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Internacional

Bruselas logra poner una pica en Pekín con el nuevo acuerdo comercial

Enrique Serbeto

La UE asegura que ayudará a reequilibrar unas relaciones que hasta ahora son muy favorables a China

Después de siete años de conversaciones, este miércoles se anunció formalmente la consecución de un acuerdo integral de inversiones entre la Unión Europea y China. Según los expertos, el texto que todavía deberá ser firmado en los próximos meses, es un paso relativamente modesto en la promoción de la reciprocidad y la igualdad de condiciones que beneficia sobre todo a las empresas europeas con intereses en China, dado que el mercado comunitario ya está relativamente abierto para el gigante asiático. Sin embargo, concluirlo ahora es una victoria simbólica para China porque limita el margen de maniobra para que la UE se involucre en posiciones críticas contra el régimen de Pekín en el futuro.

El acuerdo político se selló durante

 una videoconferencia entre el presidente chino Xi Jinping, los líderes de la UE Ursula von der Leyen y Charles Michel, así como la canciller alemana, Angela Merkel, que ejerce la presidencia rotatoria hasta fin de año, y el presidente francés, Emmanuel Macron, en representación simbólica de los países que tenían alguna reticencia para firmar este acuerdo.

Joe Biden había pedido a la Unión Europea que coordinase este pacto con su nueva Administración

Según la descripción de la Comisión Europea, el pacto recoge «en principio» la idea de que las autoridades chinas se comprometen a ofrecer un «acceso sin precedentes» y «visibilidad» a las empresas europeas mientras intensifica sus esfuerzos para luchar contra asuntos muy delicados en Europa como el trabajo forzoso, o la explotación infantil. También «ayudará a reequilibrar» las relaciones consideradas «asimétricas» entre un mercado único europeo ampliamente abierto a las empresas chinas y un gigante asiático que está herméticamente cerrado a los inversores extranjeros en sectores enteros mientras presiona a sus gigantes nacionales para que se expandan en el exterior. Teóricamente se han buscado mecanismos para contrarrestar el hecho de que la mayoría de las grandes empresas chinas, con las que las europeas tendrán que competir, son de capital público y que están dirigidas por representantes de un gobierno no democrático.

Sin escuchar a EE.UU.

El acuerdo se ha concluido sin escuchar las peticiones de la nueva administración norteamericana de Joe Biden, que había hecho llegar a los responsables europeos mensajes claros en los que les sugería que privilegiasen un enfoque triangular a sus relaciones con China, coordinando primero sus posiciones con las de Washington. Desde Bruselas se responde, sin embargo, que los acuerdos que China ya ha aceptado sellar con Estados Unidos después de las batallas comerciales con Donald Trump van más allá de lo que han logrado los europeos, por lo que la Comisión ha optado por seguir su camino por separado.

Los más críticos afirman que tal como está diseñado en estos momentos, el acuerdo UE-China carece de grandes certezas jurídicas y de mecanismos claros para resolver las disputas, lo que significa que en caso de que se produzca una desavenencia, los europeos estarán solos frente a la potencia asiática y será muy difícil esperar el apoyo de Washington.

Los críticos señalan que no hay mecanismos eficaces para obligar a Pekín a que cumpla sus compromisos

En resumen, con este acuerdo China consolida las garantías de que el mercado europeo permanece abierto para su comercio y obtiene de regalo la autorización para poder entrar en el mercado de venta de electricidad. A cambio, la UE obtiene ventajas en quince sectores de desigual importancia que incluyen finanzas, consultoría, el mercado de las telecomunicaciones e incluso el químico. Pero quedan otros en una situación indefinida, como el sector de la automoción cuya apertura solo concierne a los coches eléctricos. También se han excluido las redes de internet y el comercio electrónico por el temor que inspira la potencia de la tecnología china en este campo.

Tal vez para intentar facilitar las cosas, la víspera de este anuncio Pekín sorprendió a los europeos con una noticia que podría haber tenido un objetivo ejemplarizante. El Banco Central de China ordenó el domingo el desmantelamiento de la compañía Ant que es la filial financiera del gigante de la venta en internet Alibaba y al día siguiente la Justicia abría una investigación sobre las «prácticas monopolísticas» de esta compañía de la que es propietario el multimillonario chino Jack Ma.

Durante la negociación ha habido reticencias por parte de Holanda, Suecia, Polonia y Francia. El anterior presidente de la Comisión, Jean Claude Juncker, ya intentó cerrar este acuerdo en la anterior legislatura pero Pekín no parecía nunca muy interesado. Para Ursula von der Leyen, su sucesora, este anuncio podría tener también un sabor de reivindicación del propio peso de la UE en el mundo, el mismo día en que el Reino Unido formaliza de forma eufórica su ruptura con su antiguo club, lo que significa que no participa de las eventuales ventajas de este pacto y si quisiera tener uno parecido tendrá que ponerse a la cola.

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