crisanti, el artífice de la estrategia exitosa de contención del virus en la región del Véneto, que se pregunta por la extraña diferencia de contagios entre España, Francia e Italia. “Somos países con sociedades muy parecidas y hay una enorme diferencia. Me pregunto si en Italia se están haciendo los test en las zonas donde están los actuales grupos de riesgo”.

La duda de Crisanti se refería a si acaso las pruebas no se estaban haciendo en las atestadas zonas juveniles de marcha italianas donde parece que estaban los verdaderos grupos de riego y no en las clínicas de mayores o centros urbanos como se hacía durante la cuarentena. De hecho, en el último mes ha bajado a 38 años la edad media de los contagiados en Italia.

La costa italiana ha estado llena todo el verano y en regiones como Emilia-Romaña, Liguria, Lazio, Campania o Toscana no ha habido oficialmente discotecas bajo techo abiertas durante la noche, pero sí numerosos bares y terrazas donde se juntaban cientos de jóvenes sin la menor protección. En el interior, en zonas rurales de Piamonte o en la ciudad de Parma, sí había un distanciamiento social o un mayor uso de mascarillas, pero en la gran Turín en la calle había un panorama parecido al del resto de Italia. Y entonces, ¿por qué no ha habido contagios en Italia si han pasado un verano parecido al español?

Una cuarentena larga y bien hecha

Algunos virólogos apuntan a lo pasado entre marzo y mayo y no a lo ocurrido entre junio y septiembre como clave diferencial. “Sabemos que el coronavirus se manifestó primero en China y luego en Italia, para luego llegar a España, Francia, Reino Unido… y gradualmente al resto del mundo. Estuvimos entre las primeras naciones en introducir un régimen de bloqueo muy estricto, precisamente porque estuvimos entre las primeras naciones afectadas por la pandemia. Entonces, todos los demás nos siguieron. El encierro, en definitiva, comenzó en distintos momentos, pero se planteó más o menos simultáneamente en todas partes. Una explicación, subrayando nuevamente que estamos en el campo de las hipótesis, podría depender del hecho de que cuando se alivió el bloqueo en toda Europa, las epidemias nacionales se encontraban en diferentes niveles de madurez. En Italia, el virus llegó antes y, en junio, el fuego se había extinguido con mayor eficacia en Italia que en otros países a los que había llegado unas semanas después. En esos países era muy probable que todavía hubiera muchos portadores cuando todo volvió a abrir”, ha explicado el doctor Pierluigi Lopalco, el encargado de marcar la estrategia de contención en Puglia.

Esta es una hipótesis que mantienen también otros virólogos, la de que el incendio se había apagado mejor en Italia que en otras partes donde quedaban rescoldos y pequeños fuegos cuando se volvió a echar gasolina a la hoguera del covid. “El cierre rígido y prolongado nos permitió contener bien la epidemia y controlar la tasa de transmisión en toda Italia”, ha manifestado el biólogo Enrico Bucci.

Italia guardó una larga cuarentena de dos meses, que se siguió intensamente por la población tanto en el afectado norte como en el menos golpeado sur, y que puede que ahora esté dando sus frutos. No se ha vencido al covid en verano, sino en primavera, y ahora se recoge la siembra. Sin embargo, este es un virus que da pequeños respiros y la situación en Italia, pese a la reapertura de escuelas con un potente y casi imposible programa a cumplir de readaptación de los colegios, o la mediática novedad de permitir de nuevo público restringido en los estadios de fútbol, está empeorando de nuevo cada día. “No se debe bajar la guardia, están aumentando los casos”, alertan la casi totalidad de virólogos. Hay que recordar que para cerrar medio planeta ha bastado un supuesto tipo que en China se comió un animal salvaje. En febrero se buscaba por toda Italia un paciente cero, y con unos cientos de casos más, se decidió ya cerrar la que se llamaba zona cero. Hoy 23 de septiembre, en el país, ha habido 1.640 casos confirmados y 20 muertos con nombres y apellidos. Con mucho menos de eso, comenzó esta pesadilla.

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