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Una tropelía histórica de Sánchez exige una respuesta histórica también

ESdiario

La aprobación de los peores Presupuestos de la historia no es, pese a todo, lo más grave. El objetivo ya en marcha es modificar la España democrática conocida por otra sectaria y troceada.

Pedro Sánchez perpetra en estos días su última tropelía política, en la línea de todas las cometidas desde que, en junio de 2018, alcanzó la presidencia con los mismos aliados que ahora le van a aprobar los Presupuestos.

No por coherente con esa alianza de dos años, resulta menos escandaloso que en el peor momento de la historia reciente de España se entregue a los partidos que, por distintas razones, menos creen en el Estado de Derecho y la Constitución que, pese a ellos, ha entregado el periodo de prosperidad más prolongado en siglos.

Donde debiera buscar pactos de Estado con otras fuerzas que representan a mayorías, Sánchez agudiza la decisión con un plan que excede en mucho la mera aprobación de unas cuentas públicas por lo demás funestas: aumentar el gasto público, gracias a transferencias efímeras de Europa, mientras se desploman los ingresos y crecen todas las variables definitorias de una quiebra, es simplemente suicida.

Pero con ser eso grave, mucho más lo es aún lo que hay detrás: establecer de manera definitiva una sociedad que, a un precio insoportable, consolide la fórmula para alcanzar siempre 176 diputados, con un PSOE disminuido e irreconocible pero a la cabeza de un bloque conformado por Podemos y todo el separatismo.

Sánchez no solo aprueba los Presupuestos. Consagra una mayoría para años con un objetivo pernicioso: cambiar de arriba a abajo España o acabar con ella

Obviamente, a Sánchez no le sale ni le saldrá gratis esa lamentable manera de alcanzar y conservar el poder. Si sus socios se lo consienten es porque ven en ello la mejor posibilidad para conseguir sus objetivos, resumidos en uno que une a Podemos, ERC  o Bidlu por distintas razones: el primero para avanzar en la refundación de la España constitucional; los segundos simplemente para acabar con ella.

Ese desafío, que incluye el acoso a la Corona, los indultos del procés; el asalto al Poder Judicial, la creación del “Ministerio de la Verdad” o la imposición de una ley educativa sectaria e ideología; pone a prueba la resistencia democrática e España y obliga a todos los descontentos a buscar una réplica eficaz.

Desde luego a los barones del PSOE, a los que observa la historia y se convertirán en cómplices de Sánchez si se limitan a una frugal queja. Y también al centroderecha, que tiene dos años por delante para organizarse y plantar cara electoral a este peligro consolidado: si PP, Cs y VOX no hacen el esfuerzo que sea para entenderse y traducir mejor sus apoyos en escaños; también tendrán responsabilidad en este enorme estropicio.

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